10 de enero de 2011 07:51 AM
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En Antequera, el primer lombricultor

Juan Luis Reina regenta una microempresa dedicada al cultivo de lombrices para obtener un tipo de abono ecológico.

Aristóteles decía que las lombrices son los «intestinos de la tierra» y también se las han denominado como «ingenieros del ecosistema». «En efecto, las lombrices están consideradas como uno de los organismos más importantes del suelo, pero ahora además son la mano de obra perfecta para elaborar el que dicen es el mejor abono natural del mundo», así lo explica Juan Luis Reina, cuyo ingenio lo ha convertido el primer lombricultor de la comarca de Antequera.
Este vecino regenta en la ciudad de El Torcal una microempresa que desde el pasado mes de junio cuenta con unos 10.000 trabajadores que no superan el gramo de peso y cuya producción supera al día la mitad de su tamaño.
Con estas cifras la cosa parece rentable, son una de las empresas del futuro basadas en lo que se conoce como lombricultura, una técnica de cultivo utilizada especialmente para el abono del campo en condiciones ecológicas y sin utilizar medios artificiales. «Hace unos años leí en una revista especializada de agricultura la existencia de esta técnica por la cual se cultivan lombrices, ubicadas en una especie de cajón o arca de madera, que tras alimentarse de estiércol de caballo y fruta descompuesta producen una sustancia que enriquece los suelos y que se conoce como humus, de este modo pensé en probar como una afición y si la cosa resulta comercializarlo ya que hay muchas posibilidades de cara al mercado sobre todo el de los sistemas de producción ecológicos», explica el agricultor de lombrices.

Mantenimiento

Además, del alto nivel de producción de estos pequeños bichitos (una lombriz de un gramo produce de humus al día el 60% de su peso) la inversión que suponen este tipo de negocio es mínima.
Su capacidad para sobrevivir en ecosistemas muy variados hace que en esta zona de España sean productivas unos nueve meses al año y tan sólo hay que regarlas cada semana o quince días. «Ahora mismo tengo unas 10.000 lombrices, teniendo en cuenta que unas 1.000 vienen a costar unos 30 euros, la inversión es mínima. Ahora las tengo en un cajón bastante grande, la idea es que se reproduzcan y cada cierto tiempo se trasladen a un espacio con tierra nueva de modo que lo queda es el humus. Además son especies que se adaptan muy bien a los diferentes ecosistemas y tan sólo se muestras más sensibles a los cambios bruscos de temperatura por lo que el clima de esta zona del sur de Andalucía es idóneo para su reproducción y desarrollo que también suele ser muy rápido», detalla Reina.

Comercialización

Las posibilidades de mercado de este tipo de abonos son muchas, especialmente también porque a diferencia de otros abonos el humus de las lombrices es muy agradable. «Su aplicación más importante es de cara a la agricultura ecológica, viveros municipales, jardines, campos de golf… son muchos los especialistas que dicen que se trata de uno de los mejores abonos del mundo y además su olor recuerda al de la tierra húmeda por lo que resulta agradable y tiene la posibilidad de aplicarse en jardines públicos, y si la cosa de comercializar el fertilizante no va bien pues siempre las lombrices son los mejores cebos para la pesca», dice Reina.
Poca inversión, buena productividad y varias posibilidades de venta en el mercado, la cosa promete y aunque ahora mismo es una afición más que un negocio, Juan Luis no descarta en un futuro regentar una granja de lombrices. «Ahora, el dilema es qué digo que soy, ganadero o agricultor», finaliza sonriente

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