16 de septiembre de 2016 22:40 PM
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La producción argentina de porcinos, jaqueada por el significativo incremento en sus costos

El segmento productor de porcinos en Argentina enfoca toda su producción al mercado interno, y es allí donde la falta de rentabilidad reinante durante todo el primer semestre de 2016 dejó un saldo claramente negativo para la actividad, sobre todo en lo referente a los pequeños y medianos productores. Escribe Adalberto Rossi, periodista agrario y director de Cátedra Avícola.

Lo cierto es que producto de la importante brecha entre lo que cobra el productor y lo que paga el consumidor, el margen de rentabilidad queda de manera exclusiva en la intermediación, minando el desarrollo de un sector productor que atraviesa una severa crisis de rentabilidad y pone en juego su continuidad en el negocio.

Sin la posibilidad –de momento– de canalizar un porcentaje de su producción a través de la exportación, como consecuencia de una oferta incapaz de atender mercados externos, la producción porcina argentina sólo es rentable para empresas con un alto grado de eficiencia que acompañan su producción con una importante inversión en tecnología, mientras que los establecimientos productivos que no producen a escala gradualmente quedan afuera del mercado.

Evidentemente, la producción porcina en Argentina depende de la escala, de ahí que el asociativismo –o cooperativismo– pueda resultar un paliativo para esta circunstancia, con el objetivo de alcanzar una mayor oferta mayor que le permita lograr una mejor negociación de precios ante frigoríficos y supermercados.

Por otra parte, de la misma manera que fue afectada la industria avícola, la producción porcina también sufrió un fuerte incremento en sus costos de producción a partir de la quita de retenciones al precio del maíz, lo que sumado a otras cuestiones, derivó en un significativo encarecimiento de los costos, cercano al 60% interanual.

Otro factor que atentó contra la producción local radicó en la importación de carne fresca enfriada proveniente de Brasil, España y Dinamarca, hecho que llevó a las autoridades de Agroindustria a gestionar acuerdos para limitar el arribo de nuevos envíos.

Datos estadísticos

Según datos brindados por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), la faena de cerdos en Argentina durante el primer semestre de 2016 alcanzó las 2.907.116 cabezas, superando en un 10,34% la de igual período del año anterior, ubicada en 2.634.756 cabezas.

En cuanto a la producción, el SENASA da cuenta que el sector porcino argentino alcanzó las 252.957 toneladas de res con hueso durante los primeros seis meses de 2016, reflejando un incremento del 9,77 por ciento en relación a igual período del año 2015, cuando los guarismos alcanzaban las 230.448 toneladas de res con hueso.

Por otro lado, durante el primer semestre de 2016 se registró un consumo de 12,6 kilos de carne porcina por persona por año –el 9% del total de proteína animal demandada en el país–, reflejando un crecimiento del 10,73% en relación a igual período del año anterior, lapso que reflejó un consumo de 10,98 kilos por persona por año.

El sector mantiene una proyección positiva

Más allá del balance negativo del primer semestre, los productores de cerdo en Argentina apuestan a aprovechar el incremento estacional que se verifica en las compras de carne de cerdo que se avizora desde el mes de agosto, cuando los frigoríficos y las fábricas locales de chacinados y embutidos comienzan a estoquearse para atender la demanda del verano.

Dentro de esta coyuntura, hay productores que aseguran que, si bien Brasil en la actualidad se posiciona como el principal competidor, podría convertirse en un socio en el futuro, ya que ambos países –junto con Estados Unidos– tendrán la mayor competitividad de costos de producción porcina en el futuro y serán los grandes productores potenciales; incluso las posibilidades de Brasil y Argentina son mayores producto de su privilegiado estatus sanitario y el acceso a la materia prima.

Claro que para que esto suceda, la política económica de Argentina también debe acompañar a la actividad. Si esta variable comprende y atiende las necesidades del productor, seguramente éste se decida a agregarle valor al maíz, generando nuevos puestos de trabajo e invirtiendo para alcanzar una mayor producción.

De acuerdo a estudios realizados por el economista Orlando Ferreres, Argentina podría aumentar el stock de cerdas reproductoras entre un 60 y un 150 por ciento el stock de madres, dado la producción agropecuaria que posee. Un incremento del 60% en el stock de madres implicaría una inversión U$S 1.260 millones y dicha inversión generaría unos 22 mil puestos de trabajo en la cadena porcina.

Así es que mientras los productores porcinos se acomodan a sus nuevos costos productivos, las perspectivas globales siguen siendo positivas.

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