8 de junio de 2011 00:12 AM
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Los desafíos de los viveros

CHILE : Son claves para el desarrollo y la competitividad de la fruticultura. Ellos ingresan la innovación en materia de especies y variedades. Una industria que avanza y que se profesionaliza.

Pocos saben de su importancia. Pero si se quiere crecer en superficie, replantar con variedades nuevas, cambiar de especies, o simplemente partir con un huerto, un productor debe recurrir a un vivero. Esos campos que bajo plástico, al aire libre, con tecnologías ultra desarrolladas o con métodos tradicionales están plantados con cientos de miles de árboles o arbustos incipientes que al crecer entregarán la fruta de exportación y de consumo nacional. Por lo mismo, lo que ellos tengan y hagan, es clave para la fruticultura."Son los viveros los que introducen prácticamente toda la innovación varietal y de modelos de huertos que entra al país, por ello son los socios naturales de los productores de fruta", señala Alfonso Traub, especialista de Odepa, en el estudio del rubro que realizó.Por lo mismo, la industria de los viveros ha crecido de la mano con la fruticultura. Y por estos días, cuando esta última está profundamente afectada por la pérdida de competitividad que le significa la caída del dólar y el alza de los costos, en la industria de los viveros también se angustian. Lo que ocurra con las plantaciones frutícolas es determinante para el futuro de los viveristas.La de los viveros es una industria que ha vivido una profunda transformación en los últimos 20 años, profesionalizándose y optimizando la calidad. Sin embargo, este desarrollo se ha dado en forma poco cohesionada, lo que plantea importantes debilidades y diferencias al interior del sector."No somos todavía una industria madura en muchos aspectos", indica Jorge Ovalle, de la Asociación de Viveros de Chile.Hambre de plantasCuando a fines de los 80 en Chile se decidió que había que aprovechar la condición de productor de contraestación para proveer a los países del Hemisferio norte con fruta, en el país había pocas hectáreas y variedades. De acuerdo con los datos recabados por Odepa, en esa época la superficie de frutales era cercana a las 86 mil há y con poco más de 15 especies.Se volvía imperativo plantar más y con nuevos tipos de fruta.Los empresarios viajan a los países que las desarrollan, compran nuevos patrones y los traen al país y contratan a genetistas y fitomejoradores que en esa época estaban principalmente en organismos públicos. Los viveros comienzan a adquirir mayor importancia y a crecer junto con la cantidad de hectáreas plantadas. En la década de los 90 se llega a cerca de 200 mil y aumentando a 25 las especies, entre las que se veían cada vez más diversidad de variedades. Pronto en el país aparecen manzanas, uvas y otras frutas conocidas con nuevos nombres. Pero además, pronto los olivos, las viñas viníferas y nuevas frutas, como el kiwi, avellanos o distintos tipos de berries, comenzaron a proliferar.Llegan extranjerosProducir plantas en Chile se transformó en un buen negocio que atrajo la mirada de viveristas extranjeros. Así, en los últimos 15 años aparecieron inversores de Francia, España y otros países que solos o asociados con chilenos, trajeron su tecnología y genética. Simultáneamente, chilenos viajaron a los centros productores de genética y se transformaron en sus representantes exclusivos en el país. Se produjo así un despegue de algunos, al punto que hay varios viveros que están entre los primeros del mundo en sus áreas.Los más pequeños o los de menos recursos comenzaron a seguir los pasos de los que iban más rápido y la industria comenzó a avanzar, controlada en términos de sanidad fitosanitaria por el SAG."En los últimos años hemos visto un gran avance en cuanto a calidad y seriedad. Creo que al menos el 30% de ellos se destaca por su profesionalismo, calidad y por proteger las variedades protegidas. Trabajan en forma muy seria. Lo positivo es que si bien esto ha estado liderado por algunos, los que están al medio están viendo lo que hacen los más profesionales y suben la vara a todos", sostiene Antonio Walker, presidente de Fedefruta.Pero aún así este es un sector con una tremenda diversidad en tamaños, tipo de trabajo, tecnología y especialización. Además, muy poco cohesionado, lo que dificulta que como industria cuente con un estándar de calidad y homogeneidad de lo que se produce.En los últimos 10 o 15 años el sector ha ido organizándose. Hoy existe la Asociación Gremial de Viveros Frutales (AGVF), donde están 32 de los principales viveros nacionales. De acuerdo a sus números ellos representan al 80% de la producción nacional de plantas, y producirían