16 de agosto de 2015 13:15 PM
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La Siembra Directa se defiende : buscan culparla por las inundaciones

Desde Aapresid debieron salir al cruce de funcionarios políticos que pretendieron endilgarle a la labranza cero la culpa por las inundaciones de azotan Buenos Aires. Amplio consenso, público y privado, sobre su inocencia.

Las inundaciones en Buenos Aires, en plena carrera política a la presidencia nacional y la gobernación de esa provincia, reeditó las viejas embestidas del kirchnerismo contra el sector agropecuario. Esta vez, se intentó presentar a la siembra directa y la producción de soja como los responsables del desastre hídrico que afecta a miles de ciudadanos.

La reacción del arco productivo no se hizo esperar e imediatamente salieron los técnicos a desmentir una catarata de falacias sobre la labranza cero. Como era de esperar fue la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) la entidad que expuso argumentos que sostienen exactamente lo contrario: que la técnica es, en realidad, una manera de disminuir o retardar las escorrentías, además de facilitar la absorción de agua en el suelo.

Argumentos al cruce

Bajo el título “Inundaciones: derribando mitos y aclarando dudas”, la entidad que conduce Beatriz “Pilu” Giraudo planteó algunos interrogantes sobre las razones de la inundación, cómo prevenirla y qué está ocurriendo con el suelo. A modo de “manual”, el trabajo, que se transformó prácticamente en “trend topic” en las redes sociales, brinca conceptos para conocer y re-descubrir los beneficios de la SD.

“Las consecuencias de los excedentes de agua que hoy vivimos vuelven a alertarnos sobre el uso y cuidado del suelo”, puede leerse al comienzo del texto. Luego afirma que es una de las mayores preocupaciones que Aapresid intenta poner en primer plano, al punto que el último Congreso realizado la semana pasada en Rosario “Biosapiens, la Era del Suelo” puso el eje en las buenas prácticas agrícolas como premisa fundamental para una agricultura que preserva los recursos naturales y que puede ayudar a evitar los problemas como los ocasionados por las lluvias en la última semana.

¿Cómo es que la técnica ayuda a prevenir las inundaciones? María Beatriz “Pilu” Giraudo, presidenta de la entidad, explicó que al no remover el suelo y mantenerlo cubierto con residuos de la cosecha anterior mejora las condiciones para amortiguar la caída de la lluvia y “hace que el suelo se convierta en una esponja que absorbe y guarda el agua de lluvia”.

La dirigente advirtió que “la capacidad de cada suelo tiene un límite”. Por tal motivo, es fundamental contar con obras para el manejo de los excedentes de agua que deben ser planificados a nivel de cuenca y construídos desde el lugar más bajo (que recibe agua) hacia el más alto (que vuelca agua).

Retruco

El documento indica que “las decisiones políticas firmes para llevar a cabo las obras antes de que lleguen los desastres. En general son obras interprovinciales”. Por ejemplo, atender a las alteraciones de las cuencas, planificación urbana ante las edificaciones, control de canales, obras de dragado adecuado, etc. “El Ordenamiento Territorial es clave para esta planificación anticipada”, afirma.

“Pilu” Giraudo, también señaló como variable que potencia este problema a las políticas públicas desacertadas de los últimos años que favorecieron al monocultivo sojero en detrimento de otros cultivos. “La soja consume aproximadamente 600 mm de agua en todo su ciclo, por lo tanto, mucho menos de lo que llueve durante todo el año en la mayoría de los lugares que se siembra”.

En ese sentido amplió: “los productores lo venimos advirtiendo desde hace mucho tiempo, por ejemplo, hemos pedido que se destraben las intervenciones que impiden que sembremos trigo, para poder consumir más agua y tener suelos más productivos”.

Y otro factor desencadenante de inundaciones que destacó Giraudo son los ciclos climáticos que se repiten a lo largo de los años, acentuados últimamente por los efectos del cambio climático. “Lamentablemente esta adversidad que presenta la naturaleza se profundiza por la falta de obras hidráulicas apropiadas (realizadas con planificación anticipada y/o haciendo mantenimiento)”.

Según el Ing. David Roggero, directivo y miembro de la Regional Laboulaye de Aapresid, “este sistema permite un mejor y más rápido movimiento del agua y el aire a través de los poros del suelo. Al no mover la tierra, los poros son más grandes y estables que en la agricultura tradicional.”

Por su parte, el Ing. José Luis Tedesco, miembro de la Regional Aapresid Chacabuco explicó que “la aplicación de la Siembra Directa en el tiempo, fomenta la creación de pequeños canales internos en el suelo por acción de insectos, lombrices, raíces y raicillas formando una especie de “túneles” que permiten la absorción, infiltración y almacenaje del agua de lluvia”.

Por lo tanto, una duda que suele aparecer queda aclarada. La siembra directa no es un factor que provoque inundaciones, sino por el contrario contribuye a que esto no suceda.

Los suelos desnudos (sin cobertura) y desmenuzados por el efecto de las labranzas (de la antigua agricultura) son los que se impermeabilizan apenas comienza la lluvia, acumulan agua en superficie y comienzan a escurrir perdiendo agua y suelo.

Buscando soluciones

Roggero aclara que la técnica disminuye la probabilidad de que ocurran, pero no es por sí sola la solución definitiva.

El Ing. Leandro Ventroni, del sistema Chacras de Aapresid, explica que el problema es Agro-Hidrológico y se deben plantear soluciones integrando medidas que contemplen infraestructura básica (mantenimiento y mejora de caminos, mantenimiento de vías férreas y protección de ciudades y pueblos); infraestructura hidráulica (canales de drenajes primarios y secundarios, sumados a obras de almacenamiento y regulación de excedentes en bajos naturales y lagunas); sumado a medidas de manejo de suelos y cultivos.

