20 de agosto de 2015 10:46 AM
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El agua del grifo, ¿es de calidad?

El agua que sale del grifo sigue un sistema de controles, vigilancia, procesos y análisis que garantizan su potabilidad

El agua del grifo es potable en nuestro país. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “el agua es esencial para la vida y todas las personas deben disponer de un suministro satisfactorio (suficiente, inocuo y accesible)”. Antes de llegar a nuestras casas, el agua sigue un largo camino en el que desempeñan un papel importante los controles, la vigilancia y los análisis que garantizan su potabilidad para minimizar posibles riesgos microbiológicos o químicos. El objetivo es que el agua del grifo cumpla con una calidad sanitaria apta. Este artículo detalla cómo se garantiza su potabilidad y cuáles son los parámetros de calidad para el agua de consumo.

¿Agua embotellada o del grifo? En principio, cualquiera de las dos opciones son perfectamente válidas desde el punto de vista de calidad y seguridad. Las ventajas sanitarias son similares siempre que el agua de distribución siga las normas y aplique las condiciones que establecen las autoridades sanitarias respecto a la estabilidad biológica de la red de distribución. El origen del agua del grifo es diverso, puede proceder de ríos, lagos o acuíferos. Debido a esta diversidad, el agua tiene una composición muy variable y, por tanto, requiere técnicas distintas de tratamiento para que el resultado sea un agua con las máximas garantías de seguridad.

 

Potabilidad garantizada

La Unión Europea fija unos estándares que determinan cuáles son los componentes que pueden estar presentes en el agua. Así, el agua potable no debe contener ningún tipo de microorganismo, parásito o sustancia que pueda suponer un riesgo para la salud humana.

Además, debe cumplir con los requisitos mínimos (parámetros microbiológicos, químicos y los relativos a la radiactividad) establecidos por la Directiva 98/83/CE. Los países desarrollados disponen de buenas infraestructuras de abastecimiento, medios sanitarios y de control que garantizan que el agua del grifo es segura porque se somete a controles regulares y estrictos.

 

En países como España, se cuenta con las plantas potabilizadoras, encargadas de que el agua pase por un proceso de potabilización en el que se eliminan residuos. Las formas y los métodos de hacerlo son variados, aunque el objetivo es el mismo. En un inicio, el proceso empieza por una fase de precloración y floculación, que consiste en eliminar los restos sólidos de gran tamaño, se pasa por un filtro y se añade cloro para eliminar posibles patógenos.

A través de un proceso de decantación, se eliminan las partículas precipitadas en el proceso anterior. Cuando ya se han retirado los sólidos, el agua sigue un camino de filtraciones en el que se eliminan restos de arena o partículas pequeñas y se clarifica el agua tras eliminar la turbidez. El último paso consiste en clorar el agua de nuevo para eliminar los patógenos más resistentes y desinfectar las tuberías por las que pasa el agua.

Esta pasa ya a la red de distribución. En España, el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad es el que establece la normativa nacional, que se basa en la legislación europea, para determinar las concentraciones máximas de las sustancias presentes en el agua. Los siguientes responsables serán los que correspondan a cada comunidad autónoma, cada municipio en concreto y, en última instancia, cada consumidor, que también tiene la responsabilidad de velar por el agua potable que sale del grifo, por ejemplo, manteniendo en buenas condiciones la instalación interior.

 

Parámetros para el agua de consumo

En España, y según información del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, los parámetros que se aplican para el agua de consumo (en su estado original o tras un tratamiento que se usa para beber, cocinar, preparar alimentos, para la higiene u otros usos domésticos) son cuatro:

 

Microbiológicos.

Indican la contaminación biológica de las aguas. Los microorganismos patógenos que afectan la calidad del agua suelen llegar a través de las heces y de otros restos orgánicos. Algunas de las bacterias patógenas más comunes son Aeromonas spp., E. coli, Helycobacter pylori, Pseudomonas, Salmonella typhi, Shigella o Vibrio cholerae.

 

Químicos.

Llegan a través de actividades industriales, agrarias o ganaderas, así como de aguas residuales de origen urbano. Se controlan a través de normas de calidad medioambiental destinadas a evitar el deterioro y contaminación. El mayor problema de estas sustancias es que persisten en el medio ambiente y pueden acumularse en los tejidos animales y vegetales.

 

Indicadores.

La presencia de las sustancias anteriores se relaciona con el tratamiento y el control, o la percepción de las características organolépticas (olor, color, sabor o gusto).

 

Radiactividad.

Esta contaminación se debe a la radiactividad natural del terreno, y es más frecuente en aguas subterráneas.

Fuente:

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