12 de abril de 2016 03:31 AM
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En el campo quedarán tirados 300 millones de kilos de pera

El productor Edgar Artero disparó contra las empresas que monopolizan la comercialización y empaque de frutas. Aseguró que los argentinos comemos una “fruta de cuarta”. También cargó contra el Senasa y lo acusó de ser “una máquina de mentir” por la situación de la carpocapsa.
Edgar Artero, presidente del consorcio de riego de Cipolletti y productor de peras y manzanas del Alto Valle de Río Negro, indicó como “mala” la situación que atraviesan los productores de peras y manzanas de la región. Una actividad, que emplea para la cosecha 12.000 operarios de otras provincias, y da “más trabajo que toda la industria automotriz”.
 
La gravedad no solamente pasa por un panorama terminal en materia económica y financiera, sino que se profundiza por la situación climática. Las lluvias de este fin de semana “le hace daño a la fruta que todavía está en los árboles” y eso se suma a la que ya se da por perdida.
 
La pera “que está en el piso porque no se ha podido cosechar por los costos rápidamente entrará en proceso de descomposición” aclaró. El productor aseguró en diálogo a “Casado con el Campo” (AM 570) que en el Alto Valle “se calcula que han quedado 300 millones de kilos de pera en el piso”. El equivalente a 7 peras por cada argentino.
 
El desperdicio de tanta fruta se debe a distintos factores: “detalles estéticos, porque son chiquitas, las empresas no las compraban”. Artero aclaró que “para que una pera se exporte tiene que ser perfecta, si fuera una mujer diríamos que debería ser 60, 90, 60” comparó en tono de humor, pero no es el caso.
 
La situación de quebranto que sufren los pequeños productores rionegrinos no es nueva y formó parte de la agenda política de la campaña presidencial 2015. Artero recordó que durante la etapa proselitista del año pasado hubo una compulsa en los pronósticos políticos.
 
La competencia la protagonizó “Macri cuando vino en campaña el año pasado y dijo que no iba a quedar una pera en árbol, y el gobernador [Alberto Weretilneck]que había anunciado que se iba a perder la mitad de la cosecha de pera”, recordó: “Y ganó el gobernador”.
 
En realidad los dos acertaron, no quedó una fruta en el árbol, pero se están pudriendo millones de kilos de alimento en el suelo, por lo que la cosecha también se perdió. 
 
En cuanto a la manzana granny, apuntó Artero, “nos están pagando entre 60 centavos y un peso el kilo”. Mientras tanto, en el mismo Valle en la provincia de Neuquén “un kilo de manzana granny en los impresentables supermercados [se vende a] 44 pesos” el kilo. “¡Y después se enojan cuando en diciembre los vamos a saquear!” exclamó el productor cuando “ellos saquean a la gente todos los días”.
 
Al mismo tiempo aseguró que los productores quieren “entrar con manzana y pera en los comedores escolares y no podemos, es la fruta prohibida”, en vez de fruta les dan “arroz y fideo”. 
“Hace años que estamos diciendo [a la dirigencia política] que estamos en manos de 3 o 4 monopolios que son ladrones”. Remarcó luego que “Nos roban a nosotros porque no nos pagan, y les roban a los que consumen”.
 
Como ejemplo el productor señaló a la empresa Moño Azul que en el contrato que rubricó con la firma no pudo cobrar ni siquiera los gastos de cosecha. “Antes los pequeños productores teníamos el 70% de la tierra del Alto Valle, y ellos [las empresas grandes] el 30%. Ahora está invertida: ellos se quedaron con el 75% y nosotros tenemos el 25%”.
 
Indignado Artero resaltó que los “ladrones” hacen lo que quieren a pesar de que pasen los diferentes gobiernos que podrán ser peores o mejores. Y remató que “las campañas políticas en estas provincias [Río Negro] las bancan las grandes empresas frutícolas, no jodamos”.
 
En materia sanitaria, el productor aseguró que el Alto Valle está “desbordado de carpocapsa” y que la región “quedó en manos de cuatro empresas”, también apuntó contra el Senasa como “una máquina de mentir”. 
 
Recordó que hace una década el organismo sanitario “nos obligó a entregar [la fruta] a los galpones de empaque: no salía una fruta del Alto Valle si no pasaba por una máquina de encerado, lustrado, embalado”. Pero aseguró que “la cera es lo peor que le podés poner a una manzana” de allí concluye que los argentinos comemos “fruta de cuarta”: “Créanme que el mercado interno está abastecido por un monopolio y le da el descarte”, remató.
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