6 de abril de 2010 02:12 AM
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Un grave error de estrategia

En la situación actual de la ganadería nacional se da una circunstancia ideal para la eliminación de  los impuestos a las  exportaciones que la gravan y de las restricciones comerciales que la limitan.

En efecto como consecuencia de estos dos graves errores de la política nacional, el consumidor argentino debe pagar altos precios por la carne vacuna, pues la escasez provocada por el exceso de faena  ha producido un encarecimiento del ganado,  trasladado, con exceso, a toda la cadena comercial del producto.En este momento los precios que se pagan  por el ganado argentino tanto de invernada como para consumo, son superiores a los que se pagan en el Uruguay y en Brasil, es decir en dos mercados que tiene destinos externos similares a los de nuestra producción,   y que no gravan ni limitan sus exportaciones, y el segundo es el principal exportador del mundo de carne vacuna, cuando hace pocos lustros atrás era importador.Desde el punto de vista presupuestario, esta política ha producido una contracción de los volúmenes exportados, y de los volúmenes consumidos, con la consiguiente contracción del producido de las retenciones, por una parte y por la otra exige, desde una visión equivocada, un aumento de los subsidios para el incremento de la producción y/o el pago de los déficit que se producen en la industria.En una estimación que hacemos en base a las cifras del ONNCA y  la Cámara de Industria y Comercio de Carnes y Derivados, (febrero y marzo del 2010), consideramos que lo que el gobierno paga en subsidios a los feet lots es muy aproximada a la suma que recauda por retenciones a las exportaciones de carne vacuna.  Es decir que suprimiendo ambos, no tendría ningún efecto negativo sobre el presupuesto, ni sobre el precio de la hacienda. Los frigoríficos exportadores pagarían a los feet lots, lo que éstos hoy reciben por subsidios, con los mayores ingresos que recibirían de las exportaciones, al no pagar retenciones.Si se cambiara la  política se aumentaría  el ingreso nacional, el empleo y los salarios del sector, y se aseguraría un creciente mayor ingreso de divisas, y una total garantía de abastecimiento al consumidor.Un error de estrategia.La Comisión de Enlace y el Ministro de Agricultura de la Nación han mantenido una reunión el 23 del actual, de la que han resultado ciertas coincidencias, y una buena disposición para estudiar otras sugerencias.Lo grave y lamentable es que las propuestas fueron alrededor de cuestiones que no son las principales,  – La Nación sección Economía y Negocios pag. 3, del 25.3.10 –  y que la coincidencia se limitó a la evaluación de  que la ganadería se halla en crisis.En rigor de verdad la ganadería ya no se halla en crisis por la importante suba de los precios del ganado producida y por su perspectiva de permanencia a mediano plazo, además del  excelente nivel de lluvias caída gracias el fenómeno del Niño, que en general favorece la agricultura y la ganadería argentinas.En cuanto al cambio de destino de los subsidios, en la cadena productiva, ello no es así sino que se deben eliminar,  porque el esfuerzo de la inversión la debe hacer el sector privado a cambio de la eliminación de los impuestos y restricciones a las exportaciones, con una reforma de la política crediticia.Téngase en cuenta que esto sucede al mismo tiempo que los valores para los principales productos agrícolas, son inferiores a los que corresponderían desde un 20 % a un 35 %, conforme a los precios internacionales en los puertos argentinos.En política económica se debe ser coherente. O se está con el sistema de la libertad económica y la propiedad privada de los medios de producción y de los bienes producidos, – que es el régimen de la Constitución Nacional,  ratificado por la historia  de la ganadería argentina desde la Colonia,  después de la reproducción natural de los rebaños -,  con los progresos  del mejoramiento genético, la división de las superficies con el alambrado, la provisión del agua con el molino, la industria del frío y la liberación de la exportación de toda restricción comercial o fiscal,  o se está con un  sistema económico totalmente regulado por el Estado, con imposiciones a la exportación,  como es el defendido por el actual gobierno, en el que se controla la producción y sus destinos, y se subsidia a los sectores deficitarios, generalmente como resultado de sus mismas regulaciones.Lamentablemente la ganadería y la agricultura argentina desde la crisis de 1930, han sufrido los efectos de fuertes discriminaciones a través de las diferencias de cambio y los impuestos a las exportaciones, excepto en el período de 1976/1978 – en el que el suscripto fue Secretario de Agricultura de la Nación -. No fue óbice para ello las apreciables diferencias ideológicas de los gobiernos que se sucedieron, y de sus  Ministros de Economía y Ministros o Secretarios de Agricultura.La ganadería ha sufrido particularmente más que la agricultura este proceso,  porque no ha tenido la ayuda del extraordinario progreso tecnológico mundial que ha favorecido a la segunda.Ni los argumentos fundados en un falso realismo, respecto de lo que se puede alcanzar en este momento,  pueden justificar esta conducta, sin participar en el error del oficialismo, porque su significado de fondo es un cambio de concepción, que desorienta y confunde.No se puede incurrir en el error de sumar beneficios contradictorios, como la liberación de las exportaciones y la petición de los subsidios.La economía fundada en la iniciativa privada tiene una ética que es la de la responsabilidad del empresario o productor,  sin perjuicio de las previsiones que se derivan de institutos modernos como la del seguro, y del crédito, pero nunca la del traslado de la responsabilidad al Estado.Si por la necesidad de corregir errores incurridos, como el de la banca actual de los países desarrollados, tiene que subordinarse a   las limitaciones que el Estado les establece, entonces sufre por su propia responsabilidad, pero éste no es el caso de la ganadería argentina, que siempre ha sido una víctima de los gobiernos.El fondo del problema actual que experimenta el agro, es que no se sabe resolver los problemas del déficit de los presupuestos estatales, nacionales y provinciales, y los bajos niveles de ingresos de la población, sin los impuestos y las restricciones  a las exportaciones. Por eso hay déficit, y altos niveles de pobreza.Sin incurrir en falsas modestias, el suscripto ha propuesto soluciones efectivas, para estos problemas en el Proyecto Nacional para el Bicentenario, de julio del 2009, remitido oportunamente a todos los miembros de la Comisión de Enlace, y que se puede leer en www.revolucioncultural.com.ar.La Comisión de Enlace debe aclarar su posición, porque lo que ha trascendido de la última reunión no coincide con sus pronunciamientos  anteriores.

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