24 de septiembre de 2016 12:23 PM
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Bayer-Monsanto: la mayor operación de la historia, bajo la lupa de los productores

Los agricultores argentinos creen que se podrá mejorar la oferta de tecnologías y adaptarlas a adversidades locales, pero temen por la reducción de competidores

Hay tres cosas que los productores tienen claro tras la compra de Monsanto por parte de la alemana Bayer a la hora de trasladar su impacto a la realidad local. Quieren que no se afecte la competencia en el mercado de insumos, que continúe la diversidad de productos y tecnologías y que cambie la postura que ha tenido la compañía estadounidense en la disputa por las regalías. En ese combo anotan, además, un poroto a la imagen pública: esperan que mejore la consideración que ha tenido Monsanto ante la sociedad, donde las buenas tecnologías no han recibido justamente una valoración positiva.

Si bien recién a fines de 2017 la firma norteamericana ya estaría, en los hechos, manejada completamente por el management de Bayer, los productores argentinos van anticipando las consecuencias que, a su entender, tiene esta megaoperación por US$ 66.000 millones. Megaoperación que se suma a la fusión de iguales entre Dow y Dupont y a la adquisición de Syngenta por la china ChemChina. Una nueva reconfiguración del mapa global de agroquímicos que dará lugar a tres empresas que manejarán el 63% del mercado de agroquímicos.

Entre las conjeturas y las inquietudes, muchos, no obstante, descuentan que se potenciará la inversión en investigación y desarrollo. Sumadas las inversiones de ambas empresas, Bayer calculó recientemente que se volcarán a ese fin más de 2500 millones de euros por año. En la Argentina, dos sojas que se vienen, la resistente a Dicamba (Xtend, de Monsanto) y a glufosinato de amonio (con tecnología Bayer) quedarán bajo el control de la compañía alemana.

“Se ve con preocupación que un mercado ya de por sí concentrado se sigue concentrando cada vez más”, expresó Pablo Ginestet, productor. Lo que aguarda, dice, es una mejor imagen en el país con la historia reciente de Monsanto en temas centrales como semillas.

“Es esperable que la actitud de Bayer sea de lograr consensos, más amigable y no de imponer las cosas a la fuerza como ha sido la actitud de Monsanto”, opinó Ginestet.

Alberto Marchionni, productor, también se detiene en el capítulo de “la concentración” que habrá en el mercado. Pero en ese contexto ve, igual, cuestiones a destacar. “Bayer tiene la posibilidad de mejorar el manejo de los eventos biotecnológicos”, proyectó.

Concentración y, también, competencia. ¿La compra de Monsanto y la reconfiguración del mercado permitirán mantener la competencia? Para Santiago del Solar, esto último es clave.

“Sin lugar a dudas, los productores necesitamos variedad de oferta de semillas y agroquímicos, para lo cual es importante que haya competencia. De esta manera, lograr variedad a la hora de elegir alternativas. Eso es importante, que se mantenga la competencia en el mercado”, expresó.

Del Solar observa, como otros productores, que la adquisición que hizo Bayer puede ser una estrategia que busca complementariedad y volumen para trabajar en un mercado que requiere cada vez más investigación y desarrollo. Además, sería una estrategia que va en línea con regulaciones cada vez más exigentes para la aprobación de eventos biotecnológicos y nuevas moléculas de agroquímicos.

Juan Pablo Ioele, asesor, no se imagina un beneficio directo para el productor argentino por este movimiento de piezas. Afirma que, tal vez, Bayer pueda “lavar” la imagen de productos y tecnologías que se discuten en la sociedad. Y se detiene en el capítulo de la competencia. “Siempre que se pierde un actor en determinados insumos, se pierde competencia, generando un mercado de menos marcas que cada vez ocupan un mayor número de cadenas de productos”, dijo.

Marcos Rodrigué no ve puntos negativos en el avance de Bayer. Al contrario, cree que la empresa, a la que juzga seria, va a poder ofrecer más tecnología. De hecho, considera que las sojas que comenzó a vender en el país están “al mismo nivel que otros semilleros”.

“Bayer es una empresa internacional que escucha y propone reglas de juego comerciales adaptadas al país, acompañando al productor. En cambio, una multinacional impone reglas de juego comerciales, condicionando así la afinidad entre el proveedor y el cliente”, opinó.

César Belloso no se imagina mayores cambios para los productores hasta que se termine de concretar la operación, algo que será recién a fines de 2017 o principios de 2018. Visualiza que la compañía alemana apunta a una complementariedad al adquirir una firma biotecnológica como Monsanto y, entre otras cosas, se pregunta: “¿Cómo va a manejar Bayer la imagen de Monsanto”?

Otros productores destacan que detrás de la transacción hay una respuesta de la industria para adaptarse a las nuevas adversidades, como las diversas resistencias y la forma de afrontarlas. En esa línea se inscribe el asesor Carlos Grosso.

“No veo que estas fusiones generen consecuencias relevantes en el productor. Sí las veo como parte del nuevo orden organizacional que exige el actual contexto productivo, de alta tasa de aparición de nuevas adversidades y resistencias y baja tasa de aparición de nuevas moléculas o eventos de alto impacto. Las compañías se están adaptando a esta nueva realidad, que exige diversidad y generación de conocimiento local. Es el desafío de las compañías globales y la gran oportunidad para los generadores de conocimiento local”, concluyó.

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