3 de abril de 2010 07:56 AM
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LA CAMPAÑA DE SOJA: COMO VIENEN LOS RENDIMIENTOS

Por el impacto de las enfermedades, muchos lotes en la Zona Núcleo están dando menos kilos que lo esperado.

El arranque de la cosecha de soja trajo sorpresas. Muchos lotes que pintaban para producciones récord hicieron poner de malhumor a varios productores. Es que al entrar la cosechadora la evidencia es contundente, y los kilos mandan. Y lo que parecía un súper lote, apenas es una soja digna. La contracara sigue siendo el maíz, que se mantiene firme en rendimientos, mientras avanza su cosecha.

Desconcierto, sorpresa y malhumor acompañan a muchos en el campo. Es que la soja, que pintaba para ser la estrella, en muchas situaciones, literalmente, se pinchó. Para Héctor Baigorrí, un reconocido especialista en el cultivo, "la combinación entre la mancha ojo de rana (MOR) y la bolillera derrumbaron muchas expectativas", comentó hace pocos días en una jornada organizada por Bioceres en Monte Buey, en el sudeste cordobés. "Hay reportes de más de 2200 kg/ha de rendimiento diferencial por haber aplicado en tiempo y forma fungicidas para control de MOR", lanzó.

Esta información es coincidente con las proyecciones de merma en rendimiento que viene haciendo Marcelo Carmona, fitopatólogo de la UBA. Según Carmona, "la MOR llega a robar más de 40% de pérdidas en algunos lotes comerciales". Eso, para potenciales de 4500 a 5000 kg/ha, se acerca lo enunciado por Baigorrí.

Paralelamente, un reporte de Aapresid también indica que "durante la presente campaña se presentaron intensos ataques de mancha ojo de rana, con niveles nunca antes registrados, principalmente en lotes de soja de las provincias de Córdoba y Santa Fe. Se estiman pérdidas de 1500 a 2000 kilogramos por hectárea".

La mirada es compartida por varios asesores agronómicos. Hernán Gassman, en Leones (Córdoba), sostiene que "muchos productores se descuidaron con MOR y hoy ven cómo perdieron la mitad de su producción". También están los que "vieron la enfermedad, pero intervinieron tarde", agregó Gassman, dejando también una tajada importante del rendimiento por el camino, aunque quizás hayan invertido lo mismo que quienes hicieron un tratamiento en tiempo y forma.

En el otro extremo, productores que "realizaron monitoreos minuciosos, y aplicaron a tiempo pudieron acceder a rendimientos superiores a los 4500 kg/ha", destacó Juan Pablo Boiero, de Laborde. Este joven profesional llegó a realizar "hasta 3 aplicaciones con fungicidas -la última a fines de R5-, con lo cual logró obtener el rendimiento para el cual el lote efectivamente pintaba", graficó.

Aclaremos que estas situaciones no indican que no vayamos a estar frente a una cosecha récord, sino que, para muchos, no será, individualmente, lo que en algún momento parecía. Qué impacto tendrán esas situaciones a nivel global, es algo que habrá que ver a medida que la campaña vaya avanzando.

Además, no toda la pérdida de rinde se debió a la MOR. "También hubo importantes ataques de isoca bolillera que llegaron a comprometer seriamente a muchos lotes", agregó Gassman. Es que esta plaga, aún en bajo número comparado con otras larvas de lepidópteros, causa "severos daños, al cortar y podar cultivos de soja, incluso desde etapas tempranas", detalló.

Este problema ya había sido alertado tiempo atrás por muchos asesores, entre los que se encontraba Carlos Grosso, de San Jorge, en el centro de Santa Fe, y publicado en las páginas de Clarín Rural.

Grosso sostiene que muchos productores no fueron conscientes, a tiempo, del problema. "Un fin de semana de enero pasado se me ocurrió empezar a ver lotes al azar y quede impresionado", recordó. En un recorrido desde Las Rosas a María Susana (Santa Fe) "y bajándome en campos al azar, pude ver lotes enteros literalmente podados", manifestó.

Para graficar esta situación, Grosso aclaró que "se trataba de soja en estado reproductivo que tenían no más de 2 o 3 nudos y 15 centímetros de altura". El daño "es peor que un pedrada y mucha gente estuvo paralizada sin actuar, a pesar de que hay conocimientos y tecnología disponible para intervenir a tiempo", agregó.

Hoy, esos lotes evidencian este descuido con los pobres rindes que, en muchos casos, apenas superan los 2000 kg/ha, "cuando su potencial era más del doble", se lamentó Grosso.

Finalmente, el clima hizo de las suyas. A pesar de ser una campaña generosa en lluvias en muchas regiones, el calor reinante durante varias semanas de marzo "terminó por cocinar a muchos lotes de soja de manera anticipada", graficó Gassman.

Días de temperaturas por encima de 30° C, junto a vientos persistentes, "se trasformaron en verdaderos sopletes que arrebataron a muchos lotes", agregó Boiero. Así, en el sudoeste de Córdoba, en ambientes con suelos arenosos, "se pudieron ver variedades de soja que acortaron su ciclo en más de 15 días", destacó.

La consecuencia fue un llenado de grano que se truncó de manera anticipada, adelantando la cosecha "e incluso desmejorando la calidad comercial y su potencialidad como semilla, evidenciado en la presencia de granos verdes", agregó Gassman (Ver Los granos…).

Para Gassman, "en la zona de Leones, la peor parte se la llevaron las sojas cortas sembradas bien temprano, ya que el golpe de calor las agarró en pleno llenado".

Sin embargo, los lotes bien manejados en materia de monitoreo e intervención química, ya sea para MOR, otras enfermedades de fin de ciclo o para plagas como bolillera, dieron sus frutos. Y se pueden observar "alambrado de por medio, rindes de 3000 a 4800 kg/ha", agregó Gassman.

Está claro que el correcto manejo, basado en conocimiento y experiencias, hizo una vez más la diferencia. Pero esta vez lo hizo en soja, cultivo que a veces disimula los malos manejos. Además, "de cara a la próxima campaña, habrá que pensar que el costo de hacer soja habrá se incrementará en varias regiones, porque seguramente muchos decidirán hacer más intervenciones", concluyó.

En definitiva, se trata de ajustar el foco y cuidar los detalles. De lo contrario, pasará otra vez lo que está sucediendo en esta campaña, en la que no todo lo que brilla es oro.
Los granos verdes

Las causas que promueven la presencia de grano verde en el cultivo de soja son varias. La expresión de este fenómeno está fuertemente asociado a la ocurrencia de estrés biótico, por ejemplo daño por chinches, o estrés abiótico, durante el llenado de granos. Dentro de los factores abióticos, los más frecuentes son el déficit hídrico y el golpe de calor, con baja humedad relativa. Aunque las heladas también hacen lo suyo.

El momento de ocurrencia del estrés durante el llenado de grano determinará el tipo de grano verde. Mientras un estrés a principio del llenado de grano produce grano totalmente verde, un estrés a fin de llenado produce un grano con tinte verdoso.

El grano totalmente verde tiene un mayor porcentaje de humedad que el resto y la transfiere a la masa de granos. Además, la semilla totalmente verde no podrá ser utilizada como tal, dado que en la generalidad de los casos produce disminución de poder germinativo y vigor. Sin embargo, la semilla con tinte verdoso, cuyo embrión hubiese llegado a madurez fisiológica, tiene posibilidad de germinar y producir una planta normal, aún cuando los cotiledones estén inmaduros. Las consecuencias para la industria aceitera argentina son de enorme importancia, puesto que todo el proceso de producción sufre una serie de perturbaciones. El grano verde dificulta, por sus características físicas de elasticidad y mayor contenido de humedad, los procesos de "crushing" o partido de los granos, la posterior laminación y hasta el mismo proceso de extracción del aceite. Igualmente, puede producirse un aumento en el consumo del solvente (hexano) y un mayor uso en cantidad y/o calidad de tierras clarificantes del aceite, como dice un informe publicado por Aapresid.

El nuevo enemigo

La macha ojo de rano es una enfermedad fúngica causada por Cercospora sojina. En la última campaña, su presencia fue severa y se prevé que en los próximos ciclos agrícolas continúe intensificándose, si no se toman medidas para contrarrestarla.

Favorecidos por el monocultivo, los patógenos presentes incrementan su inóculo año tras año y amplían su distribución, dando lugar a la aparición de enfermedades en zonas donde no habían sido detectadas antes.

El hongo sobrevive durante el invierno, transmitiéndose de una campaña a la otra, como micelio en la semilla y en los rastrojos infectados. A su vez, es una enfermedad policíclica (con varios ciclos de infección durante la campaña) y las esporas producidas por el hongo son diseminadas a plantas sanas por el viento y el salpicado de las precipitaciones.

Este hongo es principalmente un patógeno foliar pero también ataca semillas, tallos y vainas, y sobrevive en ellos de una campaña a la otra. Los tejidos jóvenes en crecimiento (como los que presenta una semilla en germinación) son los preferidos para la penetración de este hongo, donde puede infectar fácil y rápidamente. Las pérdidas que produce esta enfermedad varían dependiendo del cultivar y del momento de infección. Se estima que pueden llegar a ser mayores al 40% debido a la reducción de la capacidad fotosintética que afecta a la planta y defoliación prematura.

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