17 de julio de 2016 16:03 PM
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Ahora sí se puede pelear contra las malezas “Rentabilidad mediante”

Los cambios macro económicos impulsan el desembarco en el campo de mejores estrategias para el control del principal problema que sufre la agricultura moderna. No sólo se trata de utilizar mejores productos, sino de poder aplicar estrategias de diversificación, que a su vez le dan más sustentabilidad al negocio y al ambiente.

“Después de la quita de retenciones al maíz y al trigo, cambiamos la forma de ver el sistema, porque ahora permite incorporar gramíneas a la rotación, y esto trae cambios en el negocio”.

El ingeniero agrónomo Diego Hugo Pérez, referente de los grupos CREA del centro santafesino con epicentro en Gálvez, resume el punto clave que promete ser una bisagra para el sector. Las modificaciones en las reglas de juego agrícolas no sólo generan, de modo directo, una mejora en la rentabilidad de cultivos vitales para la producción de alimentos como y el manejo en el lote. Más allá de la coyuntura, también abren una puerta a estrategias empresariales más eficientes, la preservación del recurso suelo, cambios en la dinámica de los alquileres y, entre otros efectos, atacar con armas bien potentes una de las amenaza más grandes de los últimos años: las malezas.

“Tenemos la posibilidad de hacer rotaciones, cambiar los modos de acción de los herbicidas, disminuir la presión de las malezas en los campos, y por sobre todas las cosas, sembrar dos cultivos que habíamos dejado de hacer (que vuelven a ser rentables y necesarios para el sistema de producción)”, amplió el especialista, durante una jornada en la que técnicos y productores debatieron sobre “El desafío de la era Post-Glifo”.

Más proactivos

Lucas Remondino, especialista de la Universidad Católica de Córdoba y consultor privado, se enfocó en las estrategias a desarrollar para el control de las “malezas problema”, caracterizadas por el quiebre de la resistencia a distintos principios activos de los herbicidas. En ese sentido, destacó que en los últimos 15 años “se hizo mucho hincapié en la parte química, pero la proactividad en el control de malezas no pasa sólo por ahí, sino que también está la parte mecánica y la cultural, donde más se puede concentrar el productor o el técnico”.

La parte química, afirmo, incluye la rotación de mecanismos de acción, usar mezclas de herbicidas, hacer secuencias de doble golpe. La parte mecánica pasa por el laboreo, principalmente para plantas perennes, “que se eternizan en el lote”, como puede ser el sorgo de alepo. Por lo tanto, la remoción de plantas “es un trabajo más recomendado para aquellas que se establecieron en el lote y se perpetúan año a año”. En cuanto a lo cultural, describió que se compone de la rotación de los cultivos, manejo de fechas de siembra, fertilización, o distanciamiento ente hileras, entre otros aspectos.

“Estas herramientas de proactividad son para perpetuar y darle más vida útil a los herbicidas que tenemos hoy en día, porque se sabe que no habrá nuevos en el corto plazo”, sentenció.

Sobre la campaña en curso, Remondino estimó que la incorporación de cultivos de cobertura, junto con el trigo, “van a atenuar mucho este problema, porque incorporamos una gramínea en la rotación, ya que veníamos con un monocultivo de soja que no era proactivo con el manejo de los herbicidas”. Mencionó que los productores mantenían un esquema de soja RR seguido de maíz RR, por lo que no se rotaba el principio activo. “Ahora tendremos un poco más de tiempo para trabajar mejor, y no hay que verlo como un costo sino como una inversión, principalmente en los campos propios para controlar las malezas a largo plazo”.

El pecado de la comodidad

En otro pasaje del diálogo que mantuvo con Campolitoral, el especialista explicó que en EEUU tienen el 95 % de la siembra en convencional, “por lo que es poco lo que podemos traspolar a nuestro país”. Allí se concentran mucho en los herbicidas, manejando sus malezas con entre 3 y 4 mezclas y secuencias.

