29 de octubre de 2015 15:47 PM
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Sigue retrocediendo el precio de la tierra

En la Pampa húmeda, la baja alcanza al 25 por ciento desde 2011, cuando se instauró el cepo cambiario, según los brokers. La menor rentabilidad que afecta a los arrendamientos explica parte de ese proceso

Desde 2011, cuando se instauró el cepo cambiario, los precios de la tierra vienen en declinación. En la Pampa húmeda, la caída ronda entre el 20 y el 25% en dicho lapso y aun no se detuvo, advierte el presidente de la Cámara Argentina de Tierras y directivo de Compañía Argentina de Tierras, Cristian Beláustegui.


“Nunca antes hemos presenciado en el país ciclos de suba de precios ininterrumpidos tan largos, desde el 2002 hasta el 2010, y períodos de baja tan prolongados, sin que se encuentre el piso, a partir del 2011”, describe. Las razones de esa caída hay que buscarlas, según el experto, en el aumento de la oferta y las dificultades económicas que sufre el sector agrícola, agobiado por una contracción de la rentabilidad y un descenso en el precio de las commodities.


“La oferta de tierras fue aumentando y es tiempo de barajar y dar de nuevo en materia de precios. El negocio de arrendamiento agrícola está jaqueado por la falta de rentabilidad. Lamentablemente, en lo que queda del año las restricciones de los negocios seguirán complicando las operaciones”, afirma.


En 2011, se necesitaban en promedio 8 metros cuadrados de un departamento usado para comprar una hectárea. Hoy, esa relación está en 5,8 metros, compara el experto. Desde 2003, cuando la hectárea equivalía a 4,1 metros cuadrados de una unidad usada, los precios subieron ininterrumpidamente hasta 2009, cuando se produjo un descenso por la crisis financiera internacional.


Si bien la rentabilidad no tiene una repercusión directa e inmediata sobre el valor de la tierra, su magnitud alienta o desestima a los capitales que quieren invertir. Desde una rentabilidad del 7% por arrendamiento en 2010 en la zona núcleo, se pasó a un 1%en la actualidad, luego de impuestos, agrega.


“La pérdida de valor en esa zona es de 25% en los últimos años a moneda constante. En zonas marginales, se estima que la reducción de valor es del 35% o más en el mismo período. La expansión agrícola está en regresión”, asegura Beláustegui.


“El mercado de tierras en la Argentina es cíclico, muy sensible a los cambios de humor económicos y políticos y está ligado a la renta. Responde rápidamente al precio de las commodities. Básicamente requiere estabilidad y proyección económica de mediano a largo plazo. Es independiente y tiene vida propia. Su valoración es irrepetible por la calidad de sus tierras y su capacidad productiva”, agrega. En este momento, las tasaciones se están haciendo a precios de 2009 y 2010, apunta Beláustegui. “Más que nunca, los términos de precio y valor son diferentes, considerando que en muchas zonas las potencialidades, hoy, no se pagan”, aclara.


Otro tema que perjudicó al sector fue la sanción de la Ley de Tierras en diciembre de 2011, que limitó la tenencia extranjera al 15% de titularidad, con 30% para una misma nacionalidad y 1000 hectáreas de referencia por comprador en la zona núcleo, afirman en el sector rural. La legislación desplazó a la demanda externa del mercado, indican.
Según datos oficiales, contando las extensiones para minería, sólo el 6% de las tierras del país están en manos de extranjeros. “Todavía hay al menos 24 millones de hectáreas que se podrían vender a extranjeros, entre las distintas actividades”, calculan los operadores inmobiliarios de tierras del mercado.


La diferencia de la tierra productiva de otros bienes de resguardo de valor, como la inmobiliaria residencial y comercial, es su renta potencial. Pero presenta como aspectos negativos su poca transparencia en cuanto a registros oficiales de precios de las unidades vendidas. Además, por su extensión en todo el territorio y su heterogeneidad, es difícil de ordenar desde el punto de vista inmobiliario.

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