Es necesario que el estado provincial posea un Ordenamiento Territorial que permita utilizarlo de NORMA para la producción agropecuaria.

“El desafío está en el dialogo, consenso, sinceramiento y separar las intenciones individuales de las posibles soluciones” concluye Ventroni.

Tedesco, de Aapresid Chacabuco, contextualiza la problemática. El actual modelo productivo con la aplicación de Derechos de Exportación, que comenzó luego de la crisis de 2001 y se profundizó con la aplicación de alícuotas de ese impuesto cada vez más elevadas, hasta llegar a los actuales 35% para la soja, 32% para el girasol, 23 % para el trigo y 20 % para el maíz, sumado a la aplicación de ROE’s (Registro de Operaciones de Exportación) que limitan las exportaciones de trigo y maíz, dejaron como única alternativa viable el cultivo de soja. Así durante la campaña 2014/15 en Argentina este cultivo ocupó más de 20 millones de hectáreas.

“Recordemos que el problema no es la soja, sino que exista su monocultivo; es decir, que se realice año tras año este cultivo de manera prácticamente única”, aclara Tedesco.

Las abundantes precipitaciones que sufrimos en este contexto nos empujan a un “desastre productivo, ambiental y agroecológico” con un doble daño y que en parte se podría evitar. Por un lado, el desaprovechamiento de toda esa agua que podría haberse transformado previamente en producción, y por el otro, el efecto negativo directo de estos desbordes sobre las poblaciones y cultivos, con pérdidas directas irrecuperables.

Lo que el INTA dice

  • Un trabajo del INTA Manfredi, firmado por los agrónomos Javier Pognante, Mario Bragachini, Cristiano Casini y el técnico Mauro Bianco Gaido, avaló el sistema de Siembra Directa y los señaló como uno de los pilares del éxito agropecuario del país.

 

“Uno de las principales limitantes no sólo en la Argentina sino a nivel mundial en la producción de grano y pasturas, es la cantidad de agua disponible para los cultivos.

En la mayoría de los casos este problema no es debido a la falta de precipitaciones sino a problemas en la captación, almacenaje y/o pérdidas por escurrimiento y evaporación de la misma. Esto se debe a que, el manejo tradicional de las tierras produce la rotura de la estructura del suelo logrando cada vez menos captación y almacenamiento de agua, a tal punto que sólo es aprovechado el 50% del agua caída como precipitaciones”.

Argentina, el país de mayor producción de granos per cápita a nivel global, evolucionó de 980 kg per cápita en la década del 70, a 1218kg/habitante/año en la década del 90.

El trabajo también destaca que “las consecuencias de los sistemas productivos bajo labranza que se mantuvieron por décadas, trajeron aparejado la degradación de la integridad biológica y ecológica del sistema suelo”.

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” La soja consume aproximadamente 600 mm de agua en todo su ciclo, por lo tanto, mucho menos de lo que llueve durante todo el año en la mayoría de los lugares que se siembra. Los productores lo venimos advirtiendo desde hace mucho tiempo, por ejemplo, hemos pedido que se destraben las intervenciones que impiden que sembremos trigo, para poder consumir más agua y tener suelos más productivos”

Beatríz “Pilu” Giraudo

Presidente Aapresid

 

 

Santa Fe RESPALDA la técnica, pero advierte sobre el modelo productivo

Desde la Secretaría del Sistema Forestal, Hídrico y Minero que conduce Roberto Tión se elaboró un documento para dar a conocer la posición de la provincia sobre el rol de la Siembra Directa en las inundaciones. Bajo el título “La Siembra Directa NO es responsable de las Inundaciones”, el titular del área y los técnicos Mario Monti y Norma Quinteros señalaron que “permitió que se aplicase con éxito en la modernización de la agricultura de nuestro país”. También indican que “evitó que el deterioro del suelo sea mayor en el cambio de paradigma del modelo productivo”.

Incluso la consideran “parte de una solución” frente “al verdadero problema que es el modelo económico, donde Argentina jugó el rol de ser un país agroexportador de comodities bajo la total y absoluta dependencia de lo que decía el mercado”.

En tal sentido aclaran: “lamentablemente el estado provincial no tuvo ni tiene las herramientas para actuar sobre el mercado ni las políticas nacionales que regulan estos temas”.

En el texto se afirma que “hoy, el sistema productivo agropecuario está en una crisis”, producto de la caída de las cotizaciones, a pesar de que las cosechas siguen siendo récord. “Esto obliga a repensar la viabilidad agrícola de determinadas regiones, la distancia a los puertos y el costo del flete, el valor de la tierra y su alquiler, la presión impositiva, el destino de las tierras que salen de la agricultura, en como volver a capitalizarse en ganadería, etc.”, afirman los autores.

Además e propone “comenzar a elaborar estrategias para evitar o mitigar la próxima crisis”. Por ejemplo reducir la Vulnerabilidad Natural, definida por factores como la posición en el relieve, la existencia o no de una vía de drenaje natural o la permeabilidad de los suelos, con medidas estructurales como son los reservorios, canales o alteos de caminos. O la Vulnerabilidad “construida socialmente”, que sería el modo de apropiación del territorio y qué actividades se desarrollan en él. Para ello, se sugiera “mejorar la practica participativa en las organizaciones comunitarias como son los comités de cuenca, los consorcios de caminos, defensa civil y detectar lo que hay que corregir desde lo público y lo privado”.

“Comenzar a reducir la Vulnerabilidad Territorial conlleva necesariamente una decisión política basada en in conocimiento científico-tecnológico-juridico, que solo tendrá éxito si el conjunto de la sociedad asume que tenemos un territorio y un destino común, que requiere ser protegido con acciones responsables”, concluye el documento.

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