20 de octubre de 2015 14:55 PM
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Azúcar: el transgénico que fue excluido de la cadena nacional

CompartiremailFacebookTwitterNo eran 2 sino 3 los transgénicos de desarrollo nacional aprobados por el gobierno. El 6 de octubre, en cadena nacional desde Tecnópolis, Cristina Kirchner anunció primero una soja tolerante a sequía y luego una papa resistente a virus. Pero el tercer cultivo modificado genéticamente por científicos argentinos quedó en la gatera: a último momento […]

No eran 2 sino 3 los transgénicos de desarrollo nacional aprobados por el gobierno. El 6 de octubre, en cadena nacional desde Tecnópolis, Cristina Kirchner anunció primero una soja tolerante a sequía y luego una papa resistente a virus. Pero el tercer cultivo modificado genéticamente por científicos argentinos quedó en la gatera: a último momento fue borrado del discurso presidencial. Se trata de una caña de azúcar resistente al glifosato que ahora quedó envuelta en una intensa polémica.
Cosecha mecánica. La caña de azúcar ya no se levanta manualmente.

Al día siguiente, la Resolución que autorizaba la caña “Tuc 87-3 RG”, desarrollada en la prestigiosa Estación Experimental Obispo Colombres, tampoco fue validada en el Boletín Oficial, pese a que ya había sido firmada por los más altos funcionarios del Ministerio de Agricultura. “A último momento llegó la orden de desprotocolizarla”, dijo una fuente a Clarín. El sistema de aprobación de transgénicos del cual tanto se jacta la Argentina quedó al borde del ridículo.

¿Qué sucedió? ¿Por qué desapareció la primera caña transgénica argentina del discurso de Cristina y también del Boletín Oficial? Por lo que pudo averiguar este diario, hubo un llamado de último momento del titular del Centro de la Industria Azucarera, Fernando Nebbia, al ministro Carlos Casamiquela, que luego se ocupó de convencer a Cristina de que se revea la decisión original.

 

¿Qué fue lo que dijo el empresario? Simplemente apuntó que una inmensa mayoría del sector azucarero no estaba de acuerdo con la aprobación tan precipitada de esa variedad OGM. Esa noche en Tecnópolis participaba del acto el empresario tucumano Jorge Rocchia Ferro, de la compañía Los Balcanes y Bioenergética La Florida. De buena relación con el gobierno, era el más entusiasta defensor de la tecnología desarrollada por sus comprovincianos. “Este no es un tema de nuestro grupo sino de todo Tucumán. Esta variedad transgénica es una innovación que llevó más de seis años de trabajo y no entendemos por qué no se publica, si la Presidenta se comprometió a hacerlo y está firmada”, le dijo ayer a Clarín el empresario.

La polémica está planteada y sus protagonistas muy bien identificados. Ningún sector pone en tela de juicio los beneficios potenciales de esa caña modificada -que al resistir al herbicida glifosato provocaría una reducción importante de los costos productivos, como en la soja-, sino que lo que se discute es la oportunidad para utilizarla. Para Rocchia Ferro hay que aprobarla ya. Pero muchos otros ingenios piensan que esa decisión puede traerles más perjuicios que beneficios. Por ahora, se impuso la mayoría.

“Toda política tecnológica que se adopte para potenciar el desarrollo de la caña de azúcar debe basarse en un concienzudo análisis de los impactos que podrían tener en los mercados y contemplar la opinión institucional del sector”, indicó un comunicado del Centro Azucarero, que no le sacó el cuerpo al debate y pidió tener acceso al expediente de aprobación, para verificar cómo se evaluó el impacto del nuevo transgénico en los mercados. No se trata de una cuestión menor. La Argentina estuvo a punto de perder el mercado europeo de maíz en 1998 cuando se descubrió la presencia del gen GA21, que aquí todavía no había sido aprobado. Y en el caso de la soja, siempre se condicionan

 

 

la aprobación de nuevos OGM a su aceptación por parte de China.

En el caso de la caña, las posiciones se dividen de acuerdo a cómo estén parados los actores. El grupo Rocchia Ferro está volcado casi 100% a la producción de bioetanol, y por lo tanto propicia una innovación que le permitiría reducir sus costos. Pero solo 15% de la caña se utiliza para biocombustibles y el resto de los ingenios también elabora azúcar para consumo directo. Por eso pone reparos. “No estamos en contra de la caña transgénica. Pero esta aprobación es muy apresurada y no le conviene a la Argentina, porque podrían provocar que perdamos mercados”, dijo un vocero del sector. Chile fue el primer cliente argentino que avisó: no quiere azúcar transgénica.


Las exportaciones argentinas de azúcar no son significativas: representan menos de 1% del comercio global. Pero el país exporta de 20 a 30% del azúcar que produce y de allí que sea tan importante cuidar ese negocio, especialmente para sacar del medio excedentes de azúcar como los actuales. Brasil, que domina 50% del comercio y produce 30 veces más que la Argentina, también desarrolló una variedad transgénica pero no la aprobó todavía por ese mismo temor. Indonesia, que es importadora, es el único país del mundo que por el momento utiliza una caña OGM.

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