1 de abril de 2010 16:42 PM
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Uruguay  –   Ganaderia y sus contrastes

Ante los desafíos que plantea el trabajo en el agro hoy, la ganadería parece ser uno de los sectores con más dificultades. En el Este y el Noreste del país, región de profunda tradición ganadera, la falta de gente genera serias limitaciones al rubro.

Cuando le planteamos el tema, el Ing. Agr. César Marquisá respondió sin dudas: "La falta de gente es el principal problema que enfrenta hoy la producción ganadera en pequeños establecimientos". Marquisá es el jefe de Extensión del Frigorífico PUL (de Melo) y conoce directamente la situación de los ganaderos, en particular la de medianos y pequeños. En su visión, el problema surge cuando la ganadería comienza a intensificarse, aun con la aplicación de técnicas comprobadas y con un nivel de inversión moderado: "Yo creo que, para el productor, el factor conocimiento –el cómo hacer las cosas, el know-how de la evolución de los procesos– está claro. El tema es que para hacer algunas medidas de manejo se precisa gente, primero, y, cuando se sube un escaloncito más, se precisa calificar a la gente, o gente calificada. O sea: o la misma gente, con mayor calificación, u otra gente que venga a hacer las cosas. Y allí aparece la limitante principal". Marquisá integra también la Fundación Procría Oriental. "Allí trabajamos con predios pequeños, en torno a 350 hectáreas, donde puede suponerse que, con el trabajo del productor y alguien que le dé una mano, el trabajo se hace. Pero no es así: para hacer un destete precoz de 50, 80, 100 terneros, se precisa una persona que vaya y les dé ración todos los días, de determinada manera, con determinada conducta, y eso no es fácil de encontrar en las zonas ganaderas, al menos en el Este y el Noreste", describió. El Ing. Agr. José García –productor rural, directivo de la Sociedad Agropecuaria de Cerro Largo y empresario semillerista– opinó que problemas laborales hay en todos los rubros, pero en ganadería es especialmente grave. "Para llegar al potrero del fondo, se necesita un caballo, un asalariado con conocimientos mínimos y tiempo, mucho tiempo, para realizar la tarea", dijo a El País Agropecuario. "La forestación capta mucho trabajador de la ciudad, pero en una modalidad de traslado diario, sin afincamiento, y la agricultura está muy mecanizada y concentrada, su demanda de mano de obra es comparativamente más baja", agregó. Por eso, remarcó las diferencias entre campo y ciudad, elemento que incide especialmente en los trabajadores ganaderos: "La asimetría en la infraestructura disponible -caminos, escuelas-, la cobertura de servicios básicos -salud, electricidad, comunicación- retroalimenta negativamente y conspira contra el afincamiento de las personas en el medio rural, alejando especialmente a los jóvenes. Ésta es una realidad palpable en el Noreste uruguayo". En este contexto, Marquisá ve un problema en la estabilidad de la mano de obra en los predios ganaderos. Señaló que "puede haber personal que, por un tiempo, esté adaptado a la situación, pero después –culturalmente– no es lo que estaba buscando y se va". El técnico del PUL insistió en que la limitante no son los costos de producción, sino la gente: "Cuando se entra en sistemas pastoriles semi-intensivos, donde hay que cambiar el alambrado eléctrico a diario, hay que empezar a suplementar en invierno todos los terneros, hay que empezar a recorrer pariciones, manejar las pasturas. Allí empieza la limitante de personal". Reconoció que también inciden las condiciones de vida y, en ese sentido, el rubro ganadero está dejando de ser atractivo: "Hay muchachos que optaron por dejar el campo familiar y fueron a trabajar al comercio, en Melo. Trabajan seis horas y tienen todas las comodidades, mientras que en algunas zonas ganaderas todavía no hay luz y el teléfono no agarra señal. En muchas zonas, la caminería es muy mala". En el Este, la llegada de la agricultura está generando un cambio cultural importante, aunque no sin dificultades. "Por ejemplo, tenemos un proyecto de producción de sorgo para los productores ganaderos y se requiere pericia para aplicar agroquímicos, ajustar sembradoras, etc., capacidades que hasta hace poco no existían. Por allí hay un avance", dijo el jefe de Extensión del PUL. Tambos y nueva legislación Por muchos años la lechería fue puesta como ejemplo de afincamiento de la familia rural. Sin embargo, este sector también enfrenta desafíos. "Los problemas son similares a los de otros rubros: falta mano de obra calificada y también ‘a calificar’. Las mismas ‘incomodidades’ que tienen los productores pequeños también las tienen sus propios colaboradores y sus familias", señaló el gerente de la Asociación Nacional de Productores de Leche (ANPL), Héctor Melgar. "Hace pocos días, en Campana (Colonia), los productores nos describían las dificultades de la situación, pues la caminería no es buena y no es fácil mandar los gurises a la escuela. Eso lleva a que la gente termine yéndose al pueblo", explicó. Consultado sobre si es un problema de condiciones de trabajo o de bajas retribuciones, Melgar respondió que no cree que sea un tema económico: "Las retribuciones de los funcionarios en los tambos son razonables y la mayoría son mantenidos". En este contexto, el gerente de la ANPL remarcó que las normas laborales recientes no incentivan a tomar personal. La nueva Ley 18.441, sobre jornada laboral rural, estipula una jornada de ocho horas y el pago de horas extras. "Consideramos que es razonable regular, pero con criterios que se adapten a la realidad del sector agropecuario, donde inciden factores climáticos. En el tambo hay que ordeñar dos veces por día regularmente, pero hay otras ta-reas que dependen mucho del clima. Hay ta-reas que exigen concentrar el trabajo en pocos días y el clima no siempre acompaña. El proyecto de ley original recogía esto, pero no hubo consenso con los trabajadores para manejar una jornada promedio, que compense días de mucho trabajo con otros de poco", dijo Melgar. "Se quitó flexibilidad y quedó un régimen muy parecido al de la industria y el comercio. No hay ningún tipo de flexibilidad ni adaptación al sector rural", remarcó. Según Melgar, con la nueva ley los productores lecheros están más condicionados: "Comienzan a pensar que es mejor contratar jornaleros, en lugar de empleados fijos. Los jornaleros cobran en la medida en que trabajan. Es lo que estamos sugiriendo a los productores". Le preguntamos si esto no es un retroceso. "Las gremiales siempre estuvimos de acuerdo en una regulación, pero que se adapte al sector. El objetivo es que no se superen las 48 horas semanales. Es lo que sucede en el campo, en promedio, difícilmente se supera eso. No le conviene ni al trabajador ni al empleador. Pero la ley no reconoce la situación del agro", respondió. Para el gerente de la ANPL, la nueva ley de tercerizaciones también afectó las condiciones de trabajo: "Frecuentemente el productor suministra o toma servicios de sus vecinos y ahora hay un nuevo marco legal para eso. La ANPL está contra la informalidad, desde el comercio de leche hasta el trabajo rural. Pensamos que es correcto que, si hay suministro de mano de obra, se regule y que la empresa sea responsable. Tal vez en el sector rural las tercerizaciones fueron desvirtuadas y está bien que se pidan los certificados de que está todo en regla –BPS, DGI–. Pero en otros casos se genera una traba y hay una gran preocupación en el sector: muchos productores tienen maquinaria y la hacen trabajar afuera -cosechadoras, maquinaria forrajera-, pero eso ahora se dificulta". A mediados del año pasado se reglamentó el Convenio 184 de la OIT (decreto 321/009), sobre seguridad laboral. "Lo estamos divulgando y los productores nos plantean preocupaciones permanentes, sobre si se opera bien, si el tractor tiene barra antivuelco, etc. Por la ley de tercerización, si hay un accidente, el trabajador puede ir contra las dos partes. Esto desestimula la contratación", explicó Melgar. Agregó que "la relación entre trabajador y productor siempre fue buena y ahora hay una desconfianza que no ayuda". Parece claro que la nueva legislación impulsada en los últimos años es removedora y va a cambiar el panorama. El asunto –obviamente– no remite solo a los tambos. Para los contratistas de maquinaria, por ejemplo, la nueva ley de jornada laboral rural es un problema. "A veces necesitamos que el operario trabaje más horas, pero el costo es muy alto. Por eso estamos impulsando que los operarios de maquinaria no sean considerados rurales", expresó Gregorio Iraola, directivo de la Cámara Uruguaya de Servicios Agrícolas, en Cierre de Jornada (Radio Carve, 850 AM). El trabajo en la nueva agricultura Los problemas de personal también se registran en la producción de granos, donde los productores sufren para conseguir gente y retener a la que tienen (ver El País Agropecuario Nº 171, página 13). Los propios contratistas de maquinaria se las ven en figurillas para conseguir operarios capaces y retenerlos. Sin embargo, las nuevas empresas que trabajan en red, con grandes escalas, promueven con éxito nuevas modalidades de incorporación de personal. Laura Cibils es líder de Desarrollo Personal en El Tejar y afirmó que su empresa está creciendo y eso "tiene que estar acompañado de personas calificadas, que no sólo tengan la capacitación técnica sino que se sumen a la cultura de trabajo. Son temas que no tienen que ver tanto con lo técnico –si sabe usar o no una máquina o computadora– sino con las cualidades personales". Para Cibils, la nueva forma de producción implica un cambio de modelo laboral. "Ya no se trata del trabajo rural tradicional. Se necesita gente emprendedora, calificada, con sentido de equipo. No el perfil de persona que espera y requiere que le digan todo lo que hay que hacer. Al contrario, se necesitan equipos que se autogestionen", agregó a El País Agropecuario. En El Tejar –así como en otras grandes empresas agrícolas– han observado algo singular: "Encontramos gente que hace el movimiento contrario al conocido, gente que desde Montevideo se viene de vuelta al Interior. Personas que eran de Young, Paysandú o Mercedes, que fueron a Montevideo a buscar oportunidades y, ante la opción de un trabajo en su localidad, aprovechan la oportunidad para volver". Si bien El Tejar trabaja en todo el territorio, tiene su sede en Young, donde confluyen varios rubros. "Se han registrado cambios en la forma de trabajo de distintos sectores de actividad, que han dado muy buenos ejemplos de cómo mejorar las condiciones, por ejemplo el forestal", comentó la líder de Desarrollo de Personal de la firma. Las empresas forestales han implementado en varias localidades el traslado diario de los operarios del lugar en que viven al lugar de trabajo, para mejorar sus condiciones de vida. "Las personas pasan todas las noches en su casa con su familia, lo que tiene mucho más valor que un tema estrictamente salarial. El sueldo siempre motiva, pero no es lo único: el tema de los traslados en el sector forestal ha causado un gran impacto y he visto como gente que trabaja en los tambos expresa que prefiere trabajar en forestación y estar en la ciudad, con su familia", dijo Cibils. De las distintas opiniones se recoge que hay situaciones muy diversas. De hecho, cada establecimiento y cada empresa es un caso particular. De todas formas, la necesidad de gente con nuevas capacidades parece ser generalizada. Veamos en las páginas siguientes qué ofrece el sistema educativo, y qué aportes surgen desde el Estado y desde el sector privado.

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