25 de julio de 2016 02:47 AM
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El precio del asado es un afano: pero la mayor parte de los argentinos no se dan cuenta

El valor interno del lomo, en cambio, está subsidiado.

“Si comparamos lo que vale el kilo de carne con respecto a otros alimentos como la pizza, el kilo de helado o una docena de facturas, y tenemos en cuenta lo que rinde alimenticiamente, está en un valor aceptable”.

Así lo indicó esta semana el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luis Miguel Etchevehere, en declaraciones que suenan muy comprensibles para las personas que están en el negocio cárnico (pero que resultan una provocación para la gran mayoría de argentinos que no llegan a fin de mes).

“Saliendo de la General Paz, la gente no come lomo, porque es un corte magro, y los que vivimos en el campo, nos gusta la carne gorda, con grasa, que es lo que le da sabor”, añadió Etchevehere para terminar de rematarla (¿alguien se lo puede imaginar mordiendo un pedazo de bife grasiento?)

Lo que sucede en la Argentina es que los precios relativos de los cortes bovinos frescos están ultra distorsionados por factores culturales.

En lo que va del presente mes de julio se declararon exportaciones argentinas de lomo vacuno fresco por 834 toneladas a un valor promedio ponderado de 12,1 u$s/kg (equivalente a 178 $/kg al tipo de cambio comprador BNA). La mayor parte se destina a Europa (donde se vende en hoteles, restaurantes y cadenas de supermercados como un producto gourmet).

En cuanto al asado, las exportaciones son marginales porque la mayor de esos cortes se consumen en el mercado interno. Pero aún así en lo que va de julio se registraron ventas externas de 2,19 toneladas a Chile y Panamá a un promedio ponderado de 5,55 u$s/kg (81 $/kg).

La diferencia entre el valor FOB promedio de ambos productos es del 118%. En el mercado interno –considerando los precios de los cortes presentes en supermercados porteños– tal brecha es de 53% a 66% (con precios minoristas del asado de novillito de 117-130 $/kg versus lomo de 195-200 $/kg).

La elevada demanda del corte de asado en el mercado interno permite que el mismo se venda a un precio carísimo, mientras que lo contrario sucede con el lomo, el cual, debido al bajo consumo, tiene una suerte de precio subsidiado por otros cortes (entre ellos el asado).

El asado –especialmente el proveniente de feedlot– es un producto que tiene un alto componente de hueso y grasa. Si los consumidores argentinos, en lugar de ser esclavos de la costumbre, se tomaran el trabajo de medir el costo relativo de la carne contenida en el asado, comprenderían que tal hábito de compra es propio de ricos (más allá de cual sea el poder adquisitivo del consumidor).

Ezequiel Tambornini

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