29 de abril de 2016 14:47 PM
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Según el INTA, los robots ya están muy cerca del campo argentino

En varias de sus experimentales ya se han desarrollado prototipos que realizan diversas tareas rurales. Apuntan a desarrollos que puedan tomar "decisiones agronómicas" en cuestión de segundos.

La agricultura argentina es una de las más tecnificadas en el mundo. La utilización de electrónica, software, geoposicionamiento y mecatrónica está aquí bastante desarrollada, ya que casi 8 millones de hectáreas son sembradas con tecnología de precisión. En este contexto, según un informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), no está lejos el día en que los robots también desembarquen en el sector agropecuario.

“La frontera en materia de desarrollos agrícolas ubica a los robots cada vez más cerca de que puedan sembrar, cosechar y pulverizar; es decir, realizar acciones más complejas. Con información precargada, podrán hacer el seguimiento de un cultivo, anticiparse al ataque de plagas y enfermedades, identificar zonas de malezas, detectar fallas de siembra o fertilización y realizar la tarea para remediar la situación”, señaló el informe publicado por el INTA.

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Al principio, el concepto de agricultura de precisión (AP) en la Argentina se refirió al “manejo de insumos variables por ambientes y de datos extraídos del lote”, recordó Juan Pablo Vélez, especialista del INTA Manfredi, de Córdoba. Este proceso “luego incluyó a los equipos y al control y medición de la eficiencia de las máquinas” Se desarrollaron software con inteligencia precargada para que la máquina tome decisiones sin depender del operario. Esto se logró mediante el uso de un chip y con la ayuda de un sistema de lectura. De allí a la utilización de robots, según los expertos, hay unos pocos pasos.

 

“Por ahora muchos de los procesos para toma de decisiones en el campo se encuentran en fase experimental, mientras se avanza rápidamente en la transferencia de los resultados científicos”, aclaró el organismo tecnológico. De estas investigaciones dependerá cuán rápido sea el desembarco de los robots en el medio rural, se explicó.

 

En tren de anticipos, los investigadores estatales indicaron que “lo más revolucionario para el campo vendrá de la mano de la electrónica, el software, las comunicaciones, la conectividad y la robotización a partir del desarrollo y aplicación de sensores capaces de identificar objetos, plantas, estado de humedad y nutrición del suelo“. Los futuros robots también podrán detectar”variables climáticas como humedad, temperatura, velocidad del viento, lluvia” y tendrán además “capacidad para escanear granos y detectar daño mecánico, impurezas, contenido de aceite y proteína sobre una cosechadora”.

 

Otra tendencias pasan por incorporar”sensores que detectan hormonas que guían cosechadoras para sólo recoger la fruta madura, sensores de insectos en grano almacenados, satélites y nanosatélites de alta resolución espacial y temporal”. Según Vélez,“la máquina podrá, en tiempo real, transformar esos datos en información agronómica útil para modificar su comportamiento en fracciones de segundo a escala de cada metro cuadrado”.

 

En el INTA ya hay trabajos concretos en materia de robótica. Un documento titulado Agrobótica –escrito por Marcelo Bosch, otro investigador– analiza el uso cada vez más cotidiano de esta tecnología en el campo. El experto explicó que la robótica“se desarrolló principalmente al servicio de la automatización de las industrias avanzadas, en especial la automotriz y la aeroespacial, pero en la actualidad ocupa espacios en casi todos los rubros de la actividad económica”.

 

En escalas pequeñas, robots como uno llamado Inau –voz que en mapuche significa “encuentro”–, desarrollado por el equipo de robótica e inteligencia artificial del INTA Anguil (La Pampa), hoy es capaz de desplazarse por el invernadero, diseñar sus actividades, hacer mapas 3D, aplicar fitosanitarios y fertilizar; pero pronto podrá cosechar, cortar y podar, entre otras actividades. Su autonomía le permite eludir obstáculos, transportar insumos y, además, medir humedad, temperatura y radiación.

 

Ricardo Garro, coordinador del laboratorio de robótica –que funciona en el INTA Anguil desde el 2010–, señaló que “uno de los desafíos más grandes con los que nos enfrentamos cuando encaramos este tipo de proyectos, tiene que ver con la accesibilidad y el manejo; es decir, que a un productor no le resulte difícil programarlo para las tareas que necesite”, indicó.

 

A fines de 2015, Garro y su equipo comenzaron las primeras pruebas de otra plataforma multipropósito: R4INTA. “El desafío ahora, es avanzar sobre la visión artificial y, fundamentalmente, la comunicación entre diferentes dispositivos interconectados”, expresó el coordinador. Luego explicó: “Para obtener respuestas más integrales a las problemáticas, tenemos que pensar sistemas complejos donde el robot no sea el centro, sino parte del conjunto”.

 

En otro punto del país, el Instituto de Ingeniería Rural del INTA desde el 2004 cuenta con un laboratorio de electrónica, cuyo principal objetivo es el desarrollo de nuevas tecnologías. Allí nació el robot Trakür – significa “niebla” en Mapuche-, un sistema autónomo, equipado con inteligencia artificial diseñado para cultivos bajo cobertura. “Esta tecnología está destinada a proteger la salud del operario mediante la reducción de su exposición a las aplicaciones de fitosanitarios en espacios confinados.El operario supervisa al robot desde el exterior del invernáculo y no es necesario que ingrese”, explicó Andrés Moltoni, responsable de ese laboratorio

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