16 de agosto de 2015 11:47 AM
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“No culpes a la lluvia”: las inundaciones en la Provincia reavivaron la grieta dentro del Frente Para la Victoria

Tras las PASO, las internas partidarias entre cristinistas y sciolistas parecen haber resurgido. El gobernador Daniel Scioli y el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se desecontraron a la hora de afrontar la crisis en que dejó el temporal en Buenos Aires

El cambio climático y la corriente del Niño causaron mucho más que estragos en la provincia de Buenos Aires, que afectaron la vida de miles de personas en estos últimos días: desataron la tormenta puertas adentro del Frente para la Victoria, justo cuando parecía que la alianza Scioli-Zannini había zanjeado las diferencias entre el gobernador bonaerense y el cristinismo.

 

 

“¿Trajiste alfajores?”

Pocas veces una declaración de guerra se había hecho con una frase aparentemente tan ingenua. Pero como para muestra basta un botón, una simple oración del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández sirve para dejar en claro que la fisura interna del oficialismo volvió a abrirse, que el enfrentamiento de ambos bandos se torna difícil de disimular y que las consecuencias desde el punto de vista electoral se tornan imprevisibles.

 

No fueron sólo las inundaciones, sino el polémico viaje de Scioli a Italia, justo en el peor momento de la crisis, lo que trajo un “deja vu” de la tragedia de hace dos años en La Plata y profundizó dentro del oficialismo una división que apenas comenzaba a sortearse.

 

En aquel momento, la antipatía de Cristina Kirchner hacia el actual candidato a sucederla en el cargo alcanzó su grado máximo. La Presidenta asumió un rol protagónico en el operativo de asistencia a las víctimas, viajó al lugar de la inundación, exponiéndose personalmente a sufrir, ante las cámaras de TV, las recriminaciones de los vecinos.

 

Encomendó a Andrés “Cuervo” Larroque la tarea de organizar la asistencia junto a los militantes de La Cámpora. Y, sobre todo, dejó bien en claro que si había alguien presente en la emergencia era el Gobierno nacional… y que si había un ausente, ese era Scioli.

 

Fue allí cuando la Presidenta tuvo las declaraciones más irritadas y agresivas que se recuerden en sus ocho años de peleas. “Estoy un poquito cansada, pero no cansada de gobernar, sino de que algunos se hagan los idiotas o me tomen a mi por idiota, porque siembre he actuado de muy buena fe”, había dicho en aquel momento.

 

Menos Scioli, que no se dio por aludido, todo el ámbito político interpretó que Cristina estaba hablando del gobernador.

 

Y lo cierto es que no hubo lugar a dudas, cuando pronunció la frase referida a las diferentes actitudes de cada político ante la tragedia: “No se me ocurrió hacerme la estúpida y mirar para otro lado como hacen otros que siempre se borran y no ponen la cara y dicen que todo es lindo y está bien. Fui y puse la cara donde no tenía que ponerla”.

 

Dos años después, lo ocurrido dentro del Gobierno trae reminiscencias de aquel momento. Esta vez no fue Larroque y los chicos de La Cámpora los que se pusieron al frente por orden de Cristina.

 

Fueron Aníbal Fernández y Eduardo “Wado” De Pedro. Lo cierto es que, si primara el criterio de conocimiento específico sobre actuación en casos de desastre, lo lógico hubiera sido que quien comandara la emergencia fuera el ministro del Interior junto con el de Salud Pública, acaso con un representante militar que coordinara la logística. O tal vez el ministro de Planificación.

 

Pero el jefe de Gabinete, acompañado por el secretario de la Presidencia, no necesariamente constituía la dupla idónea. A no ser, claro, que estuvieran actuando no en su condición de funcionarios sino de candidatos.

 

A fin de cuentas, qué mejor campaña para un postulante a gobernador y para el líder de la lista a diputados, que mostrarse como si ya estuvieran en funciones.

 

Fernández sí dio la cara por el ausente, aunque evitó justificar las razones de su polémica salida del país. “No conocía de su viaje. No hablé con él ni antes ni después. No es mi responsabilidad hacer un juicio de valor al respecto“, se escudó en una conferencia de prensa, que encabezó “vestido de guerra”: sin el traje que usa habitualmente en la Casa Rosada.

 

En ese momento, algunos suspicaces notaron una distancia entre el candidato a gobernador bonaerense y su predecesor. Pero no tuvieron que pasar ni 24 horas para que la fragmentación se hiciera evidente.

 

Daniel Scioli recalculó y aterrizó en Ezeiza el jueves por la mañana. Si bien no demoró sus declaraciones a la prensa, se encargó de que fuera rodeado de su equipo de la gobernación provincial y con el naranja característico de fondo.

 

El ex motonauta enfrentó, estoico, las interrogaciones de los periodistas, pero lejos de la estética celeste y blanca, pura del Frente Para la Victoria, que lo había acompañado en los últimos meses. Ni siquiera se mostró con su compañero de fórmula, el secretario de la presidencia, Carlos Zannini.

 

Un día después, Fernández volvió a chicanearlo delante de la prensa. “Me llamó ayer y me contó lo que le había pasado, estaba bárbaro... entonces le hice el chiste ‘¿trajiste alfajores?’ y esas cosas que se dicen”, reveló el jefe de Gabinete.

 

“Yo no tengo por qué defenderlo a Scioli. Si viajó por un tema físico, tuvo que viajar y punto. ¿Por qué tengo que opinar sobre algo que no sé? Si no habló conmigo”, dijo.

 

De esta forma, el jefe de Gabinete le devolvió la gentileza al Gobernador. Resulta que el funcionario siempre creyó que detrás del informe televisivo que lo vinculó con el narcotráfico una semana antes de las primarias estaba la mano invisible de Daniel Scioli. O por lo menos, un oportuno silencio.

 

Y pese a que, tras las PASO, el vencedor de la interna bonaerense se reunió con sus contrincantes, Julián Domínguez y Fermando Espinoza, para “limar asperezas”, parece que las rispideces dentro del FPV están más latentes que nunca.

 

Así las cosas, se espera que la que abandone el mutismo sea Cristina Kirchner, que tendrá la difícil tarea de referirse a lo que sucedió esta semana en el territorio bonaerense sin dañar publicamente a su aspirante a sucesor y sin defenderlo demasiado, no sea cosa que a ella también le lluevan las críticas.

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