29 de abril de 2016 12:29 PM
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Qué hay que saber antes de comprar un pollo

Los frescos, ¿son realmente frescos? ¿Y los congelados tradicionales? Consejos a la hora de elegir

Congelar los alimentos es una manera de ‘alargar’ su vida útil y también, de simplificar muchas veces las comidas cotidianas. Pero, ¿hay diferencia entre el pollo fresco y el pollo congelado?

La mayoría de las personas que consumen este alimento -un clásico en la mesa de los argentinos- optaría por elegirlos ‘frescos’ pensando que se trata de la opción más saludable. Pero ¿y si no fuera tan así?

El pollo tiene grandes beneficios por los cuales debe formar parte de la dieta. Algunos de ellos, son:

-Tiene una importante cantidad de proteínas de alto valor biológico (buena calidad) igual a la carne vacuna.

-Vitaminas: aporta del complejo B, que protegen al sistema nervioso, e intervienen en el metabolismo que provee la energía al cuerpo para su normal funcionamiento.

-Minerales: posee hierro, que interviene en la formación de los glóbulos rojos y el transporte de oxígeno; fósforo, que forma los huesos y potasio, que es esencial para la contracción muscular y el funcionamiento del corazón. También aporta zinc, que mejora el sistema inmunitario, presente especialmente en sus partes más oscuras.

-Es bajo en colesterol, excepto si se lo come con piel

Es por ello que resulta indispensable poder aprovecharlo al máximo. Y aquí nuevamente la pregunta. ¿Frescos o congelados? Los pollos que se compran en los supermercados, carnicerías o pollerías como ‘frescos’ desde el momento en que fueron seleccionados comenzaron a perder propiedades nutricionales esenciales.

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El pollo ‘fresco’ va perdiendo nutrientes por cada día que pasan en la góndola

La ruta del pollo ‘fresco’

¿De la granja a la mesa? Una vez que se selecciona un pollo, es colocado en un camión hasta que finalmente llega a un comercio determinado. Allí, queda alojado en heladeras a la espera de un cliente comprador.

Una vez ‘elegido’, en la mayoría de los casos, no es para el consumo inmediato, es decir que generalmente se congela hasta que llega el día de su cocción. Mientras tanto, el pollo va perdiendo gran parte de todas estas propiedades nutricionales.

¿Y qué pasa con los congelados?

Si bien parecería que es la opción ‘menos saludable’, en los hechos, no sería tan así. Al menos aquellos que se someten a la tecnología S-Freeze, mediante el cual se congelan en un shock de frío, que permite conservar las vitaminas, los nutrientes, y el sabor original del producto.

Es decir, que garantiza que el pollo mantuvo sus cualidades desde que se congeló con un shock de frío en la planta hasta que la persona lo saca de su freezer. Muy diferente a un pollo fresco, congelado que no asegura toda esa trazabilidad.

Esta congelación rápida permite que los cristales de hielo que se forman dentro de los tejidos sean muy pequeños y así, al descongelarlo, evitar el derrame de fluidos y garantizar textura y sabor, a diferencia del congelado tradicional.

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El pollo congelado conserva todas sus vitaminas y nutrientes

Además, este proceso de cambio de temperatura drástico, reduce el desarrollo de microorganismos (se congelan a -32° de golpe y luego pasan a una temperatura de -18°, el promedio de un freezer normal). Y evita el uso de químicos y conservantes.

Es decir, que este proceso los mantiene con sus atributos de orígen, algo que no sucede con el pollo ‘fresco’

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