28 de octubre de 2016 01:35 AM
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La reactivación pesquera genera más trabajo en el sector

EngrauCoop, es una de las cooperativas que siente los efectos positivos del mayor movimiento de la anchoa en la localidad

El sector industrial pesquero pareciera haberse reactivado en la ciudad. La llegada de una docena de lanchas amarillas por unos meses es un eslabón importante en la generación de mano de obra, no solo para la estiba y anexos de la materia prima, sino también para su procesado. El ejemplo es la cooperativa de trabajo EngrauCoop, en la cual hoy se trabaja exclusivamente con la anchoa, y el arribo de las lanchas les promete la continuidad laboral al menos por un tiempo.
“Es un incentivo importante que las lanchas puedan descargar acá”, manifiesta Analía Morino, actual coordinadora gerente de la planta, que supo estar 30 años ininterrumpidos abocada al procesamiento y envasado de anchoas. Desde su experiencia, sabe que los clientes priorizan la calidad; la pesca fresca, que llega a ellas directamente de la costa local, evita los traslados desde Mar del Plata, que hacen que la pesca llegue “maltratada, rota y cansada”, según la terminología que se aplica en el rubro. A la inversa, lo que proviene directamente de la localidad, es “fresco y sano”, por lo que la situación actual plantearía un paso muy positivo para el sector.

 

Trabajo autogestionado
“En agosto de 2011 nos quedamos solas”, sostiene Morino. Los dueños de Engraulis se fueron repentinamente, y los trabajadores con la incertidumbre de rever cómo mantener su fuente de ingresos.
Llegado el año 2012, los trabajadores de Engraucoop, enfrentaron el quiebre de Engraulis y a partir de ahí se organizaron como trabajadores autogestionados para conservar sus fuentes laborales. Atravesaron momentos muy difíciles, relatan que en un principio no sabían qué hacer, ya que habían estado toda una vida como empleados. Ahí, se contactaron con la Federación de Cooperativas y con su ayuda conformaron la propia. Comenzaron a realizar cursos e interiorizarse en cada una de las áreas de la empresa, ya que desde ese momento deberían enfrentar todo ellos mismos.
En ese año, recibieron un fondo de desempleo, que fue destinado a la cooperativa. Con ese dinero, compraron anchoas, frascos y aceite para producir y vender. Además arreglaron portones, soldaron y pintaron.

 

Producción propia
La Cooperativa, supo trabajar de manera independiente, realizando su propia producción para comercializar las anchoitas en conserva a nivel local en diferentes comercios de la zona. Todos clientes que salieron a buscar cuando recuperaron la planta. De todas maneras, al poco tiempo, los aumentos en los insumos hicieron que la comercialización independiente se les hiciera difícil.
Durante los cinco años que llevan como cooperativa, nunca contaron con un subsidio, lo que les dificultó poder salir adelante. De cualquier manera, nunca interrumpieron su producción, en mayor o menor escala, ya sea independientemente o para algún cliente. Los primeros dos años fueron los más duros, ya que subsistieron gracias a la venta casa por casa de empanadas y sorrentinos.
En este momento trabajan con empresas que les proveen la materia prima, y ellas aportan la mano de obra, ya que según sostienen, es la posibilidad de trabajo que tienen. Buscan ellas mismas sus clientes, o les llegan de boca en boca, piden un presupuesto por sus servicios y arreglan ellas mismas sus trabajos y las fechas de recepción y entrega de las anchoas procesadas.
Producen por día alrededor de 700 cajones de anchoas, lo que equivale a una lancha pesquera completa.

 

Cooperativa de mujeres
Casi la mayoría de las mujeres que forman parte de la Cooperativa Engraucoop, son vecinas del barrio, que ya pasaron anteriormente ahí. Son 155 en la planta procesadora, lugar donde se trabaja casi sin interrupción, aunque resulta notoria la sonrisa de las operarias, que acompañan con música sus jornadas, costumbre que mantienen desde que surgió la empresa, ya que el dueño consideraba que las mujeres con música trabajaban mejor.
La actividad que llevan adelante es totalmente artesanal, y la realizan con sus manos como herramienta. Son las encargadas del “descabezado” y clasificado de las anchoas frescas, que luego embarrilan con sal para esperar la maduración, proceso que dura de 30 a 50 días. Ya estacionadas, las anchoas son entregadas en los barriles, para luego ser comercializadas en conservas.
En este momento, la cooperativa se encuentra prestando servicios a un cliente que compra las anchoas y requiere de ellas la mano de obra para su limpiado, y recibe a cambio barriles con las anchoas ya elaboradas. Cada una de las operarias, cobra un sueldo de acuerdo a la cantidad de cajones que produzca, tarea que desarrollan de lunes a viernes de 7 a 15, con dos descansos diarios. Además, otras cooperativistas se quedan algunas horas más a cargo de la limpieza, y de terminar de embarrilar los canastos que quedaron descabezados.
Angela Martínez hace 15 años que trabaja en la planta. Sabe por su experiencia que los primeros años como cooperativa fueron muy arduos, ya que tuvo que subsistir cerca de tres años gracias a la ayuda de su familia, sin llevar dinero a su casa. Decidió seguir igual, apoyada en el sostén familiar que la acompañó. Hoy, desde un lugar de más comodidad, declara que se siente orgullosa por lo que están cosechando, y feliz de ver a tantas mujeres trabajando unidas, que pueden llevar un ingreso a su casa.

 

Prácticas de manufactura
Es importante en esta tarea, cumplir con normas de limpieza que dictamina Senasa: botas y ropa blanca, uñas sin pintar, cabello cubierto, sin aros, entre otros. Cada una de las operarias cuenta con un programa de buenas prácticas de manufactura, para cuidar la higiene de los alimentos que elaboran.
Sol Funes es la encargada de control de calidad y hace 18 años está en la planta. Comenzó siendo empleada, y ahora es una de las integrantes de la cooperativa. Manifiesta que vivieron épocas difíciles, en las que les costó mucho subsistir económicamente, y les requirió mucho conformarse como cooperativa, pero el paso de los años hizo que pudieran salir adelante, aprendiendo a valorar el trabajo y el sacrificio en común con sus compañeras.
En este momento, manifiesta Funes, están muy contentas con el resultado obtenido del esfuerzo, que además de réditos económicos, las hizo crecer como mujeres y aprender en el trato humano.
Nacieron de una empresa recuperada, que a la fuerza se conformó como cooperativa. Sostiene Funes que al estar acostumbradas a recibir un sueldo y tener un jefe, la idea de la autogestión fue difícil de incorporar en los primeros tiempos. De todas maneras, enfatiza que lo lograron, y que este es para ella el año en el que se encuentran mejor posicionadas en cuanto a la organización interna y al desarrollo de la producción.

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