23 de octubre de 2015 15:10 PM
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La polémica por los transgénicos prosigue 20 años después

Hay nichos de mercado para soja no transgénica con la región a la vanguardia en biotecnología

En cada siembra de cultivos de verano Uruguay renueva su apuesta a biotecnologías que han cambiado la forma en que se hace la agricultura en el Mercosur y en EEUU. En vez del arado, el herbicida; en vez del insecticida líquido, el gen que da resistencia a la planta. Pero la apuesta que parece consolidada de este lado del Atlántico sigue cuestionada en Europa.

Buena parte de los miembros de la Unión Europea (UE) decidieron ir a la prohibición de cultivos genéticamente modificados en su territorio. Más allá del impacto mediático, lo cierto es que la siembra de transgénicos era acotada y, en el corto y mediano plazo, no se prevé que puedan dejar de importar granos y subproductos, especialmente soja, genéticamente modificados para la industria animal. Eso aseguraría la demanda para los países productores entre los que está Uruguay con la tecnología transgénica.

En tanto, se abren oportunidades de mediano plazo para la producción de soja no transgénica para la alimentación humana en grandes países europeos, con Alemania a la cabeza. En el corto plazo los costos extra de este tipo de producción no es compensada por los premios de precios que paga el mercado.

En términos de nuevos eventos, Uruguay sigue una política espejo de aprobarlos cuando lo hacen los principales países demandantes. Una preocupación que se ha dado recientemente es la rapidez en ingresar nuevos eventos al mercado superando el ritmo de aprobación en los países consumidores.

Esto es especialmente relevante en China, que ha utilizado este tipo de argumentos cuando quiere imponer algún tipo de restricción al ingreso de granos.

Una cláusula habilitada por la UE en marzo de este año autorizó a los países del bloque a decidir unilateralmente prohibir el cultivo de granos transgénicos en su territorio. Hasta mediados de octubre, 16 países habían anunciado su decisión de utilizar esta cláusula y renunciar a la siembra de este tipo de cultivo.

 

En términos prácticos, la decisión tiene un impacto limitado ya que casi no existían los transgénicos. Lo relevante es la intención de algunos países y grupos de prohibir la importación de alimentos y raciones que tengan componentes transgénicos.

El martes 13 de octubre, el Comité de Medio Ambiente de la UE aprobó por amplia mayoría oponerse a esta posibilidad. Los miembros del comité dijeron que una medida como la propuesta sería impracticable y llevaría a la reintroducción de controles fronterizos entre los países que permitieran este tipo de productos y los que los prohibieran. La recomendación del comité será evaluada en las sesiones del Parlamento europeo entre el 26 y el 29 de octubre en Estrasburgo.
En Uruguay, entre operadores privados y técnicos oficiales se considera que los riesgos de cambios en la política europea sobre los transgénicos son acotados, al menos en el corto y mediano plazo. Se señala que estos países no tienen forma de conseguir oferta no transgénica para cubrir la demanda de granos y subproductos para el sector de alimentación animal.

Un consultor español que participó de un taller organizado por el MGAP, INIA y la FAO sobre coexistencia entre diferentes sistemas de producción expuso comentarios similares sobre la demanda europea.

 
Así lo comentaron a El Observador Agropecuario técnicos y especialistas que asistieron al encuentro. Emilio Rodríguez Cerezo –integrante del Centro Común de Investigación de la UE– dio a entender que no se prevén cambios sustanciales en la política de importación de granos y subproductos transgénicos en el bloque común. Incluso –en base a relevamientos en supermercados y cadenas minoristas– relativizó sobre un cambio radical de los consumidores sobre los alimentos que contengan transgénicos.

Las posibles oportunidades de demanda europea por soja no transgénica en Uruguay han estado en análisis en los últimos meses. A mediados de agosto, el ministro de Agricultura alemán, Christian Schmidt, visitó Uruguay y transmitió el interés de ese país por importar soja no transgénica.

