1 de abril de 2010 19:49 PM
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El caso Argentina

En estos días ha vuelto a hablarse mucho de Argentina en nuestro medio. A veces sus políticas nos perjudican, pero otras veces nos favorecen, tanto por acción positiva de sus agentes privados, como por pifias y errores de sus decisores oficiales, que terminan resultando en beneficio de nuestros intereses.

No se trata sólo de la profunda interrelación que existe entre nuestros países, y particularmente en el sector agropecuario, la que se ha ido acrecentando en los últimos años. En la actualidad, lo que está en el candelero son las marchas y sobre todo las contramarchas de la política de carnes de los vecinos, que ya les está acarreando perjuicios largamente anunciados por los afectados y demás conocedores del sector. Suba violenta El problema, nuevamente, detona a partir del aumento del precio de la carne al público. En los últimos tres meses la suba oscila entre 60% y 70%, en una economía en la que oficialmente no hay casi inflación. A diferencia de lo ocurrido en los últimos años, en esta oportunidad el incremento para los consumidores se corresponde con el del ganado: desde julio pasado, el precio del novillo en Liniers casi se duplicó y desde fines de año hasta mediados de marzo acumula un alza de 55%. Los novillitos y las vaquillonas especiales, engordados en feedlots, que constituyen la crema del exigente abasto argentino (especialmente el bonaerense) y además representan la mayor parte del volumen de consumo, llegan a valer alrededor de U$S 3 el kilo de carne en gancho. El analista Ignacio Iriarte describe, en su revista quincenal Informe Ganadero correspondiente al 12 de marzo, la polémica en torno a la sostenibilidad de esta situación, citando opiniones de otros expertos respecto a que el precio debería bajar, por cuanto alcanzó un nivel excesivo, en cualquier comparación internacional. Héctor Huergo, el director del suplemento agropecuario de Clarín, señala que, si bien amagaron una ligera baja, los novillos terminarán cotizando 50% por encima del precio histórico. Stock No obstante, están pesando algunos factores claves, propios de la realidad argentina: la sequía, la competencia con otros rubros, la política sectorial desestimulante de la producción ganadera, han llevado a una enorme caída del stock, del orden de 9.000.000 de cabezas en los últimos tres años, lo que deja el rodeo actual en unos 52.000.000 de vacunos, según Iriarte, que cita los resultados de la vacunación de aftosa por parte del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). Desde hace tiempo, también el conocido experto Víctor Tonelli viene expresando su alarma por la liquidación de vientres jóvenes que estaba ocurriendo en Argentina, como respuesta a una política que, más que equivocada, aparece como adversaria del sector, por lo que iban a terminar teniendo que importar carne, porque la producción no alcanzaría para cubrir el consumo. Consumo El grueso de la producción, no menos de 80% del total, se destina al consumo local; los argentinos son el pueblo más carnívoro del planeta: todos estos años han estado comiendo más de 70 kilos por persona por año, y, mientras el bolsillo aguante, se resisten a cambiar de hábitos. Algunas opiniones recogidas por Iriarte parecen suscribir la idea de que el consumidor finalmente aceptará los nuevos precios, pero que el consumo bajará a unos 58 kilos por año. Huergo recuerda que el consumo de carne es bastante inelástico y que, frente a una suba de 20% en el precio, baja no más de 5%. Se ha podido ver en estas últimas semanas a la presidente de ese país promocionando el consumo de carne de cerdo y también de pescado, tal vez previendo la dificultad de controlar el ascenso irresistible de la carne de vaca. Paradojalmente, para aumentar el consumo de esas otras carnes, así como la de pollo, lo mejor es que el precio de la vacuna esté bien alto. Prohibido Pero es la otra medida, la más irracional, a la que nuevamente se ha recurrido, buscando frenar el alza de precios y forzar una baja: la prohibición de las exportaciones, que es como darse un martillazo en la rodilla propia. Argentina está desapareciendo de los mercados cárnicos: según Iriarte, este año no superará las 300.000 toneladas exportadas, parece que ni siquiera cumplirá la cuota Hilton, el principal negocio, que debe completarse antes del 30 de junio próximo. Argentina cuenta con 28.000 toneladas de cupo, a la que suma ahora otras 1.000, por compensación del ingreso de Rumania y Bulgaria a la Unión Europea, clientes argentinos que se pierden, pues ahora deben seguir los reglamentos comunitarios. Los comentarios de los analistas y actores productivos argentinos son ferozmente críticos de la política y los políticos de su país. Obviamente, no corresponde que nos hagamos eco de las diatribas, pero destacamos la oportunidad que nos abre comercialmente en los mercados internacionales la defección del gigante vecino, así como la necesidad de aprender de los errores ajenos para no incurrir en actitudes similares.

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