princialmente variedades protegidas inscritas. Asimismo, está Asociación de Viveros, que tendría del orden de 44 viveros, mayoritariamente medianos y pequeños,  que trabajan principalmente con especies no protegidas. Si bien sus focos son distintos,  en algunas áreas trabajan unidos en las principales falencias del sector.Faltan datosEn ambas coinciden que una de las más graves y profundas es el acceso a información básica y a estadísticas.Prácticamente no existen. Todo es en base a estimaciones.La ley establece que todo aquel que quiera propagar plantas, ya sea para su autoconsumo o como una actividad comercial, se registre en el SAG. La misma norma establece regulaciones de sanidad y calidad de las plantas, además de otros temas fitosanitarios. Es decir, un vivero registrado significa para el comprador la certeza de que se está cumpliendo con ciertos requisitos básicos.La nómina del SAG para 2011 dice que en el país habría 3.156 viveros sin distingos entre frutales, ornamentales, forestales, o de actividades combinadas. Pero esos son los números del SAG. Porque otra cosa son los de Impuestos Internos. Demuestran lo que ocurre los datos de Odepa, de 2007. El censo agropecuario de ese año registró 1.209 viveros, el SII contabilizaba 249; y el SAG 3.529. Y en todos estos números no se contempla a los viveros no registrados.Esto lleva a que sea más difícil fiscalizar la calidad y sanidad de las plantas."Lo que falta es que se fiscalice a todos por igual. Falta determinar cuáles son. Los clandestinos pueden vender excelentes plantas, pero no hay certificación ni varietal, ni sanitaria, y no necesariamente paga impuestos. No puede ofrecer variedades protegidas. El productor no cuenta con un respaldo de que eso es efectivamente lo que está comprando", enfatiza Maritrini Lapuente, gerenta de la Asociación Gremial de Viveros Frutales (AGVF).Al desorden anterior se agrega la falta de estadísticas o la desinformación de qué efectivamente se vende cada año. La norma obliga a declarar la cantidad de plantas producidas, pero no cuánto efectivamente se vendió. El impacto de no contar con esos datos dificulta, por ejemplo, saber cuánto se plantó o renovó cada año a nivel de campo. Es decir, los productores no pueden estimar claramente en cuánto crecerá, ni cuándo, una determinada variedad."Falta estadística viverística nacional. Que publiquen información que diga cuánto se vendió por especie y variedad y con eso podríamos saber cuánto se está plantando al año en Chile. Eso ayuda mucho para hacer una proyección de producción", recalca Walker.Al interior de los gremios lo tienen claro."La principal deficiencia es la información. En Chile ninguna autoridad privada o pública sabe cuántas hectáreas hay de una determinada variedad. A nivel de viveros tampoco hay información de cuántas plantas están vendiéndose. Y entonces nos apuntan y dicen que es culpa nuestra, pero aquí es un país entero que no madura en el acceso a la información", dice Ovalle.Lo mismo ocurre cuando se trata de conseguir cualquier tipo de números que digan cuánto ha crecido en los últimos años este sector, cuánto efectivamente venden en cantidad de plantas o en términos de variedades y especies. Ahí sólo saltan interrogantes que nadie está dispuesto, o tiene la forma, de aclarar. Por ejemplo, se calcula que lo que se plantaría anualmente sería del orden de los cien millones de plantas, de acuerdo a lo que estiman en la AGVF.En la industria plantean que lo que se necesita es que los organismos estatales crucen información. "Lo ideal sería que el SAG trabaje de la mano con el SII con los roles, por ejemplo. Así se podría saber si alguien tiene plantado o vende gala, ¿a quién le compró? Si hay intercambio de información se permitiría transparentar la industria y eso significaría que se puede tener información real", enfatiza Ovalle.En el sector los viveristas que están organizados intentan avanzar. Así, recientemente conformaron una mesa estadística, con Odepa, Ciren, Fedefruta, Asoex, y el SAG para intentar buscar fórmulas que permitan avanzar en transparentar la información."El objetivo es lograr que las distintas entidades trabajen para que lo que exista se pueda ordenar y sea de utilidad para todos", enfatiza Maritrini Lapuente.Vender lo que se ofreceCuando empezó el despegue de la fruticultura, los viveros crecían rápido. Pero en ese entonces la rigurosidad de lo que se vendía era más bien débil y ocurrían problemas con las variedades, la calidad de las plantas y el contagio y contaminación de enfermedades y plagas. Por distintas causas, agricultores se encontraban, después de varios años, que lo que habían comprado como una determinada variedad, al comenzar a producir no era efectivamente.
