31 de marzo de 2010 15:34 PM
Imprimir

Un “asadito” en la Argentina, ¿es más caro o más barato que en el resto de la región?

Tras la suba de precios de la carne en el mercado local, ¿qué lugar ocupa el "bife" con sello nacional en comparación con el de Chile, Brasil y Uruguay?

La Argentina es un país donde la carne es la “vedette” indiscutida de la dieta cotidiana.  
Hasta el año pasado, cada habitante consumió un promedio de 70 kilos anuales, muy por encima de países donde el “bife” también reina y gobierna, como es el caso de Uruguay, con cerca de 59 kilos por año.

En este contexto, en el que la carne es un alimento altamente “politizado” y el “asadito” del domingo, una costumbre irrenunciable y sagrada para el argentino medio, su valor pasó a ser una cuestión de Estado en los últimos meses.

Con el precio del “bife” por las nubes, hoy pierden todos: los frigoríficos, que actualmente no pueden sacar un solo kilo del país, ya que están cerradas las exportaciones; los consumidores, que ven cómo algunos cortes se van volviendo prohibitivos, y hasta el propio Gobierno, que no recauda por retenciones y ve cómo crece el descontento social.

En este contexto, un dato clave es analizar cuánto cuesta hacer el clásico “asadito” del domingo en la Argentina, en comparación con otros tres países de la región tomados como referencia y diferentes entre sí:    Brasil: el mayor exportador mundial de carne. Uruguay: señalado como ejemplo en materia ganadera. Chile: país que tiene producción pero también importa.  Según un relevamiento realizado entre supermercados y carnicerías de estos cuatro países, la carne más cara, medida en dólares, la tiene el Uruguay.

En efecto: una canasta de 10 cortes vacunos de un amplio abanico de calidades –que incluye peceto, nalga, bola de lomo, colita de cuadril, asado y lomo de primera calidad, entre otros productos-, en la tierra del presidente José Mujica cotiza a u$s83.

La Argentina, por su parte, ocupa el segundo lugar: estos mismos diez kilos seleccionados ascienden a casi u$s81, prácticamente igualando a Chile, que se ubicó en el tercer puesto apenas por unos centavos. Muy por detrás de este pelotón, se encuentra Brasil, donde la canasta de cortes vacunos apenas alcanza los u$s69,7, muy por debajo del resto.

El gigante regional -que superó la mala fama de producir carne dura, pasó de ser fuertemente dependiente de las importaciones a ser el gran dominante del negocio y que aspira, según un plan trazado por el Ministerio de Agricultura, a manejar el 60% del mercado global- tiene cinco de los cortes más baratos del relevamiento.

Así, una variedad como el vacío, en la tierra de Luiz Inácio Lula da Silva alcanza apenas los u$s5 el kilo, casi la mitad de lo que hay que desembolsar en Uruguay y un 30% por debajo del valor que actualmente se paga en la Argentina.

La inflación mete la cola
Lo cierto es que, apenas tres meses atrás, este ranking hubiera sido muy diferente: la Argentina estaba ubicada cómodamente como el país con la carne más barata de la región, dado que esta canasta de diez cortes tenía en ese entonces un valor aproximado de u$s62, casi u$s20 menos que el nivel actual.

Pero hoy la realidad es diametralmente opuesta: la inflación promedio del 30% que impactó en los mostradores de las carnicerías, provocó que algunos cortes característicos de la alimentación de los argentinos, como es el caso del asado, estén entre los más caros de la región -medidos en dólares-.

Sin embargo, la Argentina, todavía se puede arrogar un último “triunfo“: el consumidor local tiene la posibilidad de acceder al lomo más económico, dado que, en promedio, cotiza a u$s11,7 el kilo, unos centavos por debajo del “filet mignon” brasileño.

Además, está varios dólares más barato que el de Chile (u$s15) y Uruguay (u$s15,3), que tiene el nivel más alto.

Cabe destacar que para este relevamiento se tomaron valores promedio. Por lo tanto, no se consideraron los precios controlados que trata de imponer el Gobierno en la Argentina, así como tampoco ofertas puntuales ofrecidas por los supermercados para clientes exclusivos.

Los salarios y el asadito
El valor de cada kilo de carne hay que ponerlo en contexto, es decir, en relación al poder adquisitivo de la población. Al respecto, cabe destacar que: Si bien la Argentina tiene algunos de los cortes más caros de la región, la clase media, aún con dificultades, todavía tiene ciertas ventajas a la hora de ir a las carnicerías y supermercados. En efecto, considerando un salario neto promedio de un empleado del sector privado, equivalente a u$s827 –según los últimos datos disponibles de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)- mensualmente se podrían adquirir 10,2 “canastas” de cortes bovinos.

Sin embargo, es en Brasil donde la ecuación compuesta por ingresos promedios y precios es más ventajosa: por mes, un empleado registrado promedio estará en condiciones de comprar 10,5 “combos”.

Muy cerca figura Chile, país donde el sueldo medio (cercano a los u$s696) equivale a 9 de estas “canastas” de cortes.

En este contexto, los menos beneficiados son los uruguayos, donde un trabajador ubicado en esta franja podrá comprar apenas 6 de estos “combos”. Claro que, al establecer esta relación, en gran medida se deja de lado la realidad económica del resto de cada uno de los países.

Los millones de pobres y la enorme brecha de ingresos que hay en Brasil, por ejemplo, distan bastante de la realidad aséptica que puede brindar un muestreo que incluye únicamente salarios promedios del sector privado.

De este modo, considerando un parámetro más “democrático”, como es el caso del PBI per cápita, los resultados se invierten: Brasil (con un valor apenas superior a los u$s10.000) pasaría a ser el país donde los consumidores tendrían menores recursos para acceder a esta completa canasta de proteínas animales.

Como contrapartida, la Argentina (con un PBI per cápita estimado en u$s13.800), se mantendría en lo más alto de la tabla.

El caso uruguayo
En momentos en que la industria cárnica argentina atraviesa una grave crisis, tras una liquidación de 10 millones de cabezas de ganado en apenas tres años, cobró fama el modelo productivo uruguayo.

Tal como informó recientemente iProfesional.com, sin ningún tipo de retenciones y de la mano de reglas de juego claras, este pequeño país actualmente exporta lo mismo que la Argentina, pero con 40 millones de animales menos.

En diálogo con este medio desde Montevideo, Eduardo Blasina, de la consultora, Blasina & Tardáguila, especializada en agronegocios, destacó que “no hay ninguna regulación de precios en el mercado interno. Tampoco hay compromisos de abastecerlo. Lo único que permite que funcione el negocio es la libertad que hay en el país, donde la única influencia es el juego de la oferta y la demanda. Nada más que eso”.

Cabe destacar que, mientras que en la Argentina el 80% se consume puertas adentro, en el Uruguay, la ecuación es totalmente inversa: los consumidores de ese país apenas captan el 30% de su producción y el resto se vende en el exterior.

Y esto, evidentemente, tiene sus efectos en la tierra de Mujica: la gente en general compra lo que encuentra o lo que está a mejor precio en góndola. Y lo cierto es que, así como el asado uruguayo es el más barato de la región y abunda en carnicerías y supermercados, algunas carnes premium en el país vecino escasean o tienen precios prohibitivos.

La diferencia está en que el argentino promedio, históricamente, tiene incorporados en sus hábitos alimenticios un amplio abanico de tipos de carne vacuna. De este modo, su escasez o encarecimiento es sinónimo de conflictos sociales.

Como contrapartida, en Uruguay, mientras esté garantizado el asado, reina la paz.

“A veces hay cortes difíciles de conseguir porque se exportan. Por eso el lomo, que es muy deseado en el exterior, casi no se consume en este país. Nadie reclama en Uruguay por el hecho de que no hay lomo o que no está barato“, explicó Blasina.

“Si falta tira de asado, ahí sí habría problemas, pero si faltan cortes premium no. Lo que culturalmente se defiende es el acceso al asado, que no puede faltar en la comida diaria de los trabajadores”, recalcó el consultor uruguayo.

Según el experto, el tema de los precios, nunca está en la agenda política porque éstos están regulados por el mercado. Lo contrario sucede en la Argentina: durante el auge de las materias primas, la administración kirchnerista trató, por todos los medios, de desacoplar los valores que debía pagar el consumidor de lo que sucedía a nivel internacional. Pero, lo que fue positivo para el bolsillo durante un breve período, terminó generando desincentivos en la producción y desabastecimiento.

En Uruguay nadie toca los precios porque se regulan sólo por el mercado. Acá estamos totalmente vinculados con los valores internacionales. Si éstos suben, como ocurrió en 2008, entonces la carne aumenta, no hay otra salida”, sostuvo Blasina.

Así y todo, el experto aseguró que “el nuestro es un modelo exitoso y nunca se nos ocurrió regular el mercado. Es verdad que el ternero tiene un precio alto en Uruguay, pero hay consenso social de que esto es garantía de que siempre habrá más y más terneros“.

El ocaso del bife argentino
En la Argentina, por el contrario, lo que hay es incertidumbre.

En diálogo con iProfesional.com, Miguel Schiariti, presidente de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), adelantó que, luego del aumento promedio del 30% que experimentó la carne, habrá más novedades: “En dos meses, cuando se acerque el invierno, va a haber una falta de oferta, lo que va a provocar un nuevo aumento de alrededor del 10 por ciento”.

Es decir que, lejos de bajar o mantenerse, los argentinos deberán tolerar nuevas subas.

Desde la cámara estiman que en 2010 se producirán apenas 2,5 millones de toneladas de carne. Esto implicaría una caída del 26% con respecto a las 3,4 millones alcanzadas durante 2009.

La cuenta que tienen en Ciccra es simple: considerando que el año pasado se consumieron 2,7 millones de toneladas en el mercado interno, en 2010 faltarán 200.000 toneladas si se pretendiera igualar el consumo del último período (de alrededor de 70 kilos per cápita).

A esto hay que sumarle las exportaciones: si el Gobierno autoriza finalmente las 350.000 toneladas para enviar al exterior, tal como sugirió el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, a la oferta le faltaría un total de 550 mil toneladas.

Como no hay planes de importar, caerá la oferta, los precios subirán y el consumo bajará inevitablemente.

Es así como Shciariti calcula que esta última variable caerá hasta los 55 kilos per cápita durante 2010, es decir, un 21% menos que el año pasado. No es un dato menor: según la serie histórica del IPCVA, sería el nivel más bajo desde que se tenga registro en la Argentina.

Juan Diego Wasilevsky

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *