18 de julio de 2016 11:59 AM
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Alimentos más saludables para el hombre y el Planeta

Con la dieta mediterránea como base, un equipo de expertos propuso una nueva pirámide nutricional para fomentar la alimentación sustentable. Consumir productos locales, de estación, y valorar los sistemas respetuosos de la producción agrícola, ganadera y pesquera son algunas de las premisas.

La nueva propuesta de pirámide de dieta mediterránea no solo recomienda la frecuencia y el tipo de alimentos para una alimentación equilibrada, sino que hace hincapié en la importancia de hacerlo de forma sustentable con el medioambiente.

La pirámide nutricional “renovada” fue presentada como propuesta en la primera Cumbre de la Dieta Mediterránea, celebrada recientemente en Milán y organizada por la Fundación Internacional de la Dieta Mediterránea (IFMED, por sus siglas en inglés).

La principal novedad de esta pirámide son los gráficos que representan la importancia de acceder a productos locales, de valorar los sistemas respetuosos de producción agrícola, ganadera y pesquera, de preservar las recetas tradicionales y evitar el impacto ambiental de la industria y los transportes, según explicó el presidente de IFMED, el investigador Lluis Serra.

“Son elementos visuales que transportan al consumidor a reparar en los aspectos medioambientales de la alimentación y hacerle ver que no es solo comer pescado más de dos veces a la semana, sino ver qué tipo de pescado elegimos”, apunta el también catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.

“No se trata de poner pescado en nuestra mesa a cualquier precio -añade- sino de hacerlo de forma sostenible, razonada, teniendo en cuenta nuestra disponibilidad y nuestros recursos pesqueros”.

NUEVAS RECOMENDACIONES

Además de las recomendaciones de alimentación sustentable, otra de las novedades de la nueva pirámide se refiere a las legumbres, cuyo consumo se recomienda a diario en lugar de semanal, como hasta ahora.

“Así se incrementa el consumo de legumbres y se reduce el de proteínas animales, aumentando la sostenibilidad alimentaria y reduciendo el impacto medioambiental. Es un cambio importante para un alimento significativo cuando la FAO celebra en 2016 el año de las legumbres”, enfatiza Serra.

En la base de la pirámide se encuentra el consumo de agua (seis vasos mínimo al día) e infusiones. El siguiente escalón está dedicado a los alimentos que deben formar parte de las dos comidas principales del día: aceite de oliva, frutas, verduras, hortalizas e hidratos de carbono como cereales, pan, pasta o arroz.

En el escalón de los alimentos que se deben comer todos los días figuran lácteos (dos porciones, preferentemente descremados); legumbres, aceitunas, frutos secos, ajos, hierbas y cebollas.
Varias veces a la semana se debe consumir pescado, mariscos y moluscos (al menos dos porciones), carne blanca como pollo y pavo (dos porciones), y de dos a cuatro huevos.

En tanto, se aconseja con comer más de dos porciones de carne roja a la semana y solo una porción semanal de alimentos procesados, como embutidos.

En la cima de la pirámide se encuentran los dulces (helados, tortas, caramelos), cuyo consumo debe ser esporádico.

 

 

 

BUENOS HABITOS

La pirámide, además, muestra gráficos de hábitos de vida saludables, como la actividad física regular, compartir mesa en un ambiente social y familiar y beber con moderación vino y otras bebidas alcohólicas fermentadas.

En opinión de Serra, la primera cumbre mundial de la dieta mediterránea de Milán fue “histórica”. Además, el especialista destaca el apoyo recibido por los organismos de Naciones Unidas para revalorizar este modelo de alimentación en un momento en el que los países mediterráneos lo están abandonando.

“Aunque hay distintas velocidades, existe un movimiento global hacia una alimentación más occidental que está erosionando las tradiciones y hábitos alimentarios mediterráneos”, señala el experto.

“Pero al mismo tiempo -indica- existe un movimiento de revitalización, de señal de alerta, que empezó con el reconocimiento, por la UNESCO, de la dieta mediterránea como patrimonio inmaterial humanidad y que para fortalecer esa recuperación incide, no solo en su beneficio para la salud, sino en todos los aspectos de la producción y elaboración de los alimentos”.

Para Lluis Serra, “hoy por hoy la dieta mediterránea es el tipo de alimentación más valorada a nivel mundial y va a ser un motor en toda la producción agrícola. Hay que ser optimista de cara al futuro”.

 

 

 

DECALOGO

Recientemente, una treintena de expertos españoles en nutrición elaboró “El Decálogo para la alimentación sostenible en la comunidad: declaración de Gran Canaria 2016”.

Se trata de una guía pionera en la materia, que cuenta con el apoyo de medio centenar de instituciones de todo el mundo, tales como asociaciones de consumidores, institutos de investigación, sociedades científicas, organismos de Naciones Unidas, ONG y medios de comunicación especializados.

