13 de junio de 2010 11:12 AM
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De profesión, criador de lombrices

En la empresa gallega Ecocelta fabrican abonos y sustratos para jardinería a partir de los residuos orgánicos, y gracias a la ayuda de los gusanos.

Los residuos pueden servir para muchas cosas. Uno de los usos tradicionales de los desechos orgánicos, léase restos de poda o de jardinería, residuos de agricultura, estiércol de animales de explotaciones ganaderas, etcétera, es su transformación en compost, en abono natural para agricultura y jardinería. Una de las formas más adecuadas, desde el punto de vista ambiental, para su producción a gran escala es la lombricultura.
Así trabajan en Ecocelta, empresa gallega que desde 2003 fabrica abonos orgánicos y sustratos para jardinería. Cada año producen «unas 2.500 toneladas de sustrato vegetal de una calidad buenísima; primero, porque el estiércol de lombriz es muy rico en nutrientes, y segundo, porque están clasificados como Clase A, la más difícil de alcanzar y la más ecológica. Están controlados por una certificadora que los analiza y acredita que están libres de 300 elementos tóxicos y de OGM. Si apareciera alguno perderíamos el sello», explica Sergio Quiroga, uno de los dos socios de Ecocelta.
Cada año gestionan 5.000 toneladas de residuos orgánicos del punto limpio de Bayona, «donde se depositan restos de poda de césped o setos. También gestionamos los desechos de restaurantes, algas de playas cercanas, café o restos de explotaciones agrícolas certificadas», detalla.
La lombricultura ha sido desde siempre su método de tratamiento de los residuos. «Las lombrices se alimentan de materia en descomposición, y su estiércol –prosigue– es muy rico en nutrientes. Los restos vegetales le aportan otro plus de calidad, porque es muy fibroso».

Más tiempo, mejor calidad
Su transformación en abono «empieza poniéndolos en un contenedor hermético, en una proporción de un kilo de lombrices por cada medio kilo de material. A los dos meses, cuando se lo han "comido", se las separa del material que han procesado y vuelven a entrar en el ciclo. El humus se almacena unos cinco meses. Cuanto más tiempo esté almacenado, mejor calidad tendrá. Y sigue siendo un proceso natural, porque no empleamos ni aditivos químicos ni turba, que habría que importar, para activarlo», dice.
Para asegurarse la capacidad de procesar los residuos que tratan, tienen «3.000 contenedores de lombrices para reproducción, con un precio nada bajo en el mercado: entre 30 y 50 euros el kilo», asegura Quiroga.
Ecocelta es una empresa pequeña, pero productiva y ambiciosa, de hecho ahora están trabajando «en un proyecto I+D para compostaje anaeróbico y metanización para producir biogás», avanza. Sus clientes son: bodegas, productores de frutas y hortalizas, centros de jardinería y ahora también grandes superficies. En pocos meses abrirán su segunda planta de tratamiento en Lalín. «Lo ideal sería que cada comarca tuviera su planta. Somos muy eficientes porque somos flexibles y tratamos los residuos cercanos, con lo que evitamos desplazarnos a cientos de kilómetros», concluye Quiroga.

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