8 de abril de 2016 04:05 AM
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“No quiero ser el próximo Cresta Roja”

José María Poletti dice estar ahogado financieramente y sin posibilidades de acceder a merluza entera para darles labor a sus casi 200 trabajadores. Pide cupo de merluza para frigoríficos.

José María Poletti muestra cartas plastificadas como para que no se gasten de tanto tener que exhibirlas ante las autoridades. También tarjetas personales de funcionarios, como Ricardo Negri y Tomás Gerpe. Cuando las tarjetas se agotan, saca a relucir fotos en las que aparece al lado de personalidades influentes. Hugo Moyano y Mauricio Macri.

El empresario atiende a REVISTA PUERTO en su oficina de Frigorífico Bermejo, donde trabajan bajo convenio 70 obreros. “Podrían ser muchos más, pero no tengo pescado para procesar. Tuve problemas financieros y nadie me vende. Los empresarios venden a dedo y están en su derecho, al fin de cuentas el pescado es de ellos. Baldino, al que le compré y pagué por millones durante años y años, ahora no me da pescado”, dice Poletti, que parece padecer de incontinencia verbal.

El frigorífico solicitó hace un tiempo, en la gestión gubernamental anterior, un crédito del Banco Provincia para recuperar oxígeno. La petición fue por 15 millones de pesos, contra la garantía real de la planta, que vale, según Poletti, 4 millones de dólares, y está en venta, aclara.

“No me lo dieron, está trabado porque debo cargas sociales. Les dije, descuenten lo que se debe y otórguenmelo, pero no hay caso. Estuve con todas las autoridades que te puedas imaginar. Nadie tiene una respuesta. Nadie responde a mi pedido y ya les dije, no quiero ser el próximo Cresta Roja, no quiero sacar la gente a la calle, pero esta situación llegará a un límite”, subraya el industrial.

Cresta Roja es la empresa avícola que quebró el año pasado, cuyos trabajadores mantuvieron durante varios días un corte en Panamericana que incluyó la represión de Gendarmería, en reclamo por salarios caídos.

“Acá hay muchas familias que dependen del frigorífico. Macri asumió y dijo que no habría más empresarios fundidos. En ese camino voy yo y me acompañarán varios: Cafiero & Polio, Loba Pesquera, Surtrade, Lacar Fish, Iglú, Apolo Fish…”, enumera.

Poletti se reunió con Gerpe y Negri a quienes, además de pedirle para que se destrabe el crédito, también les pidió merluza. “Les dije que me den 500 toneladas de cupo por cada 20 trabajadores. Si tienen el pescado los frigoríficos que procesan pescado de río, lo tienen las plantas en la Patagonia. ¿Por qué no me lo dan a mí?”, se pregunta el empresario, que no cree que tomar esa decisión vaya a contramano de la Ley Federal de Pesca.

“Estuve con un empresario de la Patagonia con frigorífico y me dijo que tenía dos buques que pescaban para él. Y que no alcanzó a procesar todo el pescado que tenía. A mí se me caían las babas. ¿Por qué no puede pasar lo mismo acá y que todos tengamos la posibilidad de trabajar?”; Poletti habla y se hace preguntas. Y las contesta. “Gerpe me dijo que no se podía reformar la Ley de Pesca”, aclara.

“Todo el negocio de la pesca es para los barcos. El kilo de merluza entera para el mercado interno está valiendo 18 pesos. Una locura… sacá la cuenta –pide y agarra la calculadora– Un barco de 5 mil cajones, genera una facturación de más de 3 millones de pesos. Que me digan que están en crisis, que no les alcanza. Los que no salen a pescar es porque no tienen más cupo. Ni que hablar los congeladores… tenemos que dejar que todos podamos vivir de la pesca, no solo los dueños de los barcos. Se puso en venta el Toduzo y se vendió en menos de 10 minutos. Yo tengo en venta esta planta y no la quiere nadie”, lamenta.

Frigorífico Bermejo subsiste trabajando para terceros. Congelando filet fresco de merluza o pez ángel y exportando a través de Pequimar, una de las empresas del grupo. “Creo que traen pescado procesado del sur –reconoce Poletti–, porque comprando en Mar del Plata no dan los costos para nada. El de exportación está a 12 el kilo. Le sumas $7,50 del costo de procesamiento y estás muy por arriba de los 2800 dólares que vale la tonelada”.

La empresa desde hace un par de años comercializa pescado en la periferia de Mar del Plata en los días previos a Semana Santa. “Este año cayó en muy mal momento. Fue fin de mes y la gente no tenía plata y estaba apabullada por los altos precios. Arranqué vendiendo a $65 el kilo de filet pero porque era de un stock antiguo. Ahora cuesta $57 producir un kilo para mercado interno. Terminé vendiendo 2 kilos a 100 mangos y ni así lo pude liquidar”, confiesa.

Los trabajadores del frigorífico lavan algunos cajones, ordenan cunas mientras otros deambulan por el playón de maniobras. “Podría trabajar al doble de lo que hago hoy en día. Hubo devaluación, quita de retenciones, pero seguimos sin poder hacer una diferencia. Toda se la llevan los barcos”, insiste antes de la despedida.

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