“Este decálogo nace de la necesidad de evidenciar ante el conjunto de la sociedad los distintos elementos que inciden en la sostenibilidad de la producción y el consumo de alimentos a nivel comunitario”, explica Serra, quien impulsó el documento.

 

 

Las diez premisas fundamentales que incluye son:

1. Elegir y comer alimentos de proximidad. Escoger productos del territorio en mercados locales. El transporte de los alimentos desde lugares remotos a sus puntos de consumo representa un componente importante de la huella ambiental de la alimentación, fundamentalmente por el consumo de energía y su consiguiente contaminación. Además, la compra de productos locales en mercados locales incide positivamente en la economía y desarrollo local, en la reactivación del entorno rural y en la protección del paisaje y los ecosistemas.

 

2. Consumir alimentos de temporada, preferentemente. Los alimentos de temporada respetan las estaciones y las condiciones climáticas propicias, proporcionando productos con mejores características organolépticas y nutricionales. Además, los alimentos adquiridos en su temporada suelen ser más económicos y sustentables.

 

3. Revalorizar alimentos y recetas tradicionales y locales. La educación alimentaria es un elemento fundamental para la cultura e identidad de los pueblos y, por ende, la protección del patrimonio gastronómico y culinario en la comunidad debe suponer una prioridad para la propia sustentabilidad alimentaria.

 

4. Aprender a comprar y cocinar en compañía. En familia o con amigos, el aprendizaje de unos hábitos alimentarios saludables pasa por conocer los alimentos, las técnicas culinarias y las habilidades básicas para comprar e incluso para producir los alimentos e ingredientes.

 

5. Planificar los menús y las compras. Intentar reducir los desechos, evitar el despilfarro de alimentos y reciclar adecuadamente en el hogar y en la comunidad. La planificación de las compras y los menús debe obedecer a criterios de sustentabilidad: salud, medioambiente, economía y cultura. Por ello debe evitarse el derroche y el desperdicio que se genera a lo largo de toda la cadena alimentaria (productor, distribuidor, consumidor). Intentar reciclar adecuadamente tanto los desechos alimentarios como sus envases, practicando también la solidaridad alimentaria es clave.

 

6. Priorizar los alimentos vegetales. Moderar el consumo de carne y derivados y lácteos. La producción de alimentos animales (sobre todo carnes rojas, derivados cárnicos y lácteos por procedimientos intensivos) produce una huella medioambiental mayor que la de los alimentos vegetales (cereales, frutas, verduras, hortalizas, legumbres y frutos secos) especialmente por la mayor emisión de gases de efecto invernadero, mayor consumo de agua y recursos energéticos y mayor utilización de superficie terrestre. Además, la salud lo agradecerá.

 

7. Utilizar la biodiversidad terrestre y acuática de forma sostenible para asegurar su continuidad. La pérdida de biodiversidad durante las últimas décadas, tanto en especies vegetales como animales, puede comprometer la sustentabilidad del sistema alimentario mundial y llegar a comprometer la seguridad de los alimentos y deteriorar la calidad y variedad alimentaria. El consumidor, aunque tiene una responsabilidad menor sobre estos aspectos de la alimentación, debe ser consciente de su importancia y trascendencia de manera proactiva. Es conveniente fijarse en la información disponible en el punto de compra y, si no está a la vista, preguntar.

 

8. Interesarse por la sustentabilidad y la equidad de los procedimientos agrícolas, ganaderos y pesqueros. La sustentabilidad es importante a lo largo de toda la cadena alimentaria (producción, transformación y distribución), tanto en productos animales como vegetales. El medioambiente suele ser más vulnerable a la producción intensiva que a los sistemas tradicionales de producción, cría o pesca y, por ello, hay que fomentar los sistemas alimentarios armónicos y sostenibles.

 

9. Disfrutar del compartir con otros y el placer de la comida, siempre con equilibrio y moderación. Son elementos fundamentales del acto alimentario que le imprimen identidad; no obstante, éstos deben combinarse con equilibrio, variedad y moderación para evitar que lo lúdico y festivo se convierta en excesos y derroche.

 

10. La dieta mediterránea representa uno de los ejemplos más emblemáticos de alimentación saludable y sustentable. La dieta mediterránea, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, representa uno de los modelos alimentarios más saludables, tradicionales y sostenibles del planeta. Su preservación y promoción no sólo tiene efectos sobre la salud y la calidad de vida de las personas y de la comunidad sino también sobre la salud del Planeta. Deben fomentarse y desarrollarse acciones comunitarias que promuevan los patrones alimentarios saludables de proximidad ligados al territorio (terrestre y acuático), la cultura, la equidad y a la economía

 

Fuente:

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