14 de julio de 2016 18:16 PM
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Se perdió casi la mitad de la soja

Según el relevamiento de la Bolsa de Comercio de Santa Fe, en el centro-norte provincial

Según los datos del Sistema de Estimaciones Agrícolas (SEA) en la presente campaña de soja se sembraron 1.469.000 hectáreas en el centro-norte de la provincia de Santa Fe, de las cuales el 60,9% corresponden a soja de primera (895.000 Ha) y el 39,1% restante a soja de segunda (574.000 Ha). Estos valores son muy similares a los registrados en la campaña previa, en la cual se habían implantado en total 1.473.500 hectáreas.
Sin embargo, la Bolsa de Comercio de Santa Fe afirma que en el presente ciclo de soja se cosecharon 1.217.200 hectáreas, lo que representa una diferencia del 17,1% respecto del total implantado, mientras que en la campaña previa se había podido recolectar prácticamente la totalidad de la superficie sembrada. Para la soja de primera no pudieron levantarse 137.000 hectáreas (15,3% de la superficie), en tanto que para la soja de segunda quedaron sin cosechar 114.800 hectáreas (20,0% de la superficie sembrada).
La menor superficie cosechada repercutió en los volúmenes producidos. Con 1.857.100 toneladas de soja de primera y 807.993 de soja de segunda, la producción total fue de 2.665.122 toneladas, un 43,0% menos que lo obtenido en la campaña previa, partiendo de casi la misma superficie sembrada.

Rendimientos

En el mes de marzo, cuando comenzó la cosecha de soja de primera, las condiciones del cultivo eran muy buenas y las primeras estimaciones daban cuenta de un rendimiento promedio para la campaña de 35-36 quintales por hectárea. A lo largo del mes de abril la situación cambió de manera radical, comenzando a evidenciarse caídas en la calidad del producto y menores rendimientos finales esperados. A mediados de mes las estimaciones de rendimientos habían descendido a 28-29 quintales por hectárea, y continuaron a la baja hasta llegar a los números finales de la campaña de soja de primera de 24,5 quintales por hectárea.
En la soja se retrasó el inicio de cosecha, a raíz de la irregularidad y disparidad de lotes, en conjunción con encharcamientos y anegamientos de los mismos, que comenzaron a impactar en la superficie a cosechar y en la producción final. Así, los rendimientos pasaron de los 25-26 quintales por hectárea estimados previos al mes de abril, hasta los 17,6 quintales que se obtuvieron finalmente.
En comparación con los rendimientos obtenidos en las campañas anteriores, las caídas tanto en soja de primera como de segunda han sido muy elevadas. Respecto a la campaña previa se registró una disminución en los rendimientos de 12 quintales por hectárea (-32,9%) para soja de primera y de 7,4 para soja de segunda (-29,6%).

Daños

En todos los departamentos se han sufrido consecuencias en el cultivo debido a los efectos de un Niño fuerte, evidenciándose grandes pérdidas en la calidad de la cosecha obtenida. Los primeros lotes que se fueron levantando registraron una buena calidad, con factores cercanos o iguales 100, para luego comenzar a evidenciar problemas cada vez más graves a partir del mes de abril y que continuaron hasta el cierre de la campaña.
En general, el grano dañado y la humedad fueron los factores que más afectaron la calidad de la cosecha, haciendo disminuir el factor en algunos casos de manera muy significativa.

Pérdida económica

Por el grado de afectación de los cultivos, la situación particular de cada productor en cuanto a rendimiento y calidad de los cultivos presentaron una variabilidad muy por encima de lo normal. Aquellos productores que recolectaron la soja en las semanas previas al mes de abril tuvieron un factor 100 y pudieron comercializar su producción de manera normal, pudiendo venderla al precio de mercado. Para quienes no corrieron con la misma suerte, la diversidad de situaciones fue muy grande; pasando desde aquellas en que se evidenciaron pérdidas parciales de calidad y rendimiento que no les generaron mayores problemas para la comercialización de los granos, hasta quienes no pudieron recolectar la soja sembrada por falta de piso y granos con excesivos daños que hacían antieconómica la cosecha.
La superficie cosechada total de soja ha sido de 1.217.000 hectáreas, en comparación con los 1.469.000 que se estimaban si la campaña finalizaba en un ritmo normal. Luego, la brusca disminución de rendimientos hasta los 21,9 quintales por hectárea para toda la cosecha de soja dio como resultado una producción un 42,6% menor de lo estimado. A esto se debe sumar los descuentos que se aplicaron por menor calidad del grano, que ponderado de acuerdo a los niveles de producción de cada zona dieron como resultado un factor de calidad promedio de 77,5, encontrándose todos los departamentos de la zona en situaciones relativamente similares1. Ante esta situación, el precio efectivo promedio descendió a U$S 219 por tonelada, con lo que el valor de la producción fue de aproximadamente U$S 582,4 millones, lo que representa un ingreso de U$S 726,3 millones menos que los que se podrían haber obtenido de no mediar los eventos descriptos.
Esta pérdida del 55,5% respecto a los números que podrían haberse obtenido no solo ponen de manifiesta la situación económica que habrán atravesado numerosos productores de la región, sino también la menor actividad económica que representa esto para las localidades más afectadas por estos eventos.
La magra campaña de soja en cuanto a rendimientos y calidad de producción generó efectos negativos en toda el área agrícola del centro-norte santafesino.
Los números finales en esta campaña también dependieron en gran medida del momento de venta, dada la gran variabilidad de precios de la soja en el segundo trimestre del año.
Los resultados no tienen en consideración los impuestos que deben afrontar los productores, que para el caso de la soja continúan en valores elevados, si bien han disminuido en relación a las campañas anteriores. Según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA) la sumatoria de los tributos (provinciales y nacionales, incluidos los derechos de exportación del 30% para el grano de soja) representan el 70,9% de la renta agrícola de una hectárea promedio de Argentina; con lo cual, si bien el valor de las retenciones ya se encuentra descontado en el precio, considerar todo el abanico de impuestos implica resultados económicos más desfavorables aún que los presentados en los ejemplos.
Con todos estos alicientes, se ha cerrado una campaña de soja muy difícil para muchos productores del centro-norte de la Provincia, en la que el clima golpeó fuerte en gran parte del área agrícola, justo en un momento en que la situación del campo comenzaba a tener señales de una mayor estabilidad y reglas del juego más claras

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