3 de abril de 2010 08:36 AM
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El populismo no se lleva bien con la ganadería

A estas alturas, resulta claro para todo el mundo que las políticas populistas seguidas por el actual gobierno de turno -en particular, desde 2006 con las restricciones a las exportaciones de carne- afectaron gravemente, y de manera difícil de revertir, el rodeo ganadero.

En esta destrucción de bienes de capital, en cualquier área de la economía, los hechos no ocurren de la noche a la mañana. Toma bastante tiempo devastar el stock de capital y reducir sensiblemente la cantidad de cabezas de ganado. Esto es lo que vino ocurriendo los últimos años y, al revés de lo que debió haber sido una actitud lúcida, se festejó el "aumento" de la producción cuando, en realidad, se trataba de una matanza indiscriminada de animales. Hoy las consecuencias están a la vista. Tenemos precios extraordinarios para la carne en el mercado internacional que no vamos a poder aprovechar por la falta de volumen suficiente. Se afectó seriamente la industria frigorífica, y sobre todo, se creó un clima no propicio en un momento en el que el país debería estar festejando los excepcionales valores que paga el mundo por la producción argentina. ¿Cómo se puede justificar semejante desastre cuando las circunstancias son tan favorables? Sólo se puede provocar con políticas que no reconocen las consecuencias en el largo plazo de los controles de precios, de las prohibiciones de exportaciones, de los impuestos arbitrarios. Que no reconocen lo complejo que es el sistema de mercado y la asignación de recursos en economías muy sofisticadas, cuando se actúa simplemente con una visión miope y de inmediatez. Los datos indican que la oferta ganadera cayó cerca del 30% respecto del pico del año pasado, llevando la faena a menos de un millón de cabezas mensuales desde el millón cuatrocientos o cuatrocientos cincuenta mil de mediados de 2009. Esto, a su vez, genera una merma de 35% en la producción de carne, que se puede agudizar a partir de la retención, que se iniciaría sólo en el segundo semestre. Estas cifras significan que los argentinos deberán bajar al menos 20% su consumo de carne vacuna en los próximos años (a alrededor de 50 kilos por habitante/año), debido a la menor producción, imposible de ser suplida antes de 2014. Parte del achicamiento del rodeo fue resultado de la extraordinaria sequía de 2009, pero las malas políticas y el desincentivo a la ganadería ya venían probando un aumento en la participación de hembras en la faena durante los últimos años, que se transformó en liquidación y llegó hasta niveles de alrededor de 50%, desde el piso de 36% en marzo de 2006. Semejante escenario fue el que permitió, en 2009, un nivel de faena extraordinario, y también un relativamente abultado volumen de exportaciones, de 640.000 toneladas. Es en el sector de la carne donde se están viendo las graves consecuencias del populismo. Y va a ocurrir algo parecido en otros sectores que también fueron descapitalizados. Por la densidad en materia de bienes de capital de estos sectores, va a pasar más tiempo hasta que se perciban estas mismas consecuencias. Aquí cabe señalar una lección: no volvamos a cometer los mismos errores que en el pasado. Generemos las condiciones que den previsibilidad al sector y permitamos recomponer el capital productivo necesario para poder abastecer al país y al mundo, que están demandando con sumo interés los productos argentinos. Ricardo López MurphyEl autor fue candidato presidencial; ricardolopezmurphy@gmail.com

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