24 de septiembre de 2016 12:29 PM
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El maíz tardío, una garantía de estabilidad de rinde, pide pista para crecer

Representa el 60% de la superficie de maíz y desplaza la siembra temprana; Dow organizó una jornada sobre el cultivo

En la campaña pasada, el maíz tardío dejó de ser un partenaire del sembrado en fechas tempranas. Al punto que Dow AgroSciences Argentina observó que había llegado el momento de organizarle el primer Congreso de la mano de reconocidos especialistas que brindaron información y conclusiones sobre el comportamiento del cultivo en distintas regiones del país. Ricardo Palmieri, Gerente General de Semillas de Dow AgroSciences, le puso números al crecimiento. “En el 2015 el maíz tardío llegó a ocupar el 60% de superficie sembrada en el país”, afirmó.

Este crecimiento en la superficie se entiende porque hay muchas regiones y ambientes en que si bien las siembras tempranas presentan un mayor potencial de rendimiento, también tienen una menor estabilidad que los maíces tardíos. “La mayor probabilidad de los cultivos tempranos de estar expuestos a la ocurrencia de un estrés hídrico en floración debido a la frecuente mayor demanda atmosférica de diciembre y enero, alta radiación y temperatura, determina que sus rendimientos sean más variables. Tienen techos de rendimiento mayores pero también pisos inferiores que en cultivos tardíos”, concluyó Emilio Satorre, docente de la cátedra de Cerealicultura de Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (Fauba).

El calentamiento global también juega su partido en el destino del cultivo. Según Claudia Vega, de la cátedra de Ecofisiología de Cultivos de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), los aumentos de temperatura o bajas precipitaciones llevaron a los productores a atrasar las siembras para esquivar los meses más calurosos en la floración del cultivo, que es el período crítico en la definición del rinde. “Es esperable que los estrés se incrementen y resulta posible, cada vez más, este tipo de escape en el tiempo”, pronosticó la especialista.

 

E. Satorre
E. Satorre. Foto: LA NACION / Dow

 

A su vez Jorge Mercau, del INTA San Luis, agregó que “la siembra tardía es una estrategia eficaz para evitar el daño por sequía y aumenta la productividad del agua”.

A esto hay que agregar que la altura de la napa de la agua en los suelos fue reconocida por los especialistas como un jugador clave en el manejo del maíz.

Durante las presentaciones que plantearon los fundamentos fisiológicos y de manejo del maíz tardío quedó en claro que si bien hay bastante información recopilada todavía es mucho lo que se desconoce en cuanto al potencial que ofrece el cultivo y el manejo correspondiente. “Por su comportamiento, habría que tomar al maíz tardío como otro cultivo, distinto al maíz temprano”, resumió Gustavo Maddonni, de la Cátedra de Cerealicultura de la Fauba. Esto significa volver a ajustar fechas de siembra, elección de híbridos, densidad y dosis de fertilización de los maíces tardíos.

Es que en la práctica, los maíces tardíos juegan con un hándicap en contra, ya que generalmente se les otorga los ambientes o lotes con menor potencial de rinde, tal como apuntó Satorre.

 

 

La vuelta al maíz

Al Congreso de Maíz Tardío asistieron más de 1000 productores y técnicos, prueba de la necesidad que existe de contar con mayor información y conocimiento y por otro lado del entusiasmo que volvió a provocar el cultivo del maíz. Gustavo Martini de Aacrea brindó un relevamiento de los grupos CREA donde se concluye que el maíz es el mejor antecesor para el cultivo de soja. En lotes con alto potencial, se midieron hasta 1000 kilos más por hectárea en cultivos de soja que tenían como antecesor al maíz. “Esto se debe a la mejora de las propiedades físicas y químicas del suelo por un mayor aporte de carbono y mejor balance de nutrientes. Además, la incorporación de maíz mejora sensiblemente el control de malezas”, afirmó Martini.

En cuanto a los mejores cultivos antecesores para el maíz, Fernando Salvagiotti del INTA Oliveros, brindó ensayos en los que la vicia y la arveja fueron las mejores opciones ya que ambas leguminosas aportaron grandes cantidades de nitrógeno. De todas formas aclaró que “la dinámica del nitrógeno varía de acuerdo al año, por lo cual, el análisis de suelos es fundamental para poder cuantificar nitrógeno a aplicar”, sintetizó.

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