El impacto no era menor: agricultor planta un huerto pensando en unos 10 años, pero se demora al menos dos o tres en descubrir que lo que plantó como una determinada variedad, resultó otra. Por ello resulta clave, y están dispuestos a pagar, por la máxima garantía de que lo que están comprando.Fue precisamente ese desorden lo que llevó a duras críticas por parte del sector frutícola y a que la industria comenzara a trabajar en forma más estricta. A ello se suma que la tendencia internacional ha sido a ir cerrando puertas a quienes no cumplan con los registros de propiedad intelectual, lo que limita el acceso a ciertas variedades o especies."Hoy en día todos los viveros, independiente de los tamaños, trabajamos con estándares muy superiores en todas las áreas, incluidos temas como la genuidad varietal. Se van a mantener errores, pero se ha mejorado muchísimo, independiente del volumen de la empresa", recalca Ovalle.El principal problema es que todos tengan acceso a los mismos estándares.La industria nacional está constituida por un grupo de empresas en su mayoría las más grandes -asociadas algunas entre ellas, para trabajar en temas de interés común-, y una gran masa de medianas y pequeñas que avanzan a otro ritmo. Y esto ha hecho que se vaya marcando una clara diferenciación, en la que los productores privilegian cada vez más a los que dan confianza en cuanto a calidad, genuidad de las variedades -incluido el pago de las patentes–, homogeneidad en el resultado final y sanidad de las plantas.El principal problema es para los más pequeños y para muchos medianos para quienes acceder a este tipo de herramientas implica costos muy altos.En un intento de hacerlo más transversal se está desarrollando el proyecto "Establecimiento de un registro oficial de referencia varietal para especies frutales y de vides", ejecutado por la Universidad Católica con financiamiento de fondo de mejoramiento del Patrimonio Sanitario del SAG, lo que permitiría que los pequeños puedan acceder a esta información.Buena sanidadEn el caso de la sanidad el avance ha sido más parejo. Esto porque por un lado los mismos viveros se preocupan de cumplir con los estándares, y por otro, porque la labor del SAG es estricta."El SAG es riguroso en el control de lo fitosanitario, en cuanto a nemátodos como  en los suelos donde se planta", dice Walker.En el organismo indican que en los viveros frutales se realizan al menos 2 fiscalizaciones al año.Aquí entran en juego lo que están trabajando fuerte en la Asociación Gremial de Viveros Frutales: la certificación de especie y variedad."La norma en Chile no obliga a que se tiene que vender una planta certificada que garantice la genuidad varietal y sanidad. Por ello esto se hace por especie y no como industria", explica Martrini Lapuente.Ello ha llevado a que en la Asociación Gremial estén organizando un seminario para demostrar cómo la certificación se transforma en una herramienta de competitividad, tanto de los viveristas como de los productores de fruta. Es esto lo que garantizará que cada planta es la que dice ser."Hay que tener claro que no se trata de plantas de laboratorio. Están en el campo. La certificación da cierta certeza de que se cumplieron todos los procesos sanitarios requeridos por la normativa, con lo que se busca minimizar el riesgo de contaminación o propagación de otras enfermedades. Pero en ninguna parte del mundo, con excepción de las plantas in vitro, ciento por ciento libres de todo", insiste la representante de la AGVF.Contar con esta certificación allanaría también la exportación. Con excepción de algunos rubros, como el de las frutillas, la exportación de plantas vivas todavía está en pañales.Trazabilidad, tema claveDado que el producto final de lo que se origina en el vivero son los mercados internacionales, las exigencias de éstos los impactan directamente.Porque cuando ahora un supermercado exige saber de dónde viene una manzana, quiere la historia completa de cómo se originó la planta que le dio origen. Sean huellas de carbono, de agua, manejo de agroquímicos y responsabilidad social.Es decir, la trazabilidad incluye también lo que pasó en el vivero.Pero las condiciones de la fruticultura están afectando esto, pues significa un costo que hoy por hoy los agricultores no pueden pagar.  "Falta subir el valor de la planta para tener trazabilidad con código de barras. Para hacer mejor trazabilidad total, pero significa que hay pagar costos muy altos, y los productores no están dispuestos", sostiene Ovalle. Una de las principales falencias es la falta de información. Se pide que el SAG y SII trabajen unidos para poder tener estadísticas. Otros desafíos Según detectó el estudio de Odepa, entre los desafíos pendientes del rubro están:Fortalecer y posicionar su institucionalidad como referente público y para prevenir el impacto de la actuación informal o irregular.Mayor profesionalización del sector, entregando apoyo y orientación técnica sobre las variedades y especies que venden.Dimensionar los requerimientos de renovación de los huertos que deberán replantarse, arrancarse.Buscar consensos técnicos que permitan la homologación de agroquímicos de uso específico en viveros que pueden no estar registrados en Chile.Lograr el reconocimiento de centros cuarentenarios calificados en el exterior, que permitan el ingreso de material en forma más rápida con fórmulas de financiamiento.La adhesión a la UPOV 91 "Es positiva. Pero en la práctica va a ser un descalabro para todos aquellos que no han cumplido con la propiedad intelectual. Creo que traería algunos dolores de cabeza, pues hay empresas muy grandes con tenencia de variedades poco afortunadas", dice Jorge Ovalle.También es visto como una oportunidad."Incentivará que Chile pueda generar variedades propias. Pero, además, nos mantendrá las puertas abiertas de quienes proveen de nuevo material genético. Ya hoy en día hay variedades que están siendo restringidas, que no están llegando al país pues se considera que la protección a la propiedad intelectual es débil. La adhesión a la UPOV nos permitirá crear confianza en el exterior y contar con los mejores desarrollos del mundo", enfatiza Maritrini Lapuente.

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