13 de abril de 2016 09:22 AM
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País normal: en Uruguay no existe “retención privada” ni cobro compulsivo de regalías en soja

Contraste con el caso argentino.

En la Argentina una compañía privada comenzó a fiscalizar semillas de soja para cobrar regalías de manera compulsiva. Los representantes del Estado no intervienen. Y muchos empresarios agrícolas temen que terminarán pagando una suerte de “retención privada” a las firmas semilleras.

En Uruguay, en cambio, el cobro de regalías por el uso de desarrollos genéticos y biotecnológicos en semillas no constituye una fuente de conflictos.

En el mercado uruguayo la comercialización de semillas autógamas –tales como soja y trigo– se realiza en el marco de un acuerdo denominado “valor tecnológico” por medio del cual el productor acepta pagar una regalía por el uso de semilla de propia multiplicación.

El monto de las regalías en cultivares de soja RR1 se encuentra en un rango de 0,07 a 0,10 dólar por kilo guardado para sembrar, mientras que en el caso de las variedades que contienen el evento RR2 PRO de Monsanto el mismo oscila de 0,45 a 0,53 dólar por kilogramo (en ambos casos es necesario añadir un 22% en concepto de IVA).

La clave es que en Uruguay el monto abonado por semilla original, multiplicado por 1.5, puede descontarse del Impuesto a la Renta (equivalente a Ganancias en la Argentina).

“Si se suma embolsado, extracción, riesgo de pérdidas en la bolsa, limpieza y flete corto, y se considera que si se compra semilla certificada te descuentan una vez y media el Impuesto a la Renta, entonces no conviene el uso propio”, explica el consultor agrícola uruguayo Nelson Diez.

Es decir: existe una política agropecuaria orientada a desincentivar el uso de semillas de propia multiplicación para fomentar el uso de nuevos cultivares en un marco comercial razonable.

El organismo encargado de auditar el cobro del “valor tecnológico” es la Asociación Civil Uruguaya para la Protección de los Obtentores Vegetales (Urupov), la cual está integrado por las principales compañías semilleras que operan en el mercado oriental.

Al finalizar la cosecha, el productor debe informar los kilogramos guardados de cada variedad para “uso propio”. En caso de no guardar semilla, debe informar el destino que le dará a la misma.

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