8 de agosto de 2016 03:04 AM
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La industria vitivinícola prepara su estrategia para salir de la crisis

Busca enfrentar la caída en la producción y el consumo interno. Se impulsará la innovación en productos, envases y situaciones de consumo.

La industria vitivinícola se prepara para el próximo lustro en medio de un panorama complejo. Cayó el consumo interno y las exportaciones no pueden aprovechar la mejora en el tipo de cambio provocado por la devaluación por el aumento de costos.

Y no sólo eso: según Wines of Argentina (WOFA), institución encargada de la promoción de la marca “vino argentino” en el mundo, este año la cosecha se “redujo un 27% respecto del 2015”, lo que anticipa suba de precios, aunque, hay que destacarlo, se trata de productos que “denotan una mejora en la calidad: vinos más frescos, con menos graduación alcohólica, buena acidez, notables aromas varietales y excelente color”. Es un consuelo.

De acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en junio, “la comercialización total de vinos bajó el 23,12% con relación a igual mes del año anterior”, mientras que “el total de vinos enviados al mercado externo e interno tuvo una baja del 22,28% y la exportación de mostos, del 31%”. En el acumulado de los primeros seis meses, el despacho de vinos al mercado interno cayó 9,49% y las exportaciones lo hicieron en un 6,26% en dólares y 11,95% en volumen.

La situación no es nueva, ya que viene de años anteriores, pero en varias entidades del sector, encabezadas por la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar), pensaron que había que hacer algo en el marco del Plan Estratégico 2020.

Y le encargaron un diagnóstico a la Consultora W, que realizó un trabajo de recopilación y síntesis de diversas fuentes así como reuniones con productores, autoridades y bodegueros, con el objetivo de “trazar el horizonte de la cadena de valor durante los próximos 10 años”. Con esa información, se elaboró un Informe Especial que “dio sustento al alineamiento y consenso de toda la cadena de valor vitivinícola para la estrategia de innovación 2016-2020”.

Claro que, además, no se trata de un producto más. El vino se elabora en siete provincias, son 18.000 productores, 25.000 viñedos, 900 bodegas, unos US$2.000 millones de valor agregado y 115.000 puestos de trabajo directos que se multiplican por tres al sumar la distribución y la comercialización.

Como dice el trabajo de W, el vino es un producto de consumo masivo en el mercado argentino. Penetra en 5 de cada 10 hogares y el 75% de lo que se produce se vende en el mercado interno.

A comienzos de 2000, la fuerte caída en el consumo interno per capita se frenó, y luego se estabilizó, con una fuerte campaña genérica. Las inversiones en tecnología de los 90, la “aparición” del malbec como el gran varietal nacional y la fuerte mejora en el tipo de cambio de comienzos de la década lograron incrementar las exportaciones y poner al vino argentino en un lugar destacado en el mundo.

Según el diagnóstico articulado por Consultora W, “el vino comparte la lógica del consumo de las bebidas sin alcohol antes que las de sus principales competidores de bebidas alcohólicas (cerveza y fernet). Las bebidas dulces analcohólicas son su rival dentro del hogar, ya que se consumen en ocasiones clave con las comidas. Allí se bebe el 83% del vino (81% junto con la comida y en compañía). Si bien la cena ocupa el lugar de preferencia, el almuerzo no perdió su lugar de consumo. “Disfrute”, “relax” y “premio” son las palabras que se asocian a una copa de vino.

El 82,5% del mercado se centra en los vinos de precio medio bajo, finitos y tetra brik, que representan 8 de cada diez litros consumidos y 2 de cada 3 pesos vendidos. Su penetración de consumo es similar en todas las clases sociales.

Así, el vino como producto está presente en los hogares sin distinción.

El vino tinto sigue siendo el elegido por el consumidor argentino por un 88%, ante un 23% que prefiere el blanco. Sólo un 3% elige el rosado. Un 47% lo toma solo, pero hoy también se lo diluye: 29% elige el hielo; el 21%, la soda; el 12%, la gaseosa y el 4%, el jugo.

Con el campo de juego estudiado, la industria convino una fuerte agenda de trabajo con un gran eje organizador: la innovación. Y este concepto incluye: Innovar en productos.

Nuevo y renovado packaging.

Reinventar lógicas y ocasiones de consumo.

Renovar la comunicación de la industria y sus productos.

Algunos pasos ya se están dando. Por ejemplo, con el desarrollo del envase bag in box, el énfasis en el terroir y no tanto en la variedad, el impulso a la coctelería con vinos y la utilización de las redes sociales.

Por otra parte, se mantiene la pelea del sector por tener, definitivamente, una ley para eximir a los espumantes de ingresos brutos a cambio de inversiones y por una legislación que permita usar el mosto para endulzar bebidas sin alcohol

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