23 de agosto de 2015 00:05 AM
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Cristina cambió y pidió a la militancia perdonar a Scioli

La presidenta teme más por la fuga de votos que por la coherencia de su discurso

Finalmente, tras dos semanas de silencio, enojos internos y de intensa especulación política, la presidenta Cristina Kirchner reapareció para ejercer una decidida defensa de su candidato, Daniel Scioli.

Fue a última hora del jueves, una jornada extraña en la que Cristina Kirchner fue la de siempre, pero al mismo tiempo nunca se había mostrado tan contradictoria.
Quién iba a decirle a la presidenta, hace apenas dos años, cuando la irritación la embargaba tras la trágica inundación de La Plata, que un día terminaría justificando a Daniel Scioli. Que, más que eso, terminaría justificando su inoportuno viaje a Italia y que le pediría a los militantes de La Cámpora que tuvieran la grandeza de perdonarlo por su “equivocación”.

Qué diferente era el sentir de Cristina hace dos años. En aquel momento, su antipatía hacia el gobernador bonaerense alcanzó su grado máximo. Ella asumió un rol protagónico en el operativo de asistencia a las víctimas, viajó al lugar de la inundación, exponiéndose personalmente a sufrir, ante las cámaras de TV, las recriminaciones de los vecinos.
Fue allí cuando tuvo las declaraciones más irritadas y agresivas que se recuerden en sus ocho años de peleas, cuando se declaró “cansada de que algunos se hagan los idiotas o me tomen a mí por idiota”.

Y marcó la diferencia de actitud entre Scioli y ella misma, que había estado en el lugar de la tragedia: “No se me ocurrió hacerme la estúpida y mirar para otro lado como hacen otros que siempre se borran y no ponen la cara y dicen que todo es lindo y está bien. Fui y puse la cara donde no tenía que ponerla”.

Pero dos años después el panorama político ha cambiado y, puesta ante el dilema de contradecirse o de poner en riesgo la suerte electoral del kirchnerismo, Cristina no dudó.
En su cadena número 32, Cristina mostró su faz de conductora política. Tras dos semanas de silencio luego de las trágicas inundaciones de Buenos Aires, reapareció munida de argumentos para contestar las críticas.

La sensación que dejó el discurso fue que el mensaje estaba más dirigido a la interna kirchnerista que a la ciudadanía. No se le escuchó una palabra de solidaridad con las familias que perdieron seres queridos ni las que –una vez más  perdieron sus bienes.
En cambio, toda su retórica estuvo puesta al servicio de justificar lo ocurrido.

 

Datos de inversiones

Con un Scioli tenso y serio a su lado, Cristina hizo una larga relación de las obras realizadas en materia hídrica desde 2003 hasta ahora.
La listas incluyó ítems que no estaban directamente relacionados con las obras preventivas de inundaciones –por ejemplo, las plantas potabilizadoras– y fue notorio el intento por abrumar con una catarata de datos.
Hasta mencionó las obras realizadas en La Plata, allí donde hace dos años mostraba toda su indignación.
No conforme con ello, pidió a sus colaboradores que mostraran las fotos de las obras, a modo de que sus palabras pudieran contar con una confirmación que alejaran las sospechas.
Estuvo, claro, la “acusación” al clima, apoyada en un gráfico sobre lluvias promedio y su comparación con la tormenta de hace dos semanas. Y, naturalmente, no hubo explicaciones respecto de por qué la provincia se inunda regularmente todos los años aún cuando no aparezca la maligna corriente del Niño.

En definitiva, lo que traslució fue, más que el pesar por lo ocurrido, la necesidad de “bajar línea” a la militancia. La presidenta nutrió con datos numéricos a sus defensores, tales como los $ 26.000 millones –unos US$ 2.800 millones al tipo de cambio oficial– que invirtió la empresa de aguas Aysa o las dos millones de hectáreas recuperadas para el sector agrícola en la provincia.

Pero, sobre todo, el argumento más fuerte fue la crítica a los opositores y su “obscenidad de disfrazarse de día de lluvia e ir al barro a juntarse con los pobres”.

 

Para la “tropa” propia

Tanto en su alocución oficial como en los discursos que dio a los jóvenes de La Cámpora en los patios de la Casa Rosada, Cristina dejó traslucir un temor. Como nunca antes, se la vio insegura sobre la victoria electoral del Frente Para la Victoria.
En consecuencia, su continua apelación fue al mantenimiento de la unidad del “espacio popular” y a evitar que los enojos por el viaje de Scioli en plena inundación pudiera implicar una fuga de votos por izquierda.

Más que a ponderar a Scioli, Cristina se dedicó a advertir sobre las consecuencias que podría traer un país gobernado por “los cachivaches” de la oposición.
Y no ahorró calificativos. En una actitud que no se le veía desde que hace un año denunció una conspiración golpista tras una suba del dólar blue, la presidenta calificó a Mauricio Macri como miembro de un sector que tumbó el gobierno de Raúl Alfonsín.

Y, en una comparación de alto riesgo, puso las críticas hacia su gobierno en la misma categoría que a los movimientos de protesta contra los gobiernos de Nicolás Maduro en Venezuela y de Dilma Rousseff en Brasil.
Quedó en evidencia que no será fácil remontar el golpe de las últimas semanas. Tras dos horas de discurso, debió salir otra vez en defensa de Scioli cuando los jóvenes que estaban en uno de los patios gritaron algo alusivo al viaje del gobernador a Italia.

Allí, la presidenta tuvo una mezcla de protección y de advertencia hacia su candidato. Por un lado, pidió clemencia a sus militantes: “Cualquiera se puede equivocar. Lo importante no es que se fue sino que volvió”, dijo.

Pero, además, advirtió que aquellos que tenían dudas sobre si Scioli mantendría las banderas del proyecto, deberían quedarse tranquilos porque “nadie sería tan necio de quedar en la historia como un traidor”.

Igual, por las dudas de que el propio Scioli no estuviera tan convencido, antes se había asegurado de que la participación del Estado en los directorios de empresas privadas quedara blindada por ley

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