5 de abril de 2010 19:11 PM
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El conflicto con China desnuda la falta de políticas a largo plazo

Consultados por LPO, tanto el analista de política internacional Jorge Castro como Pablo Adreani, director de AgriPac -consultora especializada en temas agropecuarios-, concluyeron en que a diferencia del gigante asiático, Argentina no tiene una estrategia de cara al futuro. Las hipótesis del conflicto y del por qué el "boicot" podría ser una buena maniobra para que China siga creciendo.

Lo que comenzó siendo un rumor de que China podría llegar a emprender un boicot contra el aceite de soja local, terminó por disparar primero la preocupación del sector empresario, y más tarde, a sugerirle una señal de alarma al Gobierno nacional, que deliberó durante la semana santa reunirse el lunes con el embajador chino en Argentina, Gang Zeng.

Más allá de las especulaciones barajadas en torno a explicar el por qué de la medida china –se habla de “represalias” contra las medidas proteccionistas de la Argentina que restringen importaciones de artículos y mercadería; del descontento para con Cristina Kirchner por haber suspendido su visita a China; y también de que el gigante asiático estaría buscando comprar más granos de soja y menos aceite para poder industrializarlo ellos-, tal como pudo averiguar LPO con algunos especialistas, aparte de que se resuelva el eventual conflicto con China, no será más que una de las tantas ataduras con alambre para seguir manteniendo en pie una relación herida y sin estrategias a largo plazo.

"Pueden vivir sin nosotros"

“Argentina tiene un conflicto desde hace dos años con China y con otros 14 países asiáticos, al haber establecido una serie de medidas a las exportaciones de estos países al mercado local”, destaca frente a LPO el analista de política internacional Jorge Castro, y a la vez, señala que dentro de esos 14 países no se incluye Japón, una salvedad más que elocuente si se tiene en cuenta los negocios que la Rosada mantiene con capitales nipones: la televisión digital es un ejemplo.

Cabe aclarar que “estas medidas no se tomaron en países de otras regiones de la economía mundial”, detalla Castro y agrega que dado el contexto, el conflicto “coincide con la existencia de una situación en la que el vínculo bilateral entre ambos países estaba a la búsqueda de un incidente, y ese incidente ha llegado”.

De los 40 millones de toneladas de granos y aceite de soja que importa China, Argentina captura un 30% de ese valor. El resto corre por cuenta de los otros dos grandes proveedores: Estados Unidos y Brasil. La soja es para el gigante asiático un insumo fundamental para mantener a las 600 millones de cabezas de ganado porcino.

Pero más allá de la -relativa- importancia que Argentina tiene para China, el director del Instituto de Planeamiento Estratégico asegura que “no hay dudas de que ellos pueden vivir sin nosotros” y los resultados parecen estar a la vista: Castro da cuenta de que si bien se preveía que recién en 2020 China alcanzará a la economía per cápita norteamericana, “es posible que se adelante para 2015 o antes”, reconoce el especialista.

China es para Argentina el principal mercado considerado como país individual de las exportaciones agroalimentarias argentinas. El segundo país es India; otro país asiático. “En definitiva, Asia es la región más importante para las exportaciones argentinas, no solo ahora, se mantendrá por los próximos 20 o 30 años”, afirma Castro que, a la vez, denuncia: “Nuestro país no tiene ninguna política de largo plazo, ni comercial ni exterior. En los últimos 7 años, se ha subordinado todas las decisiones de política exterior a las necesidades de la política doméstica. Las consecuencias son, entre otras cosas, tener un conflicto con el principal mercado para las exportaciones agroalimentarias locales, la segunda economía en términos globales”.

El alivio de Cristina

Más allá de que todo conflicto -más siendo internacional- tiende a preocupar al Ejecutivo, en este caso, tal como pudo averiguar LPO, en el Gobierno están aliviados de que las críticas recaigan sobre la ministra de Industria, Débora Giorgi.

El "aire" que sienten en la Rosada iría de la mano del temor que surgió en algún momento a las eventuales críticas del empresariado para con Cristina Kirchner por no haber ido a China en enero.El plan de China

En diálogo con este medio, el ingeniero Pablo Adreani, director de la consultora AgriPac –especializada en temas agropecuarios-, sostuvo que el conflicto con China bien podría desencadenar una prueba piloto para que el gigante asiático mida qué tan lejos está de ir abasteciéndose a sí mismo con su propio aceite.

El hecho de que en el último trimestre del año pasado y el primero del 2010 hayan comprado más granos de soja de los habituales, traza una estrategia tendiente a producir su propio aceite: “Los chinos quieren que sus aceiteras trabajen, muelan soja y a su vez, buscan impedir el acceso del aceite argentino, lo que permitiría un aumento del precio interno en el aceite, ya que no tendría que competir con el aceite de soja nuestro que es sumamente competitivo”, afirma Adreani.

“Es una excusa que la restricción a la importación de aceite se deba a las 100 partes por millón de residuos de hexano –una norma que tendrá unos 5 años pero que jamás se aplicó-“, disparó el ingeniero, que no duda en que “la decisión del gobierno chino obedece a la defensa de su industria aceitera”.

Según esta hipótesis, el gobierno de Hu Jintao ensayará hasta julio un modelo tendiente a reducir hasta un 60% las importaciones de aceite de soja llegando a 2020. Argentina habría sugerido elocuentes razones para dar con un leading case que marcará la ruta de China de aquí en adelante.

Sin proyecto a largo plazo

“No veo en Argentina un proyecto a largo plazo: si hubiera, Cristina Kirchner debería haber ido a la gira por China en enero, y no fue así. Ese fue un gravísimo error del gobierno: faltó a una reunión con las principales potencias del mundo, y en especial, con el anfitrión y principal cliente de productos de exportación local”, refuerza el director de AgriPac.

Para concluir, Adreani sostiene que el conflicto “no se destrabará en un día”, y señala como principales consecuencias la caída en el ingreso de divisas al país, la baja en la exportación y producción argentina, y una probable caída del precio de la soja. Además, plantea que a corto plazo no le será sencillo a China resolver el tema del abastecimiento, pero Argentina tendrá una tarea incluso más ardua: si el problema persiste, deberá ubicar el excedente producido en algún otro mercado.

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