4 de junio de 2011 09:04 AM
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El productor debe subir un escalón en la cadena productiva

El presidente del CPIA sostiene que es necesaria una integración horizontal y vertical del productor primario.

Para comenzar a hablar de la actividad frutícola es necesario dividirla por lo menos en lo que se refiere a la macro y la micro. Ambas son situaciones diferentes y sus soluciones también. La confusión entre ambas no nos permite encontrar una solución integral, ya que la que es para una no tiene por qué traer aparejada la de la otra. En lo que respecta a la primera creo que hay una gran incertidumbre. La situación es complicada y cada vez más compleja, sobre todo si perdura en el tiempo. Sin embargo, existen soluciones de corto y mediano plazos. Claro que las mismas no dependen solamente del sector, sino que también es imprescindible la intervención del gobierno nacional, que además debe seguir gobernando para todos los argentinos de la mejor manera posible. Entre las distintas soluciones de corto plazo se encuentran el tipo de cambio, la inflación y la falta de eficacia gruesa en toda la cadena productiva (esta última es la que nos compete en forma directa). Entre las muchas que corresponderían al mediano plazo se pueden mencionar como fundamental la incorporación de tecnología para mejorar sustancialmente la productividad. La importancia de este último deriva en que es la principal causa de la falta de crecimiento de la actividad, en calidad y cantidad. Como ejemplo de la producción primaria, la actividad productora debería estar generando muchos más cajones exportables por hectárea, así como también mayor cantidad de cajones embalados por hora en el sector empaque con eficiencia, no estar utilizando los frigoríficos como si fueran una heladera familiar; en lo referente a la comercialización, la sobreoferta puntual a un determinado mercado. Y así podría seguir mencionando muchos más ejemplos. Los responsables de esta situación somos todos. Claro que algunos mucho más que otros, dependiendo del tema que se trate y su posición en la cadena productiva. En el caso del tipo de cambio y la inflación resulta claro que el responsable es el gobierno nacional. Aunque se debe tener en cuenta que no nos debemos quedar allí, ya que no sabemos cuál será el tiempo necesario para que dicha política surta sus efectos. Los paliativos los debe buscar el sector, demostrando los beneficios de la cadena de valor, reduciendo los costos, solicitando reducción de impuestos, financiación adecuada, buscando una política más agresiva de comercialización, planteando a los gobiernos políticas que palmariamente beneficien al conjunto de la cadena productiva, etc. Pero también debe existir una fuerte responsabilidad del gobierno provincial que no ha sabido (hasta ahora) determinar la rentabilidad sustentable de la actividad, permitiendo que el mercado traslade dicha rentabilidad (cuando la hay) hacia los primeros eslabones de la cadena. Todo esto ha generado un sector que ya no tiene inversionistas de otras actividades económicas. Es una situación sumamente preocupante. La fruticultura, a mi juicio, debe tener dos pilares fundamentales. La productividad traducida en mayor cantidad y mejor calidad de fruta ubicada eficientemente en los distintos mercados y la distribución de la riqueza que se traduce en más democracia económica e igualdad de oportunidades, mayor transparencia y justicia social. La mejor garantía de distribución de la riqueza en nuestra fruticultura es la presencia del obrero y empleado frutícola. Pero además, como engranaje fundamental, es el productor quien tiene fuerte presencia en nuestras comunidades, dándole vida y movimiento. Es por ello que no debemos pensar en salvar a 1.500 productores como un tema social, sino que debemos revertir el círculo vicioso y volver a los 10.000 productores o más de otras épocas, con gente de otras actividades interesada en invertir. La provincia de Río Negro era un privilegio en el concierto de las provincias hace 30 años o más. El mismo estaba fundado en el alto valor agregado con su correspondiente financiación y la incipiente industrialización. A partir de allí comenzó a decaer en su nivel de actividad general a raíz del deterioro de la rentabilidad, sobre todo en la producción primaria y, por ende, el nivel de vida del productor llegando hasta su desaparición. En los ’80 había casi 10.000 productores primarios y 480 empacadores-exportadores. Hoy no hay más de 2.500 productores y alrededor de 60 empacadores-exportadores con una gran concentración de los mismos. Este proceso se debe a que en este mundo globalizado es fundamental trabajar en economía de escala. Y el productor no quiso, no pudo o no supo agruparse. La dirigencia en estos años ha sido también muy responsable de lo que pasa. Así como también, y fundamentalmente, los gobiernos que dejaron que actúe el mercado sin presencia del Estado para atenuar los desequilibrios que éste generaba. Además la actividad se concentró porque los más débiles de la cadena no tuvieron sustentabilidad en su negocio. Solamente han tenido de los gobiernos subsidios para paliar situaciones coyunturales, sin ninguna coherencia estructural. En lo micro, es importante para lograr la sustentabilidad de toda la actividad comenzar por los eslabones más débiles de la cadena, entre las varias etapas que presenta el proceso productivo frutícola. El productor primario no integrado, es decir, todos los que de una u otra manera no llegan a los canales finales de venta, deben dejar de lado la primera venta, es decir, la entrega que realiza el productor al empacador y/o exportador en bins. Todos los productores deben dar el paso de vender su fruta seleccionada y empacada. Ésta es la razón por la que hablé en las primeras líneas sobre la eficiencia en la obtención de cajones por hectárea. ¿Cómo se logra? Por tres vías. La primera es la integración del productor primario, horizontal y verticalmente, con la imprescindible ayuda del Estado provincial y nacional. Nación ya está haciendo algunas acciones en ese sentido a través de los municipios, aunque hasta ahora aparezcan como incoherentes. La segunda es una política conjunta del gobierno provincial y el sector privado, permitiendo que productores independientes, bajo determinadas condiciones, formen parte de las estructuras de empaque existente con "capacidad ociosa". La tercera es la propia decisión del productor de pedir servicio de empaque y frío y manejar su propia comercialización. Las ventajas en este cambio estructural surgen ya que el productor al empacar su fruta vende un producto semi-perecedero, confiable, con tecnología y normas incorporadas. De esta manera puede manejar su descarte, sus calidades inferiores para el consumo, incorporándose de a poco a la comercialización. Podrá vender su bulto terminado en conjunto con otros productores o grupo de productores recibiendo financiación, tecnología y mejor precio y como corolario dejar de ofrecer un producto totalmente perecedero en un momento crítico de la actividad, que luego la cadena de valor lo usará como variable de ajuste del resto de los costos que intervienen en el sector. Por medio de las alianzas estratégicas que surjan de este nuevo esquema es que el sector exportador avalará esta nueva estructura. No solamente pueden ofrecer tecnología, materiales y financiación para empacar, sino que con toda tranquilidad (sin riesgos adicionales) podrán pagar un precio firme por la fruta que le entrega el productor, venido ahora a empacador de su fruta. Es necesario reconocer que la codiciada sustentabilidad del productor no integrado en muchos casos, y a corto plazo, no será posible debido a su edad cronológica, la necesidad de reconvertir con tecnología de punta, etc.. Por eso hay que trabajar también sobre la diversificación y será imprescindible en este punto la ayuda del gobierno y del Estado en políticas más específicas estratificando a los sectores. A mediano plazo estoy seguro de que se revertirá el proceso y al tener rentabilidad sustentable se acrecentará la cantidad de productores e inversores, garantizando de esta manera, junto con el obrero, la distribución de la riqueza y el crecimiento del PBI provincial y nacional. Nación, en lo macro, debe hacer todo lo necesario para modificar la macroeconomía antes de la próxima temporada y creo que están dispuestos a poner las herramientas necesarias para ir dándoles solución a las distorsiones en lo micro. El gobierno provincial debe también ser protagonista permanente y necesario de estos u otros cambios estructurales y de gestión, aunque el sector le descree porque llevan muchos años en el poder simplemente acompañando las distorsiones, que son cada vez más graves. Tengo esperanzas de que exista una salida. Pero la solución permanente depende de la coordinación de varios actores públicos y privados y en este punto es que fallamos los argentinos. Es imprescindible discutir, acordar y luego implementar qué agricultura queremos para estos valles irrigados, que tienen como principal actividad la fruticultura. *Ingeniero agrónomo. Presidente del Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica de Río Negro

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