15 de octubre de 2015 15:41 PM
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¿Calefacción sí o no?

CompartiremailFacebookTwitterLa cunicultura no está precisamente pasando por los mejores momentos económicos de su historia y parece fuera de lugar el recomendar la realización de inversiones, y más cuando a priori sólo se visualizan como un gasto añadido. Esto implica que a menudo entramos en un ciclo vicioso de costes que no se contabilizan por la extrema […]

La cunicultura no está precisamente pasando por los mejores momentos económicos de su historia y parece fuera de lugar el recomendar la realización de inversiones, y más cuando a priori sólo se visualizan como un gasto añadido. Esto implica que a menudo entramos en un ciclo vicioso de costes que no se contabilizan por la extrema necesidad de supervivencia económica pura y dura que sólo permiten ver el día a día, que es sumamente complicado, y no en la perspectiva adecuada a medio plazo.

 

 

La calefacción es uno de los temas recurrentes que siguen viéndose como un coste añadido directo y la decisión de su implantación o no sigue siendo motivo de muchas conversaciones y generalmente aplazamientos en la decisión, ya que cuando se decide que puede ser rentable el factor económico vuelve a aparecer en forma de miedo primero (en diciembre bajarán los precios y yo tendré un coste más) y posteriormente de pragmatismo (ya, por dos meses, me espero al año que viene). Pese a todo, y junto con la alimentación automática y la extracción de estiércol automático, son las inversiones más rentables que se pueden realizar en una instalación.

 

 

La disminución de la temperatura conduce a un aumento de consumo de pienso directo, ya que los animales deben mantener su temperatura corporal a toda costa, desviando la energía del consumo de alimento hacia la generación de calor corporal, que por cierto al tener una protección externa más eficaz que la nuestra (la piel del conejo aísla mucho más que la piel humana) le permite mantener sus sistemas vitales cuando nosotros moriríamos de congelación.

Sin embargo esto no es gratuito, pues el aumento de consumo de pienso puede llegar fácilmente a un 30% superior al consumo medio de los animales para obtener el mismo volumen de carne. Siempre se comenta la coletilla de que si comen más crecen más, y es cierto, pero la conversión de este crecimiento es brutalmente antieconómica, pues el IC aumenta hasta valores cercanos a 4,5 en el periodo de cebo en periodos fríos.

 

 

Del mismo modo este aumento de consumo de pienso (debemos pensar que un aumento del 30% de la conversión representa unos 30 céntimos de euro o más por kilogramo de carne producido) sitúa a los animales en una carga digestiva alta en la que su sistema digestivo tiene que trabajar a marchas forzadas para digerir adecuadamente y aprovechar esta energía. En realidad este aumento de volumen de alimentación repercute en una motilidad más alta, es decir, en un tránsito más rápido del alimento por los intestinos, y una disminución real del aprovechamiento energético de la ingesta, visualizándose en forma de cagarrutas más grandes o incluso aumento de los cecotrofos por su descarte por los gazapos, ya que no hay espacio para su aprovechamiento.

 

 

Si se combina el frío con la humedad entonces tenemos una situación explosiva que desencadena fácilmente episodios infecciosos que afectan al aparato digestivo: diarreas, enteropatías, enterotoxemias, heces pastosas, etc. La consecuencia directa son episodios de mortalidad elevados, que no reaccionan adecuadamente a los tratamientos medicamentosos por el exceso de alimento que ingieren y la disminución de defensas que se genera en un proceso entérico cuando hace frío, donde invariablemente los animales difícilmente se recuperan de forma adecuada.

 

 

En otros frentes, como es el momento de los partos o los primeros días de lactación, también se visualizan problemas debidos a este frío que induce a abandonos, partos en la jaula y disminución de la viabilidad de los gazapos.

 

 

Las necesidades de los animales no son las nuestras, por tanto cuando hablamos de calefacción nunca hay que pensar en las condiciones que nosotros creemos que son las idóneas. 21ºC es totalmente innecesario, aunque no por ello adecuado. En realidad el cebo sólo con disponer de temperaturas mínimas que no disminuyan de 14ºC o incluso de 12ºC ya es suficiente para que el consumo de alimento y de calefacción se mantenga en equilibrio y sea rentable, mientras que en maternidad sería aconsejable subir a 16ºC o 18ºC en el momento del parto.

 

 

Cuidado, estas temperaturas siempre teniendo en cuenta que realizamos una ventilación adecuada, pues si la disminuimos o cerramos la nave para obtenerlas entonces tenemos otro tipo de problemas que incluso pueden llegar a ser más graves.

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