1 de octubre de 2016 22:31 PM
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Agregar valor, el desafío para frutas y verduras

Santa Fe fue sede del 39º Congreso Argentino de Horticultura, que tuvo como eje la búsqueda de fórmulas para potenciar el negocio. La especialización y la competitividad también se plantearon como metas

La ciudad de Santa Fe fue sede esta semana del 39º Congreso Argentino de Horticultura, evento que sólo se había realizado en la capital provincial una vez, hace 27 años. En esta oportunidad, la Asociación Argentina de Horticultura (ASAHO), entidad que todos los años organiza el encuentro en el que se exponen los últimos adelantos del sector, propuso como eje la “Valorización para nuevas oportunidades”.

El evento constó de 3 jornadas de disertaciones a cargo de especialistas en horticultura, fruticultura, aromáticas y medicinales, que se repartieron entre el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral y la Facultad de Ingeniería Química, para culminar con tres giras por las zonas productoras de Coronda, donde se observaron planteos frutilleros, la Costa y el cultivo y procesamiento de zanahoria, y por el cinturón verde santafesino y el mercado de productores y abastecedores.

Durante el acto de apertura, el lunes 26 de septiembre, Juan Carlos Favaro, presidente del congreso, productor y docente universitario, remarcó la importancia económica y social del sector, que emplea a 3 millones de personas en el país. Especialmente “en muchas regiones extrapampeanas”. También explicó la razón del lema: las industrias procesadoras de cultivos intensivos están radicadas en el Oeste argentino, mientras en el Este la producción tiene como único destino el consumo en fresco. “Es un gran déficit el agregado de valor”, afirmó. Y tras remarcar la oportunidad de intercambio de experiencias que implicó el congreso, señaló otro de los desafíos de estas producciones: las zonas periurbanas. “Existe un conflicto permanente: los habitantes urbanos ven un peligro y los productores se sienten amenazados por la urbanización; debemos pensar soluciones”, reflexionó.

Junto a Favaro participaron de la ceremonia de inauguración el Decano de la Facultad de Ciencias Agrarias, Norberto Gariglio, la presidente de ASAHO Miren Edurne Ayastuy y el Secretario de Agricultura Familiar de la Nación, Oscar Alloatti, quien destacó la importancia del sector. “Son muchos millones de argentinos que viven de esto y trabajando para el que va consumir algo en su casa”, remarcó el funcionario, y destacó especialmente la capacidad de dinamizar la economía y generar arraigo en las comunidades del interior. “Eso -destacó- es soberanía territorial de población”.

A su turno, Gariglio destacó la gran importancia de los cultivos en cuanto al PBI, aunque ocupen una superficie muy pequeña. Y puso como ejemplo la frutilla de Coronda, que “se produce sobre unas 400 hectáreas, que serían unos pocos lotes de soja; y sin embargo genera un valor regional y un empleo muy importantes”. Además indicó que “la gente no toma dimensión de lo que generan los cultivos intensivos en superficies relativamente pequeñas”.

Especializarse para sobrevivir

Entre los asistentes, Cosme Argerich, coordinador de cadenas hortícolas del INTA, integrante del INTA La Consulta (Mendoza) hizo un análisis del momento que vive el sector para Campolitoral y advirtió: “vemos que el negocio hortícola exige una gran especialización; ya no se puede improvisar más, porque los costos superan a la facturación”. Para el funcionario, “hay que ser especialista en cada una de las cadenas”.

En cuanto al agregado de valor, eje del Congreso, comentó que desde la entidad notan “una pérdida de competitividad para la exportación, con costos muy importantes en mano de obra, combustible y envases”. De ahí que propusiera “aumentar la facturación por unidad de superficie para que la horticultura pueda ser negocio”. Para logra este objetivo, dijo que la adopción de tecnología es fundamental, especialmente en mecanización, packing y conservación. Incluso sugirió “no tanto hablar de rendimientos por hectárea, sino de productos envasados por hectárea”. Para ello, consideró que el productor debe estar muy bien informado sobre los mercados. “El horticultor tiene que ser un empresario especializado”, reiteró, y agregó que sería importante que quienes lo consiguen luego lo vuelquen “en una organización regional, porque varios especializados son mucho más eficientes que uno aislado”.

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Autoridades. Juan Carlos Favaro, presidente del Congreso, junto al Decano de la Facultad de Ciencias Agrarias, Norberto Gariglio, el Secretario de Agricultura Familiar de la Nación, Oscar Alloatti, y la presidente de ASAHO Miren Edurne Ayastuy.

