9 de abril de 2010 11:34 AM
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Porcinos: ¿Hay una cuestión de escala?

 La provisión de carne de cerdo como sustituta de la vacuna surge por primera vez en el país como una necesidad permanente.

Pero para encarar el futuro del sector es decisivo poner en claro si su desarrollo se dará siguiendo el modelo “industrial”, preconizado por las grandes empresas integradas, o según su alternativa, basada en la participación de una multitud de productores del campo, de pequeña y mediana escala, de muchos chacareros, y así potenciar y fortalecer a los genuinos hombres de campo y de sus comunidades rurales.

El planteo de la producción concentrada en pocas “factorías” implica un modelo de especialización como actividad exclusiva, de altísima inversión e intensificación, que se basa en una tecnología sofisticada de ultra-confinamiento que está siendo cuestionada en muchos aspectos.

Así, aunque es cierto que con estos modelos se han alcanzado notables avances en productividad, cada vez más el mundo científico los objetan dado los riesgos de polución de aguas, aire y suelo que engendran, la entrega de un producto de inferior calidad por el uso de materiales genéticos muy productivos pero con deficiente calidad intrínseca de la carne, por la administración masiva de antibióticos o por las duras condiciones de alojamiento impuestas a los cerdos, que son animales muy sensibles e inteligentes.

En los países con importante consumo de cerdos, esta forma de producir va declinando su imagen pública debido a la pérdida de las propiedades organolépticas de la carne, a la desconsideración de elementales principios de bienestar de los animales al ser confinados en extremo y por ende sometidos a un estrés permanente al impedir su normal comportamiento y por el adverso impacto social al restarle al campo una de sus tradicionales y genuinas actividades.

Por el contrario, existe otra vía de desarrollo, más racional, ajustada a los principios de la “sustentabilidad”, apoyada en una tecnología sustancialmente distinta, que no se circunscribe a maximizar la productividad, sino que enfatiza sobre otros aspectos como la calidad de carne, el respeto por el bienestar animal, el bajo uso de dos recursos estratégicos como la energía y el agua o la promoción del trabajo familiar y el fortalecimiento de la gente del ámbito rural.

Tales prácticas son adecuadas para criaderos de escala moderada, que requieren sólo modestas inversiones en instalaciones, con las que se respeten los principios del bienestar animal, donde no se usan drogas o antibióticos en las dietas que son elaboradas con los granos producidos en la propia chacra y reciclados dentro de ella en reemplazo de los fertilizantes químicos; con las que casi no se necesita de trabajo contratado, con las que entregan carnes de calidad dentro de un proceso productivo de calidad.

Y sin grandes mermas en productividad. Claro está que con estos planteos no es posible operar unidades de gran escala.

En efecto, la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Pergamino está abocada a la transferencia de la tecnología adecuada a estos objetivos, tal como se plantea mediante un aggiornado sistema de cría a campo, con equipos portátiles, móviles, donde las madres paren libres y pueden construir su nido expresando así su natural comportamiento, con los que la recría y el engorde se llevan a cabo en instalaciones con cama profunda apuntando a cubrir las demandas por calidad de producto y proceso de crianza que se prevén para el futuro, con inversiones sustancialmente inferiores y con índices productivos no muy distantes de los obtenidos con la “high tech”.

Dr Pedro Goenaga
Mejorador genético de cerdos – Inta Pergamino

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