31 de octubre de 2015 11:17 AM
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La suma de todos los miedos

CompartiremailFacebookTwitterLa sombra se desplazaba ágilmente entre los árboles. El sigilo era absoluto mientras aguantaba la respiración. Los latidos parecían detenerse haciéndose parte del paisaje, tan calmo como la mar antes de la tempestad. Repentinamente desde aquella sombra salió un rayo apenas perceptible, dejando en su trayecto entrever el desplome de la inmensidad de una vida. […]

La sombra se desplazaba ágilmente entre los árboles. El sigilo era absoluto mientras aguantaba la respiración. Los latidos parecían detenerse haciéndose parte del paisaje, tan calmo como la mar antes de la tempestad. Repentinamente desde aquella sombra salió un rayo apenas perceptible, dejando en su trayecto entrever el desplome de la inmensidad de una vida.

 

Horas más tarde la aldea reconocía la labor de los héroes durante el recibimiento. Los niños no salían de su asombro mientras añoraban crecer para ser parte del ritual de cacería. Las mujeres cuidaban el fuego y los hombres alistaban el majestuoso animal para preparar el alimento más valioso de todos; la carne roja.

 

El relato es parte de nuestra historia como humanidad, evolucionando desde pequeños grupos nómades hasta la actualidad. Nuestro metabolismo reconoce esta estrecha relación de antaño entre el hombre y su alimento. La carne roja nos ha brindado desde siempre nutrientes de alto valor y elementos que no encontramos en el resto de la naturaleza. Estudios que recorren el mundo evidencian el rol de las proteínas de origen animal en las etapas tempranas del desarrollo de los niños, así como de su importancia en la conservación de la tonicidad muscular en la vejez, lo que se relaciona directamente con la calidad de vida.

 

En estos días la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud ha dado a conocer los resultados de la última revisión del grado de carcinogenicidad del consumo de carne roja y carne procesada. En una primera instancia la noticia parecía ponerlas en el banquillo de los acusados.

 

Reacciones desde distintas partes del mundo no se hicieron esperar. Por un lado hubo quienes activaron la alarma pública recomendando no consumir carnes rojas y, por otro lado, quienes sostenían que lo que se había difundido estaba lejos de poder tildarse de ciencia seria. Médicos y científicos desfilaron hablando de evidencias, niveles de significancia y de cómo funcionaba la citada Agencia, tratando de explicar el criterio por el cual la carne procesada compartía grupo de clasificación con el tabaco.

 

En esta suerte de maratón mediática hubo coincidencia en que el cáncer es una enfermedad multicausal, donde existe una infinidad de relaciones y efectos que aún no conocemos. Para un simple ciudadano de este mundo que escuchó atentamente las opiniones de los expertos que fueron consultados, podría decirse que todo y nada tiene que ver con el cáncer. La propia Agencia reconoce que la comparación entre grupos de vegetarianos y quienes consumen carne roja es prácticamente imposible dada la dificultad de aislar otros factores asociados al estilo de vida que permiten sacar conclusiones.

 

Recordemos que la producción de carne también ha sido señalada como una de las causantes del cambio climático debido a la emisión de gases de efecto invernadero. Ya no estamos hablando de la salud de cada uno, sino de afectar al planeta y a las generaciones futuras. Sumemos además el cuidado por el respeto de los derechos de los animales, aludiendo a nuestra ética en el modo que nos relacionamos con la naturaleza.

 

Entonces, ¿comer carne es la causa del apocalipsis? Para muchos distraídos, alejados del origen mismo de la humanidad y de la relación del hombre con la naturaleza, podría ser una pregunta válida. ¿Por qué mejor no preguntarnos cómo sería un mundo sin carne?, o más bien, ¿qué hubiese sido de nosotros a lo largo de la evolución en un mundo sin carne?

 

El común denominador de las visiones negativas sobre la carne parecería ser la mirada estrecha y aislada, apartada totalmente del contexto. El consumo de carnes rojas es parte de una dieta equilibrada, con aportes únicos y valiosos, de la misma forma que otros alimentos resultan necesarios para la salud.

 

Asimismo, al considerar el ganado en una relación amplia y dinámica con el ambiente pueden observarse los efectos beneficiosos sobre la biodiversidad, la conservación de los suelos y la captura del dióxido de carbono. En este mismo sentido cuanto mayor la relación del sistema de producción con el ambiente, mayor la integración de las cinco libertades de los animales garantizando su bienestar.

 

La naturaleza es sabia y conoce lo que necesitamos desde hace mucho tiempo. Abordar sus temáticas alejados de una visión amplia nos impide comprender cabalmente sus relaciones y los efectos reales, transformándose lentamente en la suma de todos los miedos.

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