22 de julio de 2016 18:15 PM
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¿Glifosato en el río Paraná?

Investigadores hablan de “altos niveles” del peligroso herbicida en sedimentos de los afluentes del río. Y también lo encontraron en la desembocadura.

Un estudio realizado por investigadores del Conicet en cooperación con la Prefectura Naval demostró la existencia de glifosato -un herbicida recategorizado como “probablemente cancerígeno” por la OMS- en la cuenca del Río Paraná, con “altos niveles” en los sedimentos acumulados en la desembocadura de 23 arroyos y cursos que tributan a sus aguas desde el Río Pilcomayo hasta el Luján. Desde el gobierno santafesino adelantaron que pedirán “más precisiones” sobre el muestreo pero aclararon que los valores “no son alarmantes”.

La investigación, que acaba de ser publicada por la revista internacional Enviromental Monitoring ad Assessment y es la primera de esa escala realizada en cuenca del Paraná, concluyó que se advierten “altos niveles” de glifosato y su degradación, el metabolito AMPA, “en los cursos medio y bajo de los afluentes tributarios, de acuerdo con la agricultura intensiva que se desarrolla en la región”.

“Las muestras de los sedimentos del fondo del río presentaron la mayor concentración de esos componentes, pero las altas corrientes y la capacidad de disolución del curso principal del Paraná atenúan la entrada de los afluentes”, aunque el metabolito del herbicida fue detectado también “en el tramo bajo del río”.

Uno de los cuatro investigadores del proyecto, el biólogo Damián Marino, del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente (CIMA), que depende de la Universidad Nacional de La Plata, aseguró a la agencia Télam que no existe un parámetro regulatorio de presencia de glifosato en sedimentos que permita estimar si las cantidades encontradas son excesivas o no, pero el monitoreo “arranca en la parte superior de la cuenca, con valores no detectables, a concentraciones de algunos miligramos por kilo en la fase final de la zona de Luján”.

Por su parte otra de las autoras del estudio, la investigadora del Conicet Alicia Ronco, afirmó que “no deberían estar ingresando concentraciones detectables de glifosato a los cursos de agua, porque los deterioran”.

“El glifosato y su degradación, el AMPA, son contaminantes, lo que significa que se está contaminando el río debido a las prácticas agrícolas que dependen del uso de herbicidas”, dijo en diálogo con la citada agencia.

La especialista precisó, al igual que Marino, que esa sustancia se acumula mayoritariamente en los sedimentos del fondo y no en el agua, y que los afluentes que aportan mayores concentraciones son los relacionados con zonas de mayor producción de agricultura.

“No existen niveles de referencia para saber si esas cantidades son significativas cuando se habla de sedimentos. Y en cuanto a los niveles de referencia en agua, que sí existen, podemos decir que lo que encontramos encuadra con lo reportado por la literatura nacional e internacional”, dijo sin embargo Marino.

Un solo origen: la práctica agrícola “intensiva”

Para el investigador, el trabajo científico permitió demostrar dos cosas: “Por un lado, la movilidad del compuesto (glifosato y su metabolito) a través de los cuerpos de agua de los arroyos pampeanos; y por otro que el compuesto llega a la desembocadura de esos arroyos hacia el Río Paraná”, aunque siempre adherido a los “sedimentos del fondo” porque “en el centro del río no se detecta”.

“La única fuente de aplicación del compuesto al ambiente es el modelo productivo de agricultura intensiva, que usa como base química al glifosato”, dijo.

Por eso, el glifosato encontrado en la cuenca del Paraná “tiene que ver con la historia de los suelos que, después de las lluvias, drenan hacia los arroyos”, movilizando también materiales como ese herbicida utilizado en la práctica agrícola, “única fuente de aplicación del compuesto al ambiente”.

El estudio no avanzó sobre el efecto del compuesto en la vida acuática, ya sea animal o vegetal, pero “hay muchas publicaciones sobre la relación entre niveles de plaguicidas y efectos biológicos” que dieron cuenta de “efectos crónicos, como cambios de talla o de ciclos reproductivos, o agudos, como mortalidad”.

Por otro lado, el río Luján resultó ser el afluente con mayor concentración de glifosato en sedimentos, lo que Marino atribuyó a diferentes factores.

“Tiene que ver con la naturaleza del arroyo, con cómo se mueve, con el ciclo de agua que recibe, con cuestiones propias del ambientes, las prácticas productivas de la zona, la dinámica hídrica del arroyo o la combinación de estos factores”, dijo.

El estudio publicado en Enviromental afirmó que los resultados obtenidos “proveen información relevante para los programas de desarrollo ambientales en el Paraná e indican la necesidad de prestar particular atención a las prácticas de agricultura asociadas al control químico de pestes en la región”.

“Creo que los resultados son preocupantes y que habrá que tomar nota de ellos y diseñar algún tipo de política, o continuar con los estudios para ver si los niveles aumentan o bajan”, concluyó Marino.

“No es alarmante”

Por su parte, el subsecretario de Gestión Ambiental de Santa Fe, Edgardo Seguro, afirmó que se contactará con los investigadores del Conicet para obtener “precisiones” sobre las muestras estudiadas pero aseguró que los valores “no son alarmantes”.

El funcionario aclaró que a pesar de no haber leído el estudio –al momento de la consulta de Télam–, entiende que “sólo estaría afectado en su distrito el arroyo Saladillo”, y afirmó que “desde 2008 se monitorean distintos afluentes del Paraná”.

“Ahora se detecta glifosato y AMPA (su degradación), pero antes no aparecía. Los valores no son alarmantes, se trata de un mal uso agrícola tanto en arroyos del norte como del sur”, dijo.

Seguro señaló que el uso de glifosato se relaciona con la matriz productiva del monocultivo y comentó que en la provincia se creó un comité interministerial -compuesto por las carteras de Salud, Medio Ambiente, Producción y Trabajo- para hacer un seguimiento del tema.

“Se trata de un uso erróneo y excesivo del compuesto, pero hay que tender a una agricultura con menos químicos”, opinó

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