“La herramienta número uno para los yuyos colorados es la tolerancia cero”, aseguró. “Sé que es un proceso biológico, la situación territorial argentina es muy grande, el tema de los contratos también muestra un 60 % bajo alquiler y eso dificulta mucho saber con qué nos vamos a encontrar una vez que entremos a un lote, pero lo ideal es tener una tolerancia cero”. También afirmó que “lo más barato es prevenir, y si veo una sola planta, bajarme de la camioneta y sacarla”. Sobre este aspecto, disparó: “a 70 km/h y con los vidrios polarizados nunca la voy a ver; hay que volver a caminar los lotes, como hacían nuestros abuelos, quienes andaban con la pala o la azada arrancando las malezas, y los lotes estaban mucho más limpios que ahora con todas las herramientas tecnológicas que tenemos”. De lo que se trata, agregó, es de estar día a día en contacto con el campo. “La RR dio mucho más comodidades al técnico y al productor, nos dio muchas más vacaciones que así nos costaron”, reflexionó.

Remondino aseguró que los últimos dos años fueron buenos para la agricultura y pese a eso las malezas avanzaron enormemente. “Si es verdad que se avecina un año Niña, estamos en el peor de los mundos”, dijo, porque si el año es malo en términos agronómicos puede ser un dato muy desalentador en el tema del control de las malezas. “El monitoreo del lote es más que nunca la herramienta más importante y el uso de los pre emergentes también”.

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Demoníaco. El Amaranthus Hybridus suele concentrarse en la línea de los alambrados y en las cabeceras de los lotes. Foto: Gentileza Lucas Remondino

Se puede

Por su parte, Diego Hugo Pérez remarcó que hace tiempo las malezas son una limitante de rentabilidad para el productor. “La maleza hizo que repensemos el sistema, creo que estábamos haciendo las cosas mal, no sólo en Argentina, porque la naturaleza nos puso una barrera”.

Por ejemplo, aseguró que mientras en 2006 el control con herbicidas tenía un costo aproximado de u$s 26/ha ahora se elevó a u$s 120/ha en planteos de soja de primera. “De 2 o 3 quintales saltamos a 6 o 7, y esto sube el piso de rinde de indiferencia de 8 a 12 quintales”. Así resulta entendible que haya campos que “se dejaron de sembrar por malezas”.

Pero a partir de esta campaña la película cambia. “Hoy la rentabilidad permite hacer las cosas bien”, insistió. Mientras antes la maleza definía que rotación había que hacer, por ejemplo “en un lote con alepo no se podía hacer maíz”, hoy puede haber nuevas estrategias de control “y eso el productor lo capta”. Así, mientras antes el planteo era sólo trigo-soja, hoy se abre la posibilidad al maíz de segunda gracias a mejores materiales. “Al glifo -aclaró- lo seguimos usando, pero se volvió a utilizar químicos más antiguos, con mucha precaución por el riesgo de fitotoxicidad y hasta merma de rendimientos”.

Pero las nuevas condiciones incluso abren la posibilidad para que la ganadería también sea una herramienta. “Se vuelve a pensar en invernadas intensivas con alfa, silo, verdeos com ryegrass; y eso hace a la diversificación de las actividades dentro de la empresa y usos del suelo”. El hecho de que en los tambos el problema de malezas sea muy bajo confirma la viabilidad de esta alternativa.

En los dos grupos CREA de los que participa Pérez se observa una tendencia a hacer un 40% más de trigo con respecto al año pasado, mas porcentaje de maíz y barbechos largos lo menos cargados de herbicidas residuales, “cosa de entrar a primavera-verano con el uso de residuales, que es cuando tenemos el grave problema de malezas”.

El técnico enfatizó que “hoy en día tenemos la posibilidad de hacer las cosas bien”. Por tal motivo sugirió que “es erróneo mirar las malezas como algo aislado; el productor debe entender que el campo es un sistema que tiene distintos cultivos con distintas actividades, y empezar a mirar el largo plazo”. Una visión como esa “nos va a devolver la posibilidad de empezar a rotar, fertilizar más, eso generará un cultivo más voluminoso, menos maleza, menos degradación ambiental, la vuelta de la ganadería, etc., le va a dar más vida al campo, reviviendo el importantísimo aspecto social que esto tiene”.

