20 de septiembre de 2016 12:38 PM
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¿Por qué Google protege la identidad de las vacas en sus mapas?

Según la información que se puede apreciar en la imagen, la escena data de 2015. Desde entonces, la compañía del buscador ha aplicado esta política con animales. Pero, ¿por qué?

Google siempre ha ocultado la cara de las personas que aparecen en la vista de calle de sus mapas. También lo ha hecho con las matrículas de los coches. Todo, para proteger la privacidad de los ciudadanos. Pero últimamente este rango de protección se ha ampliado y ha llegado a los animales. Así, las vacas que se pueden ver por la campiña inglesa también salen con el rostro difuminado.

Esta situación peculiar ha sido descubierta por un editor de The Guardian, que ha compartido en Twitter la imagen de un ejemplar con la cara distorsionada, con un enorme éxito: más de 12.000 retuits.

Según la información que se puede apreciar en la imagen, la escena data de 2015. Desde entonces, la compañía del buscador ha aplicado esta política con animales. Pero, ¿por qué?

Al parecer, todo se trata de un exceso de celo de la herramienta de protección de la intimidad de Google. Según un comunicado hecho público por la página web de la BBC, la compañía deja las labores de difuminación de cara en manos de un software automático que va detectando rostros y matrículas. En el caso de la vaca, el programa confundió su cara con la de un humano y la trató de la misma forma: pixelándola.

Según la política de privacidad de Google, la tecnología está diseñada para emborronar todas las caras identificables y también las matrículas de los vehículos que han sido fotografiados por los famosos coches con múltiples cámaras de Google Maps. Una vez que la compañía retoca un rostro, este retoque es para siempre y de ninguna manera se puede volver a obtener la imagen original.

En 2014, Google tuvo que compensar económicamente a una mujer canadiense a la que pixeló el rostro pero a la que no ocultó su escote, y que se hizo famosa en Internet por ello. La cifra que tuvo que desembolsar la compañía rondó los 2.000 euros, muy lejos de los 40.000 que pidió la protagonista de la imagen. Según revela Slate, desde entonces la compañía ha extremado el celo para que no se repitan estas situaciones, y prefieren pasarse de censores a dejar escapar algo que pueda ser susceptible de llevar a juicio por un problema de privacidad. Aunque sea el rostro de una vaca pastando.

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