19 de octubre de 2015 15:32 PM
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Cebada: la madre de la cerveza está enferma

En los últimos años, numerosos productores trigueros del sur bonaerense se volcaron a este cultivo para esquivar la crisis. Pero ahora, por la recesión, los costos dolarizados, los factores climáticos y la proliferación de enfermedades fúngicas, vuelven a estar contra las cuerdas

En las economías regionales no se salva nada ni nadie. La cebada, que principalmente es cultivada al sur de la provincia de Buenos Aires, y que en un 90% se destina a la industria cervecera, también se atraviesa un período crítico que repercute en cantidad, calidad y exportación.

Con el campo paralizado por esa “rueda cuadrada” inventada por los K como es la presión fiscal, al menos la cebadera era un área a la que muchos asomaron porque -al no ser alimento de primera necesidad- no se le aplican ROEs ( Registro de Operaciones de Exportación). Pero la “paisanada” ya no logra estar firme como pensaba. ¿Qué sucedió? Junto a la caída de los precios, a las plantas le cayeron enfermedades fúngicas con lotes con este cereal  amarillentado. Con menor fotosíntesis y menor posibilidad de alimentar a las espigas y a los granos, bajaron los rindes y además se incrementaron los gastos para tratar de solucionar el problema. Los grupos de cebaderos y malteros buscan cautivar al mundo con sus producciones cerveceras. Pero para llegar a eso necesitan maltas de calidad, y para esas maltas necesitan cebadas de calidad… Sin embargo, en las condiciones desfavorables en que hoy está el campo, las enfermedades podrían empeorar si no se toma el toro por las astas.

 

 

Enfermedades

Coronel Dorrego es el distrito más cebadero de nuestros pueblos, donde muchos productores que se dedicaban al trigo se pasaron a esa actividad. En esta campaña bajó la producción trigera de 3400 a 2500 kilos por hectárea. Amaro Merino, integrante de la Sociedad Rural local, contó a Hoy que “hace 3 años dejamos el trigo por la cebada. Pero este año también dejamos porque se pinchó el mercado”. Para contextualizar el drama triguero, en doce partidos del sudoeste bonaerense, se perdieron en esta campaña 175.000 mil hectáreas, paralizando la inversión en esos pueblos (Alsina, Guaminí, Bahía Blanca, Pringles, Suarez, Dorrego, Rosales, Puán, Torquinst, Saavedra, Villarino y Patagones).

En Tres Arroyos (la segunda ciudad cebadera en importancia) el ingeniero agrónomo Fidel Cortese (52) narró a nuestro diario las tres enfermedades: “Por orden de aparición, la escaldadura, la mancha en red, y la ramularia. La que en estos momentos tiene incidencia es mancha en red, y la más peligrosa es la ramularia, sobre todo en los años Niño como éste, con mucha humedad”. Disminuido el rinde y sin calidad industrial, “sobre todo por el tamaño de grano, un requisito clave de la industria”, explicó quien trabajara 22 años en Maltería Quilmes.

Otro experto agropecuario que hizo un alto en sus labores de un vivero forestal, don Mario Fernández, relató a Hoy cómo es que la ramularia ataca. “Cuando la hoja principal florece en la espiga, empieza a llenar el grano, pero si esa hoja es afectada por la enfermedad, al no ser pulverizada, se queda sin hoja y la calidad del grano es menor”.

En temas de inversiones dolarizadas, en muchos casos es el mismo productorquien hace el tratamiento, mientras que otros no quieren pisar el cultivo y contratan la aplicación aérea. Un informe de la Bolsa de Cereales de Bahía Blanca estableció que “en las últimas campañas hubo decepciones por la baja calidad de la mercadería recolectada, asociadas a fertilizantes deficientes y al lavado de nutrientes por exceso de lluvias, dando por resultado el bajo nivel de proteínas en las cebadas”.

 

 

 

No cubre costos

Queda claro que al agricultor no sólo lo desvela la cantidad de cebada. La calidad es clave, ya que las Malterías compran sólo los granos de determinado tamaño (no muy chicos) y con un porcentaje de proteína (ni muy baja ni muy alta), “rangos muy estrechos y exigentes de la industria”, afirman los especialistas.

 

Por tanto, la que es de calidad servirá para comercializarse como cervecera, y la que no reúne la calidad mínima se destina a forrajera para pastoreo: lógico, con valores muy disímiles. “En general los valores han sido mejores que los del trigo, y por eso tiene salida” afirmó a Hoy el asesor de 30 años en el rubro Guillermo Arró (55) de la firma dorreguense Raúl H. Pérez. “El productor de ley está, de sol a sol, aún con pérdida sigue sembrando y trabajando. En el campo, algunos años se gana plata y otros años pierde, pero los años que ganó no le quedó en sus manos y es por eso que hoy en día no se puede hacer frente a la actividad como antes, ya que no cubre  costos de producción”, sentenció.

 

 

 

El Estado se queda con el ¡94,1%!

La Federación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) reveló el índice que mide la participación del Estado en la renta agrícola, que se queda con el 94,1% en forma de impuestos provinciales y nacionales como IVA, Ganancias, derechos de exportaciones y costos de intervención. Ese resultado dio investigación realizada en septiembre pasado.

 

El licenciado en economía David Miazo, coordinador de la investigación, explicó que “con la ponderación que tienen soja, maíz, trigo y girasol en la superficie cultivada, tomamos una hectárea promedio y descubrimos que ‘si una Ha. produce 100 pesos, aproximadamente $55 se van en los costos de producción, comercialización y transporte, y de los $45 que quedan (que es lo que se conoce como la renta agrícola), el 94,1% se lo llevó el Estado en el mes septiembre”. Comparó además que “hace un año era del 81% y hace dos era del 74%, siendo entonces uno de los porcentajes más altos del mundo”.

 

 

 

“Menor cantidad de hectáreas y menor rendimiento”

Por Gabriel Foco (Lic. en Economía. Miembro de la Dirección de Estudios Económicos de la Bolsa de Cereales y Productos de Bahía Blanca)
Especial para Hoy

En la cebada se produjo una caída del orden del 15% respecto a la campaña anterior, de 375 mil hectáreas pasamos a 320 mil, estadística que comprende doce partidos bonaerenses del sudoeste. Lo que pasó fue que obviamente hubo una caída en el precio y a su vez un aumento del costo de implantación. En el último de los aspectos citados, no es solo por tema de inflación, sino que se incrementaron los gastos para el control de enfermedades ya que la gran cantidad de precipitaciones (por encima de la media) obligó al uso de fungicidas.

 

En cuanto a rendimientos (productividad por hectárea) también tuvo una caída. Lo destacado fueron las condiciones climáticas, exceso de agua, haciendo que cayeran un 14 %, de 3.150 kilos x hectáreas en la campaña 13-14 a 2.700 kilos en la actual. Dos factores que influirán la producción, menor cantidad de hectáreas y menor rendimiento hizo que cayera de 1.175.000 en la campaña 13-14 a 854.000.

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