28 de julio de 2016 14:11 PM
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Las incógnitas sobre el glifosato

CompartiremailFacebookTwitterA finales de 2016 la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) concluirá una investigación sobre el impacto en el ambiente y en la población rural de los agroquímicos utilizados en cultivos transgénicos en la Región Pampeana de la Argentina. Mientras se esperan los resultados finales, Eduardo Pagano, director del proyecto y profesor de la […]

A finales de 2016 la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) concluirá una investigación sobre el impacto en el ambiente y en la población rural de los agroquímicos utilizados en cultivos transgénicos en la Región Pampeana de la Argentina. Mientras se esperan los resultados finales, Eduardo Pagano, director del proyecto y profesor de la cátedra de Bioquímica de la FAUBA, adelantó algunos datos preliminares.


Los estudios fueron financiados mediante un Proyecto de Investigación y Desarrollo (PID) del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCyT), para el cual la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y el Ministerio de Agroindustria de la Nación aportaron 1,8 millón de pesos cada uno. Además, el proyecto fue reconocido como de Desarrollo Tecnológico y Social por la Universidad de Buenos Aires.


Algunos de los resultados del proyecto, que incluyó a investigadores de las facultades de Agronomía, Farmacia y Bioquímica y Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, se presentaron recientemente en el ciclo de conferencias sobre agroquímicos que organiza la FAUBA. Al finalizar su disertación, Pagano ofreció una entrevista al sitio de divulgación científica Sobre la Tierra.

 

“Este proyecto hizo principal hincapié en glifosato y ahora empezamos a medir atrazina en muestras ambientales. Por otro lado se midió el perfil de agroquímicos en la sangre de una población. Estas investigaciones comenzaron a fines de 2012 y se extenderán hasta noviembre de este año. Con respecto a las muestras ambientales, encontramos la presencia de glifosato en la gran mayoría de las muestras que analizamos a lo largo de todo el año, independientemente de que sea agua superficial, subterránea o suelo. La pregunta que nos hacemos es si son niveles elevados o no”, sostuvo.

 

Pagano remarca que “la verdad es que no hay un acuerdo a nivel global sobre cuál es el nivel aceptable de glifosato en agua o en suelo. Para Estados Unidos es 700 partes por millón (ppm), mientras que para Europa es 0,1 ppm, o sea: 7.000 veces menos. La Argentina fijó el valor en 300 ppm, algo similar al de Canadá, donde es 280 ppm. La gran mayoría de las muestras donde encontramos glifosato superan los valores aceptables para Europa, pero están muy por debajo de los límites máximos establecidos tanto en la Argentina como en Estados Unidos. Es muy difícil que las muestras superen 100 ppm”.


Desde su mirada, “no debería haber glifosato en los sistemas agrícolas durante todo el año, porque es uno de los herbicidas con menor permanencia en el suelo. Nosotros hemos visto cómo el herbicida desaparece en 30 días y se transforma en el metabolito AMPA (ácido aminometilfosfónico) que no dura más de otros 30 días en el campo. O sea que el glifosato prácticamente desaparece en dos meses. Entonces, hay momentos en el año en los cuales no tendría que ser encontrado glifosato en el sistema”.
Al aplicarse reiteradamente, en vez de perdudar 60 días, se lo halla durante todo el año.


Consultándolo sobre los resultados en los análisis en sangre, “con respecto a la presencia de agroquímicos en la sangre de la personas no encontramos diferencias significativas evidentes entre población rural expuesta, población expuesta circunstancialmente o población no expuesta. Además, entre los pesticidas que aparecen en sangre, encontramos algunos que se dejaron de usar hace años pero que todavía persisten en el ambiente o en la cadena alimenticia porque se degradan muy lentamente. Tampoco se sabe a ciencia cierta cuáles son los valores máximos tolerables. No están tan establecidos”.


Los estudios se comenzaron en la cuenca del Arroyo Pergamino, cercano a esa ciudad de la provincia de Buenos Aires. Después se extendieron las muestras a una zona más amplia que llegó hasta el sur de Santa Fe y prácticamente a la ciudad de 9 de Julio.


Los estudios se realizaron sobre una población expuesta, una población que podría llegar a estar expuesta y una población de personas que no están expuestas.


Según los resultados de los muestreos, y contrariamente a lo esperado, “no podemos asegurar que la gente que vive en el campo esté más contaminada”, mientras que “como conclusión, podríamos decir que estudios de este tipo son fundamentales para saber dónde estamos parados y poder planificar el futuro para que estemos cada vez mejor y propender a una agricultura que pueda satisfacer la demanda creciente de alimentos afectando lo menos posible el medio ambiente. Si bien hoy los sistemas de producción utilizan prácticas y productos menos nocivos que hace 30 o 40 años, todavía hay mucho trabajo por hacer”.

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