31 de marzo de 2010 09:10 AM
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El Malbec está lejos de alcanzar su techo y aún tiene un potencial impresionante

La bodega Ruca Malén, que acaba de cumplir 12 años de existencia, comenzó el año con el pie derecho.

A fines de febrero, la compañía, conducida por Antoine Thibaud y su padre, Jean Pierre Thibaud, cosechó uno de los 18 Trophies entregados en el marco de la cuarta edición del Argentina Wine Awards, gracias a su exitoso Petit Verdot 2008.

En el concurso internacional de vinos de exportación más importante del país también obtuvieron medallas de plata por el Yauquén Malbec 2009 y por el Ruca Malén Malbec 2007. Además, alcanzaron medallas de bronce por el Yauquén Cabernet Sauvignon 2009, Ruca Malén Syrah 2008 y Kinién Cabernet Sauvignon 2007.

En este contexto, este medio dialogó con Antoine Thibaud, CEO de la empresa, para analizar presente y futuro de la bodega y la industria del vino en general.

-¿En qué fase del plan de negocios se encuentra Ruca Malén?
-Nuestra bodega empezó orientada al mercado interno. Esta es una diferencia en relación a muchos otros emprendimientos jóvenes de la Argentina. En 2005 comenzamos a exportar, fuimos creciendo despacito y el año pasado logramos vender el 50% de la producción al exterior. Actualmente, la apuesta fuerte es en el plano exportador. Tenemos excelentes perspectivas en este sentido. De hecho, nuestro objetivo es, de acá a un par de años, estar cerca de una relación 70/30 a favor de las ventas al resto del mundo, pese a que pensamos seguir creciendo en la Argentina. En cuanto a los mercados, EE.UU. hoy representa la mitad de los envíos, seguido por el Reino Unido y luego Brasil. Este último es un destino clave, donde vamos a aumentar fuerte la presencia.

-¿Qué cree que hoy percibe el consumidor de la marca?
-Tratamos de comunicar siempre elegancia, un poco por sus accionistas, un poco por el estilo del producto, dado que usamos muy buena madera para elaborar vinos bien terminados, muy prolijos. Creo que eso es lo que captan los consumidores, la elegancia.

-El caballito de batalla es el Malbec, pero tienen muy diversificada su oferta…
-Absolutamente. El Malbec es nuestra punta de lanza, pero personalmente me gusta más nuestro Cabernet Sauvignon. Nos va muy bien con este varietal. Además, tenemos un Petit Verdot muy exclusivo, del que producimos pocas botellas, que es un “abre puertas” excelente. Es diferente, no abunda y es muy rico. También vale la pena destacar al Merlot, que es una variedad muy difícil de comercializar para las bodegas argentinas, pero con el que logramos una calidad excelente.

-Recientemente, entre los importadores en el exterior se reabrió el debate acerca de la imperiosa necesidad de tener alternativas al Malbec, por si esta cepa pierde su impulso. ¿Qué opina al respecto?
-No veo riesgos. Es verdad que algún día va a apaciguarse el furor, pero creo que el Malbec está lejos de alcanzar su techo y tiene un potencial impresionante. Coincido con que hay que hacer esfuerzos para el día que decaiga. Sin embargo, aún falta para esa etapa.

-En el plano interno, ¿cómo hacen para mantener su market share mientras el nivel de consumo cae?
-Estamos haciendo un gran esfuerzo de marketing, organizando muchas degustaciones, haciendo co-brandings. En la parte de distribución estamos creciendo en la cantidad de vendedores e incrementando la presencia en el interior, un mercado que no habíamos trabajado mucho y en los dos últimos años se está desarrollando bien. Siempre habíamos estado en las áreas turísticas, pero ahora empezamos a crecer fuerte en Santa Fe, Córdoba y Tucumán, entre otras provincias.

-Hoy por hoy, los expertos alertan que cada vez más etiquetas, como no tienen rotación, desaparecerán de las góndolas. ¿Qué desafío presenta este duro contexto actual?
-Va a haber concentración y van a sobrevivir las bodegas que hayan llegado a cierta masa crítica, que les permita solventar el marketing, que es carísimo. Tienen que tener un volumen grande y para eso necesitan crecer y tener mucho capital de trabajo. El problema para una bodega es que el vino que hacen ahora lo venden en el 2012, en el mejor de los casos. Todo eso es plata parada. Entonces, hay que ser muy creativos y ver formas de financiar esto. Hay que ser imaginativo porque a los bancos hoy no se puede recurrir.

-Además, está el flagelo de la suba de costos.
-La inflación es un drama para un país y para el sector vitivinícola porque, con la atomización que hay hoy, es muy difícil subir los precios. En el mercado local, la suba de costos nos está comiendo margen de manera constante y, en el mercado de exportación, es peor, porque el dólar se queda mucho con respecto a la inflación. Además, el consumidor estadounidense no está dispuesto a aceptar subas continuamente. Sin embargo, somos optimistas y apostamos a seguir creciendo.

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