12 de agosto de 2016 13:30 PM
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¿Locomotora lista?: Gobierno quiere que el campo lidere reactivación, pero hay factores que juegan en contra

En el macrismo se entusiasman con un boom productivo que ayude a impulsar a las economías del interior. Sin embargo, la amenaza climática y la incertidumbre respecto de la promesa oficial de avanzar con una reducción de las retenciones a la soja siembran más dudas que certezas

Alfonso Prat Gay está confiado en que la economía de este segundo semestre será sensiblemente mejor que la del primero. Pero la gran apuesta, es 2017.

En el equipo de Hacienda confían que el próximo año será recordado como el de la “gran recuperación“, tras varios períodos de estancamiento.

“Si las cosas van según lo planificado, el país está en la forma correcta para lograr fácilmente un aumento del 5% al 6% del PBI para 2017″, se entusiasma Pedro Lacoste, coequiper de Prat Gay.

Y al momento de buscar una “locomotora” que traccione la economía -y sabiendo que la industria demorará un poco más en reactivarse-, la mirada oficial está puesta en el campo.

En el Gobierno no lo ocultan. Por el contrario, se entusiasman con un boom productivo para la próxima cosecha, especialmente por el combo de medidas que lanzaron en los primeros días de gestión, que incluyó quita total o parcial de retenciones y el desarme de las trabas a la exportación de granos.

Claro que no todas las voces consideran que el macrismo tiene todo servido en bandeja. 

No sólo hay economistas que prevén que la mejora de la economía rondará la mitad de la meta oficial. 

También, desde el agro hay una posición dual: de un lado están aquellos que consideran que el campo sí será una “locomotora” con poder suficiente como para traccionar el alicaído PBI argentino. Pero también hay otros jugadores que advierten que todavía hay mucha incertidumbre y que el entusiasmo oficial podría ser desmedido.

Quienes se esperanzan con una campaña histórica apuntan al factor positivo de una política “campo friendly” que ya está dejando ver síntomas de aceleración.

“Habrá una buena siembra de maíz. La venta de agroquímicos está reactivándose. La demanda de fertilizantes subirá más de un 50%,  y la maquinaria agrícola está con muy buenas ventas y perspectivas. De hecho, las camionetas son los vehículos más vendidos. Incluso más que algunos modelos de autos”, sintetizó ante iProfesional Héctor Huergo, ex director del INTA.

Por su parte, Fernando Vilella, ex subsecretario de Asuntos Agrarios de la provincia de Buenos Aires, afirmó que comparado con los últimos años del kirchnerismo, “en la actual siembra de trigo y próximas de maíz y girasol se está registrando un aumento significativo. Está en el orden del millón de hectáreas adicionales para cada uno de los cereales”.

Algunas estimaciones previas a la campaña 2016/2017 dan cuenta de un techo de 123 millones de toneladas de producción de granos, número que -de confirmarse- sería claramente superior a las 109 millones de toneladas logradas durante este ciclo que está concluyendo.

Ernesto Ambrosetti, economista jefe de la Sociedad Rural Argentina (SRA), consideró que si acompaña el factor climático -uno de los principales temores que tiene el sector-, entonces el campo acompañará.

Puso algunos condicionantes: el área ocupada con soja se mantendrá estable, con 20 millones de hectáreas y la superficie de trigo acaba de ser recortada en 200.000 hectáreas.

Así y todo, proyectó que:

-De este último cereal se cultivarán 800.000 hectáreas por encima de la campaña anterior.

-Habrá 1 millón de hectáreas más de maíz.

-Se producirán 450.000 hectáreas extra de girasol.

Como se ve, estos tres granos son los que más se expandirían porque pasaron a tener retenciones del 0%, a diferencia de la soja, a la cual el macrismo le redujo la alícuota en sólo 5 puntos.

En este contexto, Ambrosetti destacó que el ciclo que viene se podrían estar generando entre 12 y 15 millones de toneladas más de granos que en la campaña que está finalizando.

La Rural está en clara sintonía con el Gobierno: durante el acto de apertura de la tradicional muestra del campo en Palermo, el titular de la entidad, Luis Etchevehere, le había asegurado a Macri que los productores estarán inyectando en la economía a razón de u$s158 millones por día para la compra de maquinaria, semillas y fertilizantes, entre otros conceptos.

Incluso, el directivo aseguró que “debido a ello ya se notan síntomas claros de recuperación económica en el interior”.

 

 

 

Retenciones, punto central
Sin embargo, algunos analistas consideran que el “buen feeling” sólo tiene una razón: la SRA busca que el Gobierno cumpla con su promesa de reducir otros 5 puntos los derechos de exportación a la soja en 2017.

Por el momento, los productores continúan tributando un 30%. Es decir, un camión de cada tres que envían a los puertos, lo que implica para el Estado una recaudación de u$s6.000 millones. 

“La palabra del Gobierno está empeñada y creemos que sucederá esa disminución. La soja se empieza a sembrar en noviembre, por lo que el anuncio se debería realizar en los próximos meses. Confío en que esto sucederá”, afirmó Ambrosetti.

Sin embargo, para el analista Salvador Di Stéfano, con fuerte prédica en Rosario, los problemas que tiene el macrismo para dominar el frente fiscal podría empañar los pronósticos para el agro. 

“El Gobierno debía optar por hacer el ajuste vía devaluación, baja de gasto público, o eliminar subsidios tarifarios. Le salió mal el ajuste, por ahora. Por ese error del ministro Aranguren, el campo deberá esperar hasta el año próximo por la baja de las retenciones a la soja“, apuntó el analista.

Incluso, destacó que esto fue reconocido por el titular de la cartera de Agroindustria, quien aseguró que la quita de cinco puntos se dará recién en 2017.

“Los que hacen soja a más de 300 kilómetros de puerto, alquilan, y tienen un rinde de 25 quintales. Con estos precios están complicadísimos porque el margen es muy bajo. Por eso, si no bajan los derechos de exportación, lo complicarán al que alquila y trabaja la tierra, que es el que pone todo el riesgo en un negocio a cielo abierto”, apuntó Di Stéfano.

¿La consecuencia? Según el experto, si antes de noviembre no bajan las retenciones, entonces “el área destinada a soja caerá e ingresaran menos dólares del exterior”.

Incluso, aseguró que lo que recaudaría, en caso de no ceder esos cinco puntos, no representaría una cifra importante frente al impacto negativo que acusaría la producción.

“El Gobierno, si opta por no bajar las retenciones a la soja, se ahorraría el año próximo unos $17.100 millones. Esto, comparado con déficit fiscal primario que estaría rondando los $250.000 millones, no es una suma considerable”, apuntó.

Para el experto, si el macrismo finalmente las reduce, “se hará viable la siembra en muchas áreas marginales, se podrá incrementar la superficie, producir mayor cantidad, recibir más dólares, recaudar más impuesto a las ganancias y generar efecto derrame sobre las economías regionales”,

En cambio, si opta por el camino opuesto, “complicará las cosas”.

 

 

 

¿Una sobreestimación del poder de la “locomotora”? 

El otro punto que está en debate es si el Gobierno no sobreestimó el “poderío” del campo.

Es cierto que si las variables acompañan, entonces sería posible tener 12 a 15 millones de toneladas de granos más que el ciclo pasado.

Sin embargo, lo que ponen en duda los analistas es si ese 5% a 6% de crecimiento del PBI es una meta real, dado que algunas proyecciones oficiales sobre la performance de algunos cultivos están bastante por encima de las perspectivas de entidades rurales:

 

• Trigo:

-La versión oficial prevé para la campaña 2016/17 una superficie de 5,2 millones de hectáreas. Dado que la anterior fue de orden de los 3,4 millones, esto implicaría un salto de más del 50%. 

-Sin embargo, los pronósticos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires prevén un techo máximo de 4,3 millones de hectáreas. Esto es más que el año pasado, pero por debajo de la previsión de Agroindustria.

 

• Maíz:

-En el caso de este cereal, la pauta oficial es de 5,6 millones de hectáreas reales a sembrar.

-Sin embargo, consultores agrícolas no creen posible que se sobrepasen las 3,3 millones de hectáreas.

“Cuando uno analiza los números de Agroindustria, surgen datos llamativos. Es como si hubiesen aparecido más hectáreas para sembrar que las que realmente existen. Es algo insólito, porque no estamos hablando de diferencias acotadas”, afirmó a este medio Gustavo López, director de la consultora AgriTrend.

“Se están inflando las cifras, algo que era muy común durante el kirchnerismo. Hoy, el Gobierno dice que se sembrarán 5,2 millones de hectáreas con trigo, pero la Bolsa de Cereales habla de 4,3 millones y la Sociedad Rural, a lo sumo, estima 4,5 millones. La brecha es importante”, agregó.

“Veo a muchos funcionarios lejos de la realidad”, señaló Di Stefano.

 

 

 

El clima, el otro gran interrogante
El nivel de lluvias que se esperan por el fenómeno conocido como “El Niño” es, además de las retenciones, el otro aspecto que más preocupa a la actividad agrícola. 

Analistas señalan que la situación no es dramática, pero para seguir muy de cerca, ya que podría torcer el rumbo de la cosecha.

Las precipitaciones de este año, sumadas a las del segundo semestre de 2015, han dejado como resultado superficies anegadas o de acceso difícil.

Además, el fenómeno derivó en napas altas que enciende, sobre todo en el sur de Santa Fe y el norte bonaerense, la alarma por una potencial inundación.

La imposibilidad de contar con suelos firmes también redunda en el retraso de la cosecha, algo que reconocen desde el Ministerio de Agroindustria.

Esto afecta directamente el horizonte para el trigo. De hecho, según advierten desde la SRA, quedarán 200.000 hectáreas sin sembrar por la complicación hídrica. Un dato que no es contemplado por el Gobierno.

“El efecto de las inundaciones y la altura de las napas complican la siembra. Cualquier lluvia que supere los 15 milímetros jugará en contra de la campaña que viene”, explicó Ambrosetti.

La incidencia del agua se refleja en el último informe emitido por la Bolsa de Comercio respecto del maíz. Según la entidad, al día de hoy, en la provincia de Córdoba se recolectó un 25% menos que el año pasado.

Santiago del Solar, de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), advirtió que “hay varias zonas donde problema de las napas es importante. El sur de Córdoba, la cuenca del río Salado y el norte bonaerense son lugares que quedaron muy afectados por ‘El Niño’ y con la más minima lluvia la situacion puede empeorar”.

Paralelamente, de cara a los próximos meses, en el campo aguardan por el ingreso de “La Niña”, fenómeno meteorológico que traería un freno a las tormentas, algo que podría ser positivo. El problema es que esto estaría seguido de una probable sequía.

Este es el mapa de precipitaciones que regirá hasta agosto en el que se ven zonas con mucho exceso de agua:

“Estamos en una transición de riesgo. Se esperan lluvias para agosto y los efectos de las últimas inundaciones claramente no se han ido. Además de los cultivos, quienes más están sufriendo este problema son los tamberos”, comenta Ambrosetti, de la SRA.

A continuación, el mapa climático que muestra la evolución esperada para el período septiembre-octubre, donde se observan zonas con mucha agua y otros con muy bajas precipitaciones:

 

Un aspecto que juega en contra de la recuperación del campo en tiempos de lluvia radica, sin dudas, en la ausencia de obras para mitigar los excedentes hídricos.

En la Sociedad Rural y en CREA hay coincidencias respecto de la falta de activación de planes de infraestructura por parte del macrismo para hacer frente a la problemática.

“Hoy se sufre porque hay muchos tramos de caminos que no están operativos. Hay que pensar que la Argentina posee al menos 500.000 kilómetros de caminos de tierra. Prácticamente la mitad se encuentra intransitable. Eso afecta la cosecha actual de maíz tardío, la campaña futura, y ni hablar de los tamberos”, afirmó Ambrosetti.

Frente a este cuadro, en el campo hay confianza de que se está ante la posibilidad de contar con una buena cosecha, pero tienen que darse dos condiciones: un buen clima -dada la situación límite de algunas zonas- y un acompañamiento con una baja en las retenciones.

Una variable está bajo el poder del macrismo; la otra, es incontrolable. Esto determinará, finalmente, si la “locomotora” traccionará con fuerza y a la velocidad con la que se entusiasma el Gobierno.

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