1 de abril de 2010 13:33 PM
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Uruguay  –  Gente se busca

Son buenos tiempos para el campo, en presente y en futuro. Difícilmente se encuentre, en el pasado reciente, un escenario mejor. Hay preocupaciones, claro: el tiempo puede volver a cambiar, los costos suben (el dólar baja) y los mercados siempre pueden dar sorpresas. Pero todo esto es parte del juego y no sorprende ni acobarda a los cientos de productores que, hoy por hoy, están apuntando a mejorar su producción para aprovechar las oportunidades y crecer.

Sin embargo, hay un factor nuevo, removedor, difícil, que se ha vuelto común a todos los productores y jaquea la posibilidad de aumentar la producción: no hay gente. Desde el más tradicional de los ganaderos hasta el más innovador de los agricultores, el problema es el mismo: no se encuentra personal para trabajar y, si se encuentra, no tiene las aptitudes para un desempeño como el que se pretende, en una producción que se está modernizando. Más aún: a pesar del excelente escenario que tiene el campo, en presente y futuro, la gente se va. Cuesta retener a los buenos trabajadores y empleados, que optan por otros trabajos, fuera del sector o contratados por otras empresas. Cada situación es particular, pero el problema se ha generalizado y no es sencillo. Con este panorama, en El País Agropecuario decidimos encarar el asunto. Hablamos con técnicos y productores, expertos en recursos humanos y dirigentes gremiales, que nos dan su visión sobre los problemas y desafíos que enfrenta el trabajo en el campo. Es un tema delicado, en el que hoy confluyen al menos tres factores causales: por un lado, la mayor demanda de empleo por parte del sector rural, debido a su propio crecimiento. Una demanda que, además, exige nuevas capacidades porque son tiempos de nuevas tecnologías y se exige mayor productividad. Esta demanda coincide con la de otros sectores de la economía que se muestran dinámicos, caso de la construcción. En efecto, al agro ya le quedan pocos "trabajadores cautivos", paisanos que nacieron y crecieron en la tarea y se apegan a ella porque es parte de su vida y cultura. Hoy, cualquiera cambia el lazo por la cuchara y se va para la construcción, o acomoda pieza en la ciudad y se desempeña en los múltiples servicios urbanos, todos bajo techo. A su vez, la forma de producir está cambiando, llegan nuevas tecnologías que exigen nuevas capacidades, nuevas cualidades. Y personas que las tengan no abundan: los trabajadores del campo tienen conocimientos entre mínimos y suficientes, pero a la mayoría les resulta difícil lidiar con los desafíos que implica una ganadería más intensiva o una agricultura de alta productividad. De hecho, esto les pasa también a los propios productores. El aprendizaje es continuo y a la gente hay que formarla, lo cual es todo un desafío. Finalmente, hay un nuevo marco legal para el trabajo en el campo, con mayores exigencias en cuanto a las condiciones y que implica más beneficios para el trabajador. Las gremiales rurales han expresado sus reparos a algunos puntos de la nueva ley, en particular lo que refiere a los regímenes horarios. De todos modos, en los próximos meses se definirá el decreto reglamentario y el marco legal entrará en plena vigencia, lo que implica cambios relevantes para la relación productor-trabajador.

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