6 de abril de 2010 15:26 PM
Imprimir

Deficientes controles fitosanitarios

Lo sucedido con el ingreso de la "polilla de la vid" a la provincia, debe constituir un severo llamado de atención porque fallaron los controles fitosanitarios. Es el momento de trabajar para evitar que la plaga se amplíe a otras zonas vitivinícolas

Los errores cometidos determinaron que ahora la situación se haya complicado. No existió el suficiente y necesario control en el ingreso al país desde Chile y la “polilla de la vid” terminó afectando a viñedos mendocinos. Ahora el Senasa -que es el organismo que debió controlar el ingreso de la plaga al país- salió a declarar la emergencia sanitaria nacional, para evitar que el flagelo se extienda, con el consiguiente costo no sólo para el país sino también para la industria vitivinícola en general.

Cuando el problema fue detectado en viñedos cercanos a la frontera -esencialmente en la localidad de Los Andes, en Chile- los técnicos advirtieron que debían multiplicarse los controles en la frontera. Señalaron que debía adoptarse un esquema similar al que utiliza el Servicio Agrícola Ganadero (SAG) de Chile para evitar el ingreso de plagas.

Todo lleva a indicar que esos controles fallaron, que no se trabajó con la eficiencia necesaria y, a menos de dos años de aquella detección de la plaga en Los Andes, la polilla llegó a la provincia.

Además, parece que el flagelo llegó a Chile a través de máquinas utilizadas por la industria vitivinícola transportadas desde Europa, donde el problema es generalizado en España, Francia e Italia. La “lobesia botrana” fue detectada primero en la región metropolitana chilena, en Maule y Bernardo O’Higgins y tiempo después alcanzó a Los Andes.
 
Para evitar la propagación, en junio de 2008 Chile instaló más de 30 mil trampas, detectando centenares de insectos y, ante ello, las autoridades del SAG informaron convenientemente tanto al Senasa como al Gobierno provincial.

Hubo una rápida acción de parte del Iscamen en la Provincia, instalando tramperos para la detección temprana de polillas en viñedos mendocinos, pero no existió el suficiente control en el ingreso de maquinarias para la industria desde el vecino país. Y, según se afirma, fue en esas máquinas que la polilla fue transportada a Mendoza.

Los errores se pagan caro, económicamente hablando. Porque si bien es cierto que la calidad del vino no resultará afectada, sí se verán perjudicados los productores, que perderán parte de la producción cuando la plaga afecte sus viñedos. Paralelamente, la resolución del Senasa, de declarar la emergencia nacional por el flagelo, generará numerosos inconvenientes a la industria porque las medidas de control se han extendido a todas las zonas productoras del país.

La medida determina también que las uvas deberán ser elaboradas en la zona de producción o bien tratadas con bromuro de metilo. Debemos recordar en este aspecto que muchas bodegas de la zona Sur -especialmente de San Rafael- se surtían de uvas provenientes del Valle de Uco.
O que bodegas mendocinas recibían uvas provenientes del valle del Pedernal, en el límite con San Juan. En el caso de las uvas de mesa -una de las alternativas que buscó la industria para la diversificación- la norma determina también un tratamiento cuarentenario de fumigación con bromuro de metilo.

Es lamentable lo que ocurrió y deberían buscarse los responsables de esa inacción que llevó a que la plaga llegara a Mendoza.

Es momento ahora de que no se repitan esos errores, que los controles sean estrictos y que la plaga quede circunscripta a una pequeña porción de la superficie implantada, hasta su erradicación total

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *