23 de agosto de 2015 21:39 PM
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La encuesta más temida

Por Nelson Castro : Sondeos de la Casa Rosada estiman que la mitad de los votos de Massa iría a Macri en un ballottage

Los resultados de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) dejaron insatisfecha, intranquila y molesta a la Presidenta. Por eso, el mismo lunes 10 de agosto, el kirchnerismo ordenó la realización de una encuesta con dos preguntas puntuales: la primera: ¿a quién votó en las primarias?; la segunda: ¿a quién votaría en un eventual ballottage entre Daniel Scioli y Mauricio Macri? De las repuestas obtenidas se concluyó que el 50% de los votos del massismo iría a Macri, el 36% a Scioli y el resto permanecía en un estado de indecisión. Considerando pues los 4.525.497 votos que alcanzó Una Nueva Alternativa (UNA) –el espacio que comparten Sergio Massa y José Manuel de la Sota–, el escenario que se proyectó quedó así:

 

 

El Frente para la Victoria –que sumaría el 36% de UNA– pasaría de 8.424.749 a 10.053.927 votos, mientras que Cambiemos –que recibiría el 50% de UNA– pasaría de 6.595.914 votos a 8.858.663. La diferencia sería, entonces, de 1.195.264 sufragios. Si se tiene en cuenta que quedarían por definirse –entre los indecisos de UNA y los que votaron por otros partidos– alrededor de 2.500.000 votos, se estaría, desde un punto de vista estrictamente matemático, ante un final abierto.

 

Por ello es que hay mucha preocupación dentro del sector más peronista del kirchnerismo, en donde se incrementa el disgusto con La Cámpora. Se anotan allí tanto gobernadores como intendentes. Hay, en realidad, un verdadero cruce de enojos que atraviesan al FpV. Hay quienes le reprochan al candidato a vicepresidente, Carlos Zannini, y a Wado De Pedro haber adoptado una postura demasiado sciolista. Ello no es del agrado de la Presidenta ni de su hijo Máximo, que no tuvieron una buena semana con las peripecias del candidato a presidente del oficialismo. En ese marco se explica la aparición de un cartel de campaña del FpV en el que aparecía solamente el nombre de Zannini y faltaba el de Scioli.

 

Los intendentes oficialistas del Gran Buenos Aires tampoco se encuentran atravesando el mejor momento en su relación con el gobernador de la Provincia, sobre todo varios del Conurbano, que están convencidos de que Scioli está más ocupado pensando en cómo enfrentar un eventual ballottage que en ganar en primera vuelta, alternativa que sería fatal para esos verdaderos caciques territoriales.

 

Hablando de Scioli: la difusión de su declaración jurada patrimonial ante la Oficina Anticorrupción no ha hecho más que sembrar dudas. Prima facie, llama la atención el valor de La Ñata –propiedad ubicada a orillas del río Luján en la localidad bonaerense de Benavídez, tiene una superficie de 13.050 metros cuadrados, con amarradero propio, un gimnasio que tiene una superficie de 6.600 metros cuadrados de los cuales hay 2 mil edificados, pileta de natación y un museo de cera–, que es 2.181.101 pesos, lo que para muchos es inferior no sólo a valores de mercado, sino también fiscales.

 

En paralelo, la situación económica se complica. A medida que se acerca el 10 de diciembre la realidad se va abriendo paso en las filas del sciolismo, que debe dar definiciones en pos de conquistar a los sectores independientes de cuyos votos tiene necesidad para alcanzar una victoria en primera vuelta. Así fue como apareció entonces la ministra de Economía de la provincia de Buenos Aires, Silvina Batakis, reconociendo que hoy día no hay existencia en el Banco Central de la cantidad suficiente de dólares que harán falta para levantar el cepo. En el equipo de asesores que trabajan para el candidato del FpV la preocupación por este tema crece: es que todos son conscientes de que sin esa medida y sin una negociación con los holdouts, será imposible atraer el nivel de inversiones que requerirá la Argentina para sanear su economía. Los avatares del dólar les agregan un ruido más a los muchos que ya hay en esta campaña. Con Brasil inmerso en una crisis política que impacta fuertemente en su economía, las expectativas de muchos sectores productivos de nuestro país se han visto sensiblemente reducidas.

 

El 50% de los votos de UNA iría a Cambiemos; el 36%, a Scioli; y el resto, indeciso.

Para peor. Las conductas políticas de Cristina Fernández de Kirchner agregan un elemento de preocupación más para Scioli. El “Aló Presidenta” del jueves último no lo ayudó para nada. Por el contrario, representó una clara exhibición de abuso de poder por parte de la jefa de Estado en el cual ninguneó una vez más al candidato del oficialismo al hablar de su amistad –¿cosa del pasado?– con Maurico Macri. Se asistió allí a una obscena utilización de la cadena nacional de radio y televisión para hacer campaña electoral. Cristina Fernández de Kirchner –cuyo enojo, a pesar de negarlo, se hizo visible a los ojos de todos– no sólo criticó a sus opositores, sino que, en una actitud nunca vista hasta aquí en la retórica oficial usada durante una cadena nacional, los tildó de “malas personas”.

 

Se la vio allí afectada por una llamativa amnesia acerca de las conductas del kirchnerismo en el gobierno. Fue cuando dijo que nunca habían hecho campañas sucias contra sus adversarios. Ese fue un flagrante olvido ya que todos recuerdan la campaña difamatoria contra Enrique Olivera en la campaña electoral de 2005 y contra Francisco De Narváez en la de 2009. Al primero lo acusaron de poseer cuentas no declaradas en un banco de Suiza, y al segundo, de ser parte de una red de narcotraficantes. En uno y otro caso, las denuncias resultaron ser falsas.

 

Si malo fueron estos olvidos, mucho peor fue lo referido a Jorge Ariel Velázquez, el joven jujeño de 22 años que fue asesinado en un hecho confuso cuando regresaba de repartir boletas de Cambia Jujuy el sábado 8 de agosto pasado. La Presidenta tomó por válida una información que le proporcionaron, según la cual Velázquez era afiliado de la Tupac Amaru y no participaba de actos de militancia a favor de la Unión Cívica Radical. Esto fue desmentido por los familiares de la víctima y por los hechos. Ante tamaño error, cabe preguntarse: ¿así es como se informa de la realidad la jefa de Estado? ¿Es con esa calidad de información –mala– sobre la que se basa a la hora de tomar decisiones de gobierno?

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