El planteo fue recibido por integrantes de la Mesa Tecnológica de Oleaginosas. Desde ese ámbito se dijo a El Observador Agropecuario que la propuesta es interesante pero que plantea sobrecostos que no serían compensados por el premio que se paga por la soja no transgénica.

En el taller del 7 y 8 de octubre, la Oficina de Programación y Política Agropecuaria (Opypa) realizó una presentación sobre las capacidades para la producción de soja no transgénica en Uruguay.

 

El trabajo remarcó que Uruguay tiene un marco regulatorio “adecuado” y con una interacción público-privada que “garantiza la coexistencia” de los dos segmentos comerciales (soja transgénica y no transgénica). A su vez se remarcó que ya en Uruguay se exporta semilla de soja no genéticamente modificada contraestación bajo protocolos específicos de seguridad. El propio Instituto Nacional de Semillas (Inase) analizó los requerimientos de certificación concluyendo que ya están las condiciones dadas para hacerlo.

En términos comerciales, el estudio de Opypa analizó la demanda por este tipo de soja y las condiciones necesarias para iniciar una operativa productiva en Uruguay.

A nivel de mercado, la perspectiva de demanda por soja no transgénica es “estable”, con excepción de Austria y Alemania donde viene creciendo al 10% anual. Alemania se abastece principalmente de producción brasileña, canadiense e india, con una oferta del bloque que se siembra sobre el río Danubio.

Opypa estimó en unos US$ 95 por tonelada los costos adicionales en Uruguay de la producción de soja no transgénica por disposiciones especiales en almacenaje, de fletes internos, certificación y el envío por contenedor, entre otros.

El negocio sería atractivo a partir de un premio de entre US$ 130-US$ 150 por tonelada, respecto a la soja en Chicago. Según los operadores consultados por El Observador Agropecuario en los últimos meses, el premio de la soja no transgénica sobre la transgénica es del orden de 10%.
Asimismo, se requeriría cierto volumen y continuidad para armar la operativa. También debería haber certezas en el estándar del producto exigido para evitar diferencias en cuanto a los límites de tolerancia de soja transgénica dentro del total, los métodos de análisis y el protocolo de certificación.

Transgénicos

 

La región innova en biotecnología

El gobierno argentino aprobó a comienzos de mes la soja tolerante a la sequía –el primer evento de su tipo a nivel mundial– e informó que el gen HB4 pasó las regulaciones del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y de la Comisión Nacional de Biotecnología (Conabia), por lo que ya puede ser comercializada en el mercado argentino. Resta que los servicios sanitarios de los países que importen la soja le den el visto bueno.

El evento fue desarrollado por un equipo de investigación de la Universidad Nacional del Litoral, ubicada en Santa Fe, y la tecnología fue licenciada a la firma rosarina Bioceres. Según detalla el diario Clarín, con dicho desarrollo la biotecnología argentina se suma a la selecta lista de países que lograron eventos con interés agronómico (Estados Unidos, China, Brasil, Cuba e Indonesia).

 

Por otro lado, a fines de agosto en Brasil se lanzó la primera soja transgénica resistente a herbicidas completamente desarrollada en el país. Se denomina soja Cultivance y derivó del trabajo conjunto llevado a cabo durante dos décadas por la investigadora estatal Embrapa y la multinacional BASF.
Si bien en un futuro productores de todos los estados brasileños podrán acceder a dicha tecnología, por ahora será distribuido en Mato Grosso del Sur, Mato Grosso, San Pablo, Paraná, Rodônia, Minas Gerais, Bahía y Distrito Federal. Asimismo, actualmente 17 países han habilitado la importación de la soja Cultivance, entre los que se destacan China y la Unión Europea.

La ministra de agricultura de Brasil, Katia Abreu, dijo en la presentación de la nueva variedad que “este producto no viene para tomar el lugar de otro, sino para hacer una rotación”, lo cual destacó que es una herramienta importante para que los agricultores puedan obtener la mayor rentabilidad de la manera más sustentable. “Nada mejor que la competencia. Con dos productos la tendencia es que el precio de las semillas caigan”, agregó Abreu.

Transgénicos
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