16 de agosto de 2015 13:21 PM
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Fitosanitarios “El precio de la demagogia”

En la legislatura santafesina buscan consensuar los dos proyectos de ley de reforma a la actual norma de fitosanitarios. Sin embargo, los aportes de la ciencia chocan contra el desconocimiento, el miedo y el rédito político.

El prejuicio es la acción y efecto de prejuzgar (es decir, juzgar a las cosas, las personas o las circunstancias sin tener cabal conocimiento o antes del tiempo oportuno). Un prejuicio, por lo tanto, es una opinión previa acerca de algo que se conoce poco o mal.

Esta semana, miembros de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara Baja de Santa Fe realizaron una reunión tendiente a consensuar los dos proyectos de ley que apuntan a modificar la norma provincial Nº 11.273, que regula el uso de productos fitosanitarios (fertilizantes y agroquímicos).

El primero es autoría del diputado José María Tessa (Bloque Nuevo Encuentro), y cuenta con voto de la mayoría de las Comisiones de Agricultura y Medio Ambiente. El proyecto establece duras restricciones en materia de distancias de aplicación y prohibe en todo el territorio provincial a las aplicaciones aéreas.

El segundo pertenece a Inés Bertero (FPCyS), apunta a una producción de alimentos sustentable firmemente controlada por veedores capacitados, y cuenta con el respaldo de entes públicos y privados, que trabajaron aportando datos técnicos para enriquecer el proyecto. Las 4 entidades de la Mesa de Enlace, el INTA, la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, AAPRESID, el Colegio de Ingenieros Agrónomos, la Cámara de Aeroaplicadores, la Cámara de Productores de Arroz, brindaron el aporte de la ciencia.

Sin embargo, en la reunión, los ambientalistas que acompañaron a Tessa dieron por sentadas teorías sobre las afecciones a la salud, acusando a los productores agropecuarios de practicar “un sistema de producción que genera cáncer, abortos espontáneos, malformaciones genéticas, etc.” También buscan prohibir un área de 800 metros sin aplicar productos de síntesis química, y hacer allí agricultura orgánica.

La idea, más cercana al estruendo político que al verdadero cuidado de la salud y de la producción responsable, parece imponerse en la legislatura santafesina, pese a todas las advertencias de quienes realmente entienden en la materia. Bueno sería que quienes la promueven, quizás sin dimensionar semejante desatino, asistan alguna vez a los innumerables eventos de capacitación para demostrar que no son los prejuicios los que impulsan su trabajo. De concretarse, habrá un éxodo productivo a otras provincias.

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