A la hora de establecer prioridades para darle competitividad al negocio, Argerich no dudó en señalar al transporte. “Encarece mucho, no somos eficientes y eso incide mucho. Para nosotros en Cuyo -explicó- llevar un container de tomate pelado entero envasado a Buenos Aires tiene un costo de u$s 1.700, mientras que desde ahí a Londres el flete es de u$s 600”. Según el técnico, esto no se va a solucionar de un día para el otro, pero “tenemos que ir con un proyecto a mediano plazo para que los productores alejados de los puertos puedan vender al exterior”. Y reflexionó: “el mundo necesita alimentos; si todo el planeta consumiera hortalizas al nivel de Europa no alcanzaría la superficie agrícola mundial”.

Por su parte, Daniel Kirschbaum, coordinador del Proyecto Hortalizas Frescas (frutilla, lechuga, tomate para mercado y pimiento) del INTA, brindó una conferencia sobre la situación mundial y nacional de la frutilla en la que dio una buena noticia: la exportación comienza a recuperarse. Sin embargo, los costos de producción local aún la mantienen fuera de competencia.

El especialista de INTA Famaillá, Tucumán, relató que se exportaron “grandes cantidades hace siete u ocho años y luego por una cuestión cambiaria y de costos de producción se dejó de exportar; pero la fruta congelada argentina es de muy buena calidad y tiene buenos precios en el mercado internacional”. En su exposición mostró cómo las ventas cayeron de unas 13.000 toneladas en 2012 a sólo 97 el año pasado, mientras en el transcurso de 2016 ya se embarcaron 127 toneladas. “Esto se está reactivando un poco y creemos que en los próximos tres o cuatro años vamos a recuperar el ritmo de exportación que teníamos”, anticipó.

Sin embargo la competitividad sigue siendo un problema. Hasta ahora la reactivación se dio por la buena calidad que caracteriza a la fruta nacional. Pero aclaró: “en estos momento no es competitiva, porque tenemos un costo muy alto, del doble de los países vecinos, y hasta que esta situación no se equilibre un poco no vamos a ser competitivos”.

Sacarle el jugo

El gobierno nacional dispuso la creación de una Secretaría de Agregado de Valor, que conduce Néstor Roulet, y desde el área de Alloatti también hacen su aporte. “Nosotros lo que hacemos es brindar información de dónde se necesita agregar valor y la puesta en práctica se hace desde varios lugares, incluido el Ministerio de la Producción que también trabaja fuerte en esto”, indicó el Secretario de Agricultura Familiar.

En la zona del Litoral puso como ejemplo al citrus. “Agregar valor a veces es tan necesario como para subsistir con una producción”, dijo, y explicó el caso del HLB (Huanglongbing, enfermedad que amenaza la producción), que impide transportar la fruta por riesgo de propagación pero sí el jugo. “Se acaba de inaugurar en Villa del Rosario una juguera; y se trabaja por ese lado”, indicó. También hay otras en Misiones y Corrientes, que se conformaron como cooperativas “y empiezan a tener de clientes a las grandes empresas de gaseosas, que están pasando de las carbonatadas a las no gasificadas y empiezan a usar cada vez más frutas para eso”.

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Idea. Postales como esta, en la que grandes cantidades de descarte se aprovechan únicamente como alimento del ganado, impulsaron a la doctora en química Nora Aimaretti a “inventar” el etanol de zanahoria.

El programa del Congreso tuvo varias ponencias sobre agregado de valor a la frutihorticultura. Uno de los casos más destacados lo expuso la santafesina Nora Aimaretti, bioquímica, biotecnóloga y doctora en ciencias químicas, quien se desempeña actualmente en el INTA. Bajo el título “Oportunidades de agregado de valor a los descartes comerciales de zanahoria” expuso su investigación para aprovechar los descartes de la hortaliza en Santa Rosa de Calchines. En la zona se cultivan unas 1.200 hectáreas a razón de 80 toneladas de rendimiento, pero con un altísimo nivel de descartes, que puede variar entre 5 y 40%, equivalente a un rango de 20 a 200 toneladas diarias. “Me despertó interés ver las pilas de zanahoria a la vera de la ruta para alimento del ganado y pensé que si todas las industrias buscan aprovechar sus desechos tendría que haber alguna manera de aprovechar eso”, recordó.

La materia era totalmente nueva y no existía bibliografía al respecto, por lo que Aimaretti tuvo que hacer todo desde cero. Así testeó diversas alternativas, que incluyeron la posibilidad de fabricar cerveza, vinagre o salsa de zanahoria. Pero la mejor opción fue fabricar etanol a base de fermentación. “Al utilizarse un desecho, se trata de un biocombustible de 2º generación; además, con una demanda creciente por el uso que se le da para el corte con los combustibles fósiles”, explicó.