Estimó que actualmente hay yuyo colorado en el 90% de los lotes, mientras las gramíneas anuales (eleusine, echinochloa) cubren el 100% al igual que rama negra. Otras, como borreria y gomphrena “están pero no es preocupante”.

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“Estas herramientas de proactividad son para perpetuar y darle más vida útil a los herbicidas que tenemos hoy en día, porque se sabe que no habrá nuevos en el corto plazo”

Lucas Remondino   Asesor privado

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“La maleza hizo que repensemos el sistema, creo que estábamos haciendo las cosas mal, no sólo en Argentina, porque la naturaleza nos puso una barrera”

Diego Hugo Pérez      Asesor privado

Se usa cada vez menos tecnología

  • El Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (ReTAA) de la campaña 2014/15, presentado formalmente esta semana en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, demuestra que existe una baja sostenida en la adopción de alta tecnología a nivel nacional por parte de los productores argentinos en la mayoría de los cultivos bajo estudio. La caída en la aplicación de insumos o la menor adopción de siembra directa fueron algunos de los factores que explicaron esta tendencia.

Hace más de 5 años que se realiza el relevamiento, que caracteriza al sector productivo en base a 6 cultivos, 17 regiones agrícolas, 3 niveles de tecnología y más de 60 variables en cada uno de ellos.

La línea de investigación del ReTAA muestra que en sólo cinco años Argentina pasó de tener un 46% de productores con planteos de alto nivel tecnológico a sólo 30% en la campaña 2014/15, reflejado mayormente en menores dosis de fertilización, una merma del sistema de siembra directa y un aumento en el uso de herbicidas por ineficiencias en el control de malezas, entre otras causas puntuales.

La práctica de la siembra directa continuó bajando durante los últimos años, cayendo de un 94% en la campaña 2010/11 a un 90% en el ciclo 2014/15, considerando los seis cultivos principales de grano en Argentina. Esto fue causado mayormente por la problemática con malezas y en menor medida por excesos hídricos asociados a consecuencias en lotes agrícolas.

Durante la presentación en la Bolsa de Cereales se destacó el rol del cultivo de girasol, que durante el último período fue el único que aumentó el uso de alta tecnología, verificándose una mayor cantidad de fertilizante aplicado y una mayor superficie fertilizada, con resultados en el rendimiento cosechado a nivel nacional.

El sorgo se posicionó negativamente con la mayor adopción de baja tecnología, un 69% a nivel país, y en donde se invirtió la relación con productores de media tecnología, pasando a ser una porción minoritaria.

En el cultivo de cebada se vio la mayor caída en el uso de tecnología en relación al resto de los cultivos y esto se mostró con las menores dosis de fertilización, tanto nitrogenada como fosforada. Las estrategias fueron diversas a nivel nacional y esto impactó en la producción, planteando el interrogante de las respuestas técnicas a nivel de productor.

En maíz se presentaron las densidades de siembra promedio en Argentina y como se vienen bajando, tanto en maíz de primera temprano como en maíz tardío/de segunda; para la campaña 2014/15 la media fue de alrededor de 62 mil plantas por hectárea (pl/Ha) y de 58 mil pl/Ha respectivamente. Esto respondería a una mayor proporción de siembras tardías en Argentina, pero se planteó que se relaciona con una adaptación técnica regional y/o una estrategia de minimización de costos.

También en maíz se presentó el aumento en la cantidad de insecticidas aplicados a nivel de cultivo y esto se relacionó con el tipo de híbridos utilizados y con el uso incorrecto del refugio, evidenciando el quiebre de resistencias como un problema generalizado. El uso de refugio en maíz tuvo un cumplimiento del 22% a nivel nacional para la última campaña bajo estudio.

Para soja se presentaron las variaciones en el uso de herbicidas, en respuesta al control de malezas tanto a nivel regional como nacional. Los datos del ReTAA mostraron el cambio en la relación de uso para glifosatos concentrados versus la formulación clásica, y al mismo tiempo el aumento en la importancia de otro tipo de herbicidas para complementar las acciones de manejo de malezas.

Fuente:

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