4 de octubre de 2016 01:42 AM
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Para las empresas del agro, hoy el vaso está medio lleno

Es habitual diferenciar a un optimista de un pesimista en función de la mirada que cada uno tiene sobre el vaso a medio llenar. Es también común decir, y la Argentina ha dado numerosas muestras de ello, que un pesimista es un optimista bien informado. Teniendo en cuenta que una gran parte de las decisiones […]

Es habitual diferenciar a un optimista de un pesimista en función de la mirada que cada uno tiene sobre el vaso a medio llenar. Es también común decir, y la Argentina ha dado numerosas muestras de ello, que un pesimista es un optimista bien informado. Teniendo en cuenta que una gran parte de las decisiones de inversión se toman no sólo con la cabeza y el Excel sino también con el estómago y la intuición, nos parece relevante intercambiar sobre la mirada del agro en esta coyuntura.

Nuestra mirada global para las empresas del agro hoy es que el vaso está medio lleno.

Ha habido numerosas señales positivas. La quita o disminución de retenciones en los productos agropecuarios, la eliminación de los ROE’s, la mejora en el tipo de cambio, la Ley de Semillas, el subsidio a los tamberos, la Ley de Pymes, la Ley del Emprendedor, acciones que apuntan a la mejora del status sanitario del país y el desarrollo de bioenergías, son algunas de las medidas implementadas. A esto se suma un mensaje de independencia de los tres poderes del Estado que genera la percepción de una baja posibilidad de que un funcionario vaya a tomar medidas de manera arbitraria que afecten a miles de productores sin aviso previo, tal como ocurría hasta hace poco.

La parte del vaso medio vacío nos indica que falta mucho por hacer. Se mantiene una alta presión fiscal. Hay economías regionales o determinadas actividades productivas que no son aún rentables o están al límite. Existen excesos o distorsiones en algunas cadenas comerciales. Las tasas de los créditos en pesos aún siguen altas. Hay sobrecostos asociados a la logística, rutas y caminos en mal estado, acceso a algunos puertos con trabas, un ferrocarril que no tiene aún un peso importante en el transporte sumado a altos costos de flete por camión, con un combustible que se paga más caro que en el mercado internacional. Falta seguir bajando retenciones a la soja. Y la lista podría seguir.

Puertas adentro del sector, muchas veces se observa que la acción y la visión de los empresarios agropecuarios y algunas de las agrupaciones que los nuclean, son sólo con la foto actual de su problemática, sin considerar el peso de la coyuntura internacional de precios y producciones. Como si faltara una mirada integral del pasado transitado y del futuro por transitar. A veces existe la sensación de que nos agrada el mercado cuando el negocio es rentable, reclamando la intervención del estado cuando no lo es. En este punto es clave diferenciar a aquellas regiones o producciones que son afectadas por factores climáticos extremos o condiciones de mercado excepcionales, en las que el rol del Estado es necesario para minimizar los daños sociales, reconstruir infraestructura y minimizar la desaparición de empresas en esas crisis.

A mediano plazo la competitividad interna, propia de las empresas, es un punto sobre el que debemos seguir trabajando. Definir objetivos claros. Estar dispuestos a innovar. Potenciar los ambientes y la aplicación de tecnología. Balancear las actividades. Invertir previa evaluación de proyectos. Desarrollar los talentos de las personas y mejorar su calidad de vida. Generar liderazgos internos. Tener profesionalismo en la gestión. Buscar equilibrio entre familia y empresa. Todos estos son aspectos que dependen del empresario y que lo ayudarán a aprovechar mejor los escenarios positivos o a elevar los anticuerpos en escenarios en los que haya que tener una posición defensiva. Esa tarea es indelegable.

Los que decidan realizar negocios en la Argentina deben potenciar sus fortalezas y trabajar sus debilidades. El agro y sus cadenas de valor son y seguirán siendo claves para que podamos tener un mejor país.

La articulación de lo público con lo privado puede acelerar un proceso virtuoso. Sería bueno esta vez aprovecharlo y que no se nos vaya nuevamente el tren.

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