4 de abril de 2016 07:44 AM
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Los ganaderos dan una segunda oportunidad a la cabra de Guadarrama, en peligro extinción

ESPAÑA : La gran calidad de su leche está propiciando que se apueste por un queso muy especial

Un grupo de ganaderos está dando una segunda oportunidad a la cabra de Guadarrama, raza autóctona que rescatan de un futuro incierto -de hecho, está en serio peligro de extinción-, gracias a proyectos empresariales que incluyen la venta de la leche y la elaboración de quesos artesanales. Entre ellos, Mario Esteban Correal, veterinario de formación, quien regenta una granja de 300 cabezas de esta raza en Las Navas del Marqués (Ávila) y confía su futuro a una iniciativa emprendedora que le ha valido el premio en la categoría “Joven Sostenible” del III Certamen nacional “Joven Agricultor Innovador” de la organización agraria Asaja. El martes recibió el galardón de manos de la ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en funciones, Isabel García Tejerina, quien alabó ésta y otras iniciativas de jóvenes que apuestan por la transformación y la distribución de su producción para ganar rentabilidad, además de contribuir a la mejora de la biodiversidad.

   “Mi idea empresarial era la de crear un rebaño, conseguir leche de alta calidad y transformarla directamente en una quesería. Hacemos un seguimiento de la leche y testamos genéticamente a machos, hembras y crías para ir mejorando la raza”, ha explicado en una entrevista con Efeagro el joven ganadero, de tan solo 30 años.

    Correal destaca la singularidad del lácteo montañés obtenido, unos 300 litros al día, gracias a que estos rumiantes pastorean todos los días en terrenos que se encuentran a casi 1.300 metros de altitud, con largos inviernos, frío y abundante pluviometría. Eso sí, de noche tienen que recogerlas y encerrarlas, entre otros motivos para protegerlas de los ataques de lobos.

    Entregan para su venta el 50 % de la leche, siempre fresca, artesana y “única” a la cooperativa del Alberche (El Barraco, Ávila) -como hacen otros muchos ganaderos del Valle-, que tiene en la compañía Entrepinares a uno de los principales compradores.

La caída del precio de la lecheha impulsado a crear un queso como valor añadido

    Según ha apuntado, los precios han caído mucho, alrededor del 30% en el último año, arrastrados por la crisis del vacuno de leche, de manera que apenas reciben 63-65 céntimos por euro por litro. Por eso, el empresario ganadero considera de enorme interés la actividad de elaboración del queso para obtener valor añadido y, así, hacer sostenible y más rentable a esta explotación pecuaria.

    “La calidad de nuestra leche es insuperable. La legislación exige que el sector no supere medio millón de bacterias por mililitro de leche cruda, pero en nuestra granja estamos en 30.000 solamente, es decir, más de 10 veces por debajo del umbral permitido”, ha detallado.

    “Pensé que, con esta materia prima, el queso debía llevar mi nombre. Quería obtener también más valor, gracias a que yo mismo produzco, transformo y comercializo sin intermediarios”.

   La marca “Montealijar” adorna la etiqueta del queso, nombre que alude a la zona donde pastan las cabras, junto a una flor de jara -como logotipo-, una especie vegetal característica en esa montaña. “Es una flor que dura solamente un día en cada jara y se puede ver solamente 20 o 25 días al año”, según Correal.

Los quesos van cambiando de sabor y textura a lo largo del año por la alimentación

    Ha señalado que “los fines de semana hacemos catas en la propia quesería para dar a conocer los quesos. También distribuimos en comercios locales y empezamos actualmente a salir a Ávila y Madrid”. Ultiman, además, una página web para la comercialización online de sus alimentos artesanos.

    Según ha recordado, los quesos van cambiando de sabor y textura a lo largo del año, en función de la vegetación que sirve de alimento a los animales: jaras, hongos, enebros, brotes tiernos…

    Preguntado sobre las trabas que ha encontrado en el camino para poder emprender, lamenta que “las administraciones te solicitan 20.000 papeles” -en alusión a los trámites burocráticos y permisos requeridos-, a lo que se suma el retraso en el pago de ayudas públicas al sector, como las de la Política Agraria Común.

 

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