5 de abril de 2010 08:00 AM
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Un hongo logró controlar orugas que atacan soja

Un hongo fue capaz de controlar biológicamente a orugas que atacaban la soja.

Un hongo fue capaz de controlar biológicamente a orugas que atacaban la soja, según un estudio realizado por el ingeniero agrónomo Rubén Massaro, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Oliveros, de Santa Fe.

El especialista evaluó el control biológico realizado en la campaña de soja actual y llegó a la conclusión de que se produjo una protección natural del cultivo por parte de un hongo parásito responsable de contener el ataque de orugas.

El especialista en Protección Vegetal y control de insectos, sobre todo en soja, observó un gran trabajo de parásitos benéficos, en especial el hongo Nomuraea Rileyi.

«Las orugas afectadas por este patógeno adquieren un color blanco y quedan adheridas a tallos y hojas quietas perdiendo movilidad, se presentan manchas en el cuerpo y después se ponen totalmente blancas y ya están momificadas», explicó a Noticias Argentinas.

El control biológico natural opera cuando «el micelio o cuerpo del hongo desde afuera contacta las orugas ya que a medida que caminan van pisando o tocando esporas o semillas del Nomuraea, éste germina y se desarrolla en el interior de la oruga».

El experto del INTA aseguró que este hongo mató durante la actual campaña de soja a varios géneros de orugas.

Se trata de insectos cuyos nombres vulgares son «medidora», «militar verdadera», «militar tardía», «anticarsia» y «bolillera», entre otros.

La presencia del hongo se detectó en forma temprana debido a las condiciones favorables de la humedad ambiente, alta frecuencia de precipitaciones y la siembras con poco distanciamiento entre líneas.

De este modo, se creó «un microclima propicio para su desarrollo, con más del 35% de humedad relativa ambiente y las temperaturas importantes entre 25° a 27° que favoreció su desarrollo». Massaro detectó que en los primeros días de enero cuando hubo elevadas temperaturas de hasta 40 grados, «los cultivos de soja se mantenían mojados hasta las 11 de la mañana, inclusive, por la gran cantidad de rocío» lo que favorecía el desarrollo fúngico.

El hongo es «natural», se encuentra «estudiado» desde los años 80, pero para ser utilizado como insecticida industrial presenta dificultades: «la conservación, porque pierde su virulencia».

Existe, según el experto, una enorme variedad de insectos «predadores» que son «controladores naturales de las plagas» y se manifiestan de manera abundante en soja, maíz y girasol.

«Hay que dejarlos actuar, conocerlos porque son amigos invisibles, están en los cultivos tratando de trabajar, cuando uno los detecta debe demorar los tratamientos con insecticidas», explicó Massaro. En este sentido, abogó por «darles oportunidad» a los predadores naturales para que actúen benéficamente y frenen «las plagas».

Las arañas, por ejemplo, controlan las chinches (ninfas y adultos) y son bastante resistentes a los insecticidas.

Mientras que la crisopa es otro insecto benéfico que se encuentra bastante en girasol, sorgo y maíz en florecimiento porque le gusta el polen.

«Va a llegar después un momento en el cual la presencia de insectos dañinos será muy alta y entonces habrá que aplicar insecticidas», sostuvo.

En el INTA Oliveros también se estudia la selectividad de los insecticidas. Sólo existe un producto biológico, el bacilus turingensis, luego hay fisiológicos que actúan sobre las funciones del insecto como la muda, que es el cambio o que inhiben la quitina, un componente de la caparazón.

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