19 de diciembre de 2010 10:59 AM
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De la finca a la góndola, aumentos de hasta 2.500%

La brecha entre lo que le paga al productor y el valor final de frutas y verduras es cada vez más grande. En el agro hablan de crisis y apuntan a los intermediarios.

Los productores agrícolas de Mendoza aseguran estar en grave estado. Según diagnostican, hay bajos precios, producen a pérdida, no hay reinversión, aumentan las hectáreas abandonadas, crece el poder de los monopolios e intermediarios en la cadena de comercialización. Estos son sólo algunos de los argumentos que angustian al sector.
    
Si bien el campo local aporta en la actualidad el 60% de los alimentos frescos, como frutas y verduras que consumen los mendocinos, la pérdida de rendimiento de los productores los deja en un espacio de vulnerabilidad y de pocas posibilidades de lucha ante las condiciones de venta de su propia producción.

“Hemos perdido el poder de negociación total. No tenemos intervención alguna en el precio de la producción. Los productores se ven obligados a rematar sus cultivos porque tienen que mantener la finca o pagar impuestos. Esto es  lamentable”, dijo Fabián Núñez, productor olivícola y dirigente de la Asociación de Productores Agrícolas de Cuyo (Apac).

La baja de utilidades reales es el peor flagelo. En 80 años (1930), pasaron de tener el 50% de la ganancia a que el sobreprecio entre el valor de finca y la góndola se dispare hoy hasta el 2.500%.   

Desde principio del siglo XX, Mendoza reactivó su expansión de cultivos hortícolas, olivícolas y frutícolas a una gran velocidad ocupando por años el liderazgo. Fue la principal productora nacional por décadas de aceitunas y aún mantiene la supremacía en cultivos como el ajo, cereza, guinda, damasco, ciruela, membrillo y nueces.

Es la segunda en duraznos, manzanas y peras. En cuanto a las hortalizas es productora destacada de tomates, cebolla y papa. 

Pero la falta de asociativismo, de integración entre el Estado y los productores, de un plan estratégico agrícola a largo plazo y de alguna institución que los nuclee y ayude a “situar” un precio referencial válido y de mercado, tal como ocurre en la actividad vitivinícola, acecha las posibilidades de crecimiento, mejora, inversión y proyección a futuro de un sector que provee los alimentos básicos que la sociedad demanda cada día.

Lejos de todos, en el campo, los productores agrícolas ya no esperan sólo que sus cultivos crezcan y que el clima sea benigno este año; también buscan algún amparo a sus pérdidas y a la desolación ante las grandes cadenas industriales y comerciales que compran su producción.

La situación de pauperización de los precios que sufren los productores agrícolas salta en una simple comparación que realizó Los Andes Economía de sólo 10 productos básicos del campo.
Las frutas en fresco tales como melón, durazno o damasco se “queman”, como dicen los productores, en $ 0,80, $ 0,60 y $ 0,70 el kilo, respectivamente. Sin embargo en la góndola, los mendocinos la compran en $ 10, $ 6,50 y $ 7, respectivamente.

Mientras, en los mercados cooperativos se pueden encontrar en $ 2,53, $ 1,50 y $ 1,12, por kilo, respectivamente. De esta desventaja de precio, tampoco se salva el productor de uvas en fresco, que también tiene sus precios muy deprimidos.

Entre el productor y las bocas de venta como los hipermercados o supermercados  hay una depreciación de valores que va del 1.000%, tal el caso del durazno pelón, a más del 2.500%, en la cebolla, por ejemplo.

Los supermercados se abastecen de las empacadoras o galpones que “embolsan” para ellos. Pero también éstas son proveídas por comerciales que van a buscar la producción a la puerta de las fincas. Muchos de estos intermediarios trabajan como meros nexos comerciales, sin factura ni declaración de la venta, o sea, en negro.

“Hay mucha competencia desleal”, aclara Silvia López, una productora que tiene 90 hectáreas en Corralitos, por la Ruta 20; “estamos en la ruina y ya nadie nos escucha”, reclama. 

“Algunos intermediarios trabajan en negro y otros, los menos, en blanco. Llegan a la finca y cuando los productores están a punto de rematar la producción, llevan una cuadrilla (grupo de cosechadores) y levantan la producción por monedas”, explica con indignación, al tiempo que agrega: “A los productores no les conviene ni levantar la producción de la finca”.

López detalla que para esta temporada de cebolla, su costo de siembra fue de $ 1,50 por metro cuadrado mientras que la bolsa de 22 kilos la está vendiendo a $ 2. El kilo de cebolla le queda a $ 0,068. Sin embargo el supermercado lo vende a alrededor de $ 2,30. “Estoy rematando la producción”, dijo con bronca.

En definitiva, entre el productor y el consumidor hay tres intermediarios: el comercial que va a la finca, el empacador y el supermercado.

A esto se suma, describe otro agricultor, “la producción en negro”, a lo que llaman el trabajo infantil, que “hay y es mucho”, de inmigrantes (caso de la colectividad boliviana) y de cosechadores locales a los que se les paga “miseria o un plato de comida”.

“Nadie los controla. Los intermediarios son cada vez más y no facturan nunca. Pero son los que, con los galpones de empaque, tienen la entrada a los supermercados”, señala en el anonimato un conocido productor hortícola del Este mendocino. Aún así entre los productores y los mercados concentradores esta diferencia puede variar entre un 150% y 400%.

El vocero del Mercado Cooperativo de Godoy Cruz explicó que en estos mercados el precio fluctúa de acuerdo al paso de los días posteriores a la cosecha e incluso  durante la misma jornada de venta. “No es el mismo precio el de las 7 de la mañana que el de las 11”, dijo. “Acá todo tiene que ver con la oferta y la demanda. No lo regula nadie”.

La dilación en los pagos: muchas empresas industriales pagan a 6 meses. Sumada a la inflación y la depresión en los precios, no deja salida a los productores.

Desde el sur mendocino, Raúl López, director de la específica de Agricultura de la Cámara de Comercio de San Rafael, explicó que este año tienen una importante producción de fruta, pero “tenemos fuertes  incrementos en los precios de los agroquímicos, el gas-oil, derechos de agua. Vemos con preocupación a la inflación que no se traslada a los precios de los productos que obtendremos”, señaló.

Continuó: “Debemos hacer frente a los gastos de cosecha, acarreo, que seguro serán superiores a los de años anteriores. No vislumbramos que ocurra lo mismo con los precios de la fruta”, alertó.

El dirigente de Apac explica por su lado que “hay que saltar intermediarios que tienen atados los mercados y están muy viciados”. Según su análisis, el precio de los alimentos mendocinos está en manos de 3 ó 4 grandes firmas de hipermercados y en las concentradoras.

“El Plan Fruta para Todos que lanzó el Gobierno no se implementa adecuadamente con los tiempos de las frutas y las cosechas. Un caso es el damasco. Los valores han hecho que la fruta esté en el piso, que no convenga sacarla de la planta. Otro ejemplo es el durazno pelón. Los precios rondan entre $ 0,70 y $ 1,10, como máximo. Son valores con los que no sacamos para los costos”, detalló Núñez.

Omar Carrasco, un conocido dirigente a nivel nacional de los mercados cooperativos y presidente de Federación Empresarios de Mendoza (Fedemza) declaró que “la situación es desesperante. Están desolados. Desde el Gobierno no buscan una solución en tiempo y forma. Esperan a la cosecha para proponer un salvataje que después no sirve”.

“Otro grave problema -añadió Carrasco- se verá en la producción de fruta de carozo. En las fincas del Este se están perdiendo. Es el caso del durazno. Los que exportan, tienen demoras y anulaciones de compra desde Brasil”, alertó.

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