Concluido el trabajo, hoy se puede contar con los descartes de zanahoria para este fin. “Mediante un proceso óptimo, se consiguen 53 litros de etanol por tonelada, que es menos de los que producen la remolacha o el maíz, sin embargo con los elevados rindes del cultivo se pueden obtener 4.000 litros por hectárea”, indicó. A su vez, los subropductos del proceso se reutilizan como alimento y bebida de animales, así como de agua para riego de los cultivos.

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Despegando. Daniel Kirschbaum, coordinador del Proyecto Hortalizas Frescas, reveló que se recupera la exportación de frutillas, pero advirtió que aún no son competitivas contra costos de producción menores en el países vecinos.

Cerca de las ciudades

Acerca de la producción en zona periurbana, una de las preocupaciones manifestadas al comienzo del Congreso, Alloatti indicó que “es un trabajo permanente y constante de mutuo conocimiento y convencimiento”.

El funcionario relató que unos días antes había estado en la comuna de Monte Vera, una de las localidades del cinturón verde que rodea a la capital provincial. “Hay que lograr la coexistencia de la urbanización con la producción”, reflexionó. Y para que eso sea posible -agregó- “lo que define todo es la política: que determine qué se urbaniza y qué se destina a la producción”. En los casos, de los tantos, en los que el uso de químicos en cercanías genera temor “habrá que hacer los pequeños cordones de defensa con algún pasto abajo, que ninguno de ellos recibe tratamiento fitosanitario”.

Citó, al respecto, el caso de la EFA (Escuela de la Familia Agrícolas) de Colonia Alpina, Santiago del Estero, donde lo hicieron con alfalfa y algarrobo. “Lo que hacen allí es sacar el pasto, cortándolo y enrollándolo para vender en otro lado; es un cordón de 200 metros que pone fuera de riesgo las fumigaciones”. Y remarcó que eventos como el Congreso de ASAHO son muy importantes para intercambiar ideas que aporten soluciones como esta. Sin embargo aclaró: “lleva tiempo, y los tiempos políticos son más rápidos y cuando vienen las elecciones tenemos que dar una respuesta; pero es lo que hay que hacer si queremos planificar”.

Por otra parte, el funcionario destacó la necesaria organización de los productores “para tener peso, tener fuerza, porque si no es muy difícil: quién los va a escuchar cuando van de a uno”.

Agrónomos se necesitan

El Decano de la Facultad de Agronomía de la UNL, Norberto Gariglio, mencionó que los ingenieros son muy necesarios en la frutihorticultura, aunque la realidad es distinta. “En la zona, por la escala y el momento que se está pasando, los productores no pueden acceder a un asesoramiento especializado, como sí las actividades tradicionales que tienen otro nivel de negocios”, explicó. Sin embargo, consideró que el papel del agrónomo debiera ser mucho más importante que en los extensivos, “porque influyen muchos más factores, además de los rendimientos, como la calidad que es la que determina el negocio, el momento de cosecha… tiene muchísimas más variables para manejar y el rol debiera ser mucho más activo que en los extensivos”.

En la facultad, agregó, hay diversas líneas de trabajo: lo más tradicional es el área de horticultura; desde los 90 se incorporaron los frutales y más tarde en floricultura. “Hoy estamos cubriendo todo el espectro de los cultivos intensivos”, aseguró. En el campo experimental de cultivos intensivos de la FCA -sostuvo- hay más de una docena de alternativas “que pueden hacerse en la región (durazno, níspero, frambuesa, zarzamora, higos) y producir fruta todo el año”.

Tomates y competencia

Cosme Argerich, coordinador de cadenas hortícolas del INTA y especialista en cultivo de tomate para industria indicó que hay alarma en el sector por productos terminados traídos desde el exterior. “Debemos ser cuidadosos. Necesitamos una ayuda gradual y transitoria, no definitiva, del Estado. El paso de una economía cerrada a otra totalmente abierta debe hacerse con gradualismo, porque si no se produce un desorden si los mayoristas importan y generan un sobrestock desordenado”, advirtió.

Si esto ocurre, indicó que “las verdaderas industrias podrían desalentar la producción y se perderían muchos puestos de trabajo”. Sin embargo aclaró: “tenemos que ser eficientes, porque estamos en un mundo globalizado en el que es sano competir”. El sector de tomate para industria, explicó, es deficitario, ya que produce 500.000 toneladas anuales, pero el consumo interno es de 620/640.